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La ratificación en Bruselas por parte del presidente Santos del convenio de  asociación de Colombia y sus Fuerzas Armadas a la OTAN constituye un acto que violenta la soberanía y las garantías de la autodeterminación del país.



La OTAN, tratado militar del Atlántico Norte es una organización militar cuyo comando ha estado dirigido por los Estados Unidos. De hecho se produce una subordinación de la defensa nacional a un pacto militar extranjero, de naturaleza agresiva y heredero de la vocación colonialista de los países altamente desarrollados de la esfera atlántica.

El convenio de asociación implica la utilización y dependencia de las fuerzas militares colombianas del comando Sur de Estados Unidos, que amplifica el despliegue ya existente de la Cuarta flota y vulnera los convenios latinoamericanos de UNASUR y la CELAC en relación a concebir a América Latina como un continente desnuclearizado  y libre de la intervención de pactos militares extracontinentales.

Desde este punto de vista la decisión del gobierno de Santos constituye un desafío provocador a América Latina puesto que ningún otro país del continente ha asumido esta actitud. Reproduce la vieja tendencia al aislamiento colombiano frente a los países hermanos del continente y su plegamiento a los proyectos militaristas de gran potencia que impulsa Estados Unidos. En el pasado el gobierno colombiano fue el único que respaldó la agresión de Inglaterra a la Argentina en el momento del conflicto de Malvinas  y recibió el calificativo de Caín de América. En las islas de Aruba y Curazao la OTAN mantiene dos bases militares y aéreas activas frente a las costas venezolanas, no lejos de la costa de la Guajira colombiana.

La consolidación de la paz en Colombia y su implementación exige claridad en cuanto al destino, futuro y doctrina de sus fuerzas militares nacionales. El Partido Comunista colombiano plantea la democratización de la doctrina militar de la defensa nacional. No sólo en su elaboración desde el punto de vista de los intereses nacionales sino también de la necesaria alianza pacífica con los países hermanos de América Latina. Las hipótesis de conflicto deben superar la tutela estadounidense que pretende confrontar a Colombia militarmente con Venezuela, Nicaragua y Cuba y la orientación por el Pentágono de las misiones y tareas de los soldados colombianos. La democratización de la doctrina militar y su enfoque a la defensa nacional exige romper con la lógica contrainsurgente y en particular con la doctrina del enemigo interno a combatir a través de la militarización extrema de la vida nacional.

El cese de la lucha armada, el mantenimiento de la vía del diálogo, el respeto a lo acordado sin alteraciones y la implementación plena por el Estado de los compromisos, son elementos de una política nacional de paz que debe amplificarse y llevarse a sus consecuencias últimas. Fundamentalmente implica cambios en la doctrina pero también en el tamaño y en el costo de unas fuerzas militares sobredimensionadas, cuyo destino no puede ser devenir en tropas mercenarias al servicio de potencias extranjeras.

El pacto de asociación con la OTAN ofende la dignidad nacional y la soberanía y constituye una afrenta para los soldados colombianos cuya misión debe ser la de defender la soberanía y las fronteras. El interés del país exige derogar esta medida y abrir un debate de altura con participación de todos los sectores sociales, políticos, académicos y culturales a quienes también compete aportar ideas y propuestas sobre un enfoque patriótico, moderno y democrático del papel de las fuerzas militares en la defensa y en el significado del monopolio del uso de la fuerza en un momento de post acuerdos y trasición.


Partido Comunista Colombiano
Jaime Caycedo Turriago
Secretario General

Bogotá, 1 de Junio de 2018