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Al cabo del primer año de gobierno queda claro que Duque desarrolla una agenda mezquinamente partidista, de “seguridad democrática”, en un momento político marcado por una transición hacia un proceso de paz que no comparte. La esencia de esa agenda consiste en:



- ralentizar y torpedear la implementación del acuerdo de paz, con todas sus consecuencias;
- reformar el sistema de justicia transicional, en concreto la propuesta de Uribe de una sala especial para militares;
- ofrecer medidas inocuas ante el creciente número de asesinatos de hombres y mujeres con liderazgo popular, defensores de la paz, reincorporados de Farc y activistas de la izquierda;
- mantener un lenguaje de odio y estigmatización y al mismo tiempo llamar al “pacto por Colombia” y a rodear al gobierno.
- sostener la postura por el derrocamiento del gobierno legítimo de Venezuela, la hostilidad frente a los gobiernos democráticos y el apoyo a la ultraderecha en el plano continental.

Política de clase en horizonte regresivo.

Frente a las protestas de masas universitaria e indígena, campesina y popular su táctica ha consistido en acuerdos que luego no cumple. La represión violenta a la Minga del suroccidente fue el revelador de las verdaderas intenciones del gobierno y de la clase terrateniente paramilitar que representa, con las comunidades que exigen la desmilitarización del Cauca, el respeto a sus territorios y el freno al exterminio de los guardias indígenas, las y los líderes populares. No hay que olvidar que, tras los violentos atropellos ordenados por Mindefensa Botero, Uribe expuso su teoría acerca de “masacres con sentido social”, recordando la perversa pedagogía del genocidio como instrumento de sometimiento social.

La política de clase del Consejo Gremial Nacional CGM, del Grupo Empresarial Antioqueño GEA, de Fedegan re-empoderada y de la SAC, es la línea de Duque. No obstante, incluso gremios como la Andi advierten el estancamiento del sector productivo rural e industrial y posiciones críticas hacia el Min Hacienda Carrasquilla. El desempleo se ha incrementado al 10.7 %, a pesar de los favores del Plan Nacional de desarrollo PND a las empresas, dizque para crear nuevos puestos. La ley de Financiamiento, en realidad otra reforma tributaria camuflada, deja un hueco de 8 billones en déficit fiscal, que el gobierno traduce en recorte social. Al mismo tiempo, se propone adquirir 16 cazas F16 y plataformas lanza cohetes al complejo militar-industrial yanqui, en apoyo de la inconstitucional hostilidad a Venezuela. El impacto cambiario de la guerra comercial y tecnológica de Trump contra China con un dólar alto, encarece las importaciones y desata la inflación contra los salarios. Están en auge los despidos y el enganche de migrantes sub asalariados que aumentan la pobreza y la desigualdad social.  Tal política de clase tiene entre sus apuestas la ley agraria que reforma la 160 de 1994 y sepulta el punto uno del Acuerdo de paz; y la reforma pensional, cuidadosamente postergada para después de las elecciones. Como distractor, Duque propone la cadena perpetua para “violadores de niños”.

Campaña electoral en medio del fuego.

No obstante, es claro que el eje principal de la política del gobierno es la nueva variante del exterminio hacia el campo popular y los ex combatientes, con base en el estímulo al paramilitarismo y el escandaloso retorno a los falsos positivos. Esta tiene que ser una campaña electoral con movilización social de masas para desenmascarar el aparato mega criminal en marcha y salvar las vidas de centenares de compañeras y compañeros del campo democrático víctimas de las amenazas, a punto de ser aniquilados.

Con los fracasos del primer año de gobierno, el desvelamiento de la corrupción y la crisis en los altos mandos de las fuerzas armadas, el creciente descontento popular y el desprestigio de los dirigentes del Centro Democrático y su máximo jefe, hoy sub judice, son imperativos el esfuerzo unitario, la campaña propagandística en las bases y el mensaje de esperanza en la perspectiva de 2022, para trabajar intensamente y hacer posible el fortalecimiento de las corrientes alternativas y su convergencia.

El reto de alcance estratégico que ha puesto en marcha el Partido Comunista es la política de Frente amplio y convergencias por la paz, que se traduce en la iniciativa de Colombia Humana-UP, como núcleo de acercamientos y de reagrupamientos programáticos más amplios. La realidad muestra que CH-UP están cumpliendo el propósito y que la convergencia, como tendencia aglutinante, ha logrado cubrir un amplio espectro de la izquierda, aunque se requiere ampliarla con sectores democráticos y defensores de la paz. En esta tarea se libra una lucha muy fuerte frente al sectarismo anticomunista y a diversas manifestaciones de oportunismo, arrogancia y vanguardismo.

¿Qué se juega en estas elecciones locales?

En este marco, la campaña política de gobernaciones, alcaldías, asambleas departamentales, concejos municipales y juntas administradoras locales es un escenario de medición de fuerzas del régimen. Así lo tiene previsto la ultraderecha gobernante.

No basta confluir. Convergencia implica voluntad y dirección hacia el logro de la paz, la democracia y la justicia social con base en objetivos de programa y de lucha por el poder, en este caso local y territorial. Hay pueblo con el cual movilizarnos por estos objetivos, sin embargo hace falta claridad y orientación política, iniciativa, capacidad de conexión y conducción. Esto exige tensionar el papel del factor organizado, no solo interno, también con aliados. No hay aliados a la carta ni absolutamente consecuentes. Nuestra metodología de discusión, debate, persuasión y ejecución con base en la iniciativa y el ejemplo, pueden ayudar. Hay más de 20.000 candidatas y candidatos, la mayor parte de los cuales no son comunistas, con quienes actuar y ayudar práctica y políticamente. Es un pequeño contingente democrático que, con mayor ayuda política, puede cumplir un papel decisivo en la coyuntura.

Unidad amplia y bloque popular alternativo.

La ultraderecha y su gobierno descargan todo el peso del macartismo en arrinconar y estigmatizar a la izquierda e impedir su reagrupamiento, para lo que utilizan todas las imágenes de su arsenal de mentiras, tergiversación y odio. Los medios, que son su instrumento, no dan tregua ni cesan sus ataques. El objetivo es el aislamiento político, la estigmatización como arma mediática, la reducción al ghetto que se complementa con la violencia. El campo de las convergencias que se ha conformado a partir de Colombia Humana – Unión Patriótica, con Progresistas, en algunas regiones con Farc, Mais, el Polo, sectores de Verde e incluso grupos tradicionales, no vinculados al paramilitarismo, confronta esta ofensiva, con distintos grados de agudeza. Esto no quiere decir que el oportunismo aún en corrientes que dicen defender el Acuerdo de paz, ha usado esta situación como instrumento de chantaje para excluir a la izquierda de los procesos de convergencia.

El PCC y la UP han reafirmado su respaldo a la vía de la solución política, del diálogo y de los compromisos como la que corresponde a la coyuntura política en un momento de transición y una situación política caracterizada por el choque ascendente entre las fuerzas alternativas y el régimen pro paramilitar y pro yanqui. El Frente amplio que proponemos coincide en conjunto con este enfoque que permite sumar fuerzas ante el enemigo principal. El anuncio de retorno a las armas y la marginación del Acuerdo de paz dificultan el reagrupamiento de fuerzas de apoyo y, lo que es más grave, favorece la contraofensiva del régimen, justo cuando han ganado espacio condiciones subjetivas que pueden manifestarse políticamente a través de la movilización pero principalmente a través del voto.

La intensidad del trabajo, el esfuerzo del partido, de la Juco, de las y los aliados dará el resultado medible de los avances en votos, nuevos radios de influencia y nuevos militantes para fortalecer a la Unión Patriótica y al Partido Comunista.

Hay una perspectiva de avance popular.

La lucha de clases adquiere la virtud de una gran batalla por la democracia. Ni la paz, ni las soluciones para la gente llegarán por si mismas, sin lucha. Pese a las apariencias mediáticas, el régimen uribista de impunidad y terror que se empeña en cerrar artificialmente el ciclo de la solución política no tiene el viento a su favor. Este es el momento de que la organización actúe, que los cuadros, mujeres y hombres, se ponga en actividad, cooperen y aporten al cumplimiento de las tareas. El trabajo educativo, pedagógico y de formación debe centrarse en la explicación, divulgación y agitación de las plataformas locales, en su conexión con la problemática general. Es un trabajo de que debe extenderse a los sectores independientes que acompañan a nuestros/as candidato/as como también con las/os aliados. Es el momento impulsar Escuelas de gobierno, de corta duración, que además de aportar a la formación política y administrativa sirvan de apoyo para la lucha contra el fraude.

El semanario VOZ espera cumplir un papel en la orientación del debate político de fondo. Se reciben propuestas de contenido y de difusión.

Hacemos un llamado especialmente a los Secretarios Políticos del PCC en todo el país a ponerse al frente del trabajo en la campaña. Proponemos reunirnos en Teleconferencia nacional, en día y hora que estaremos comunicando.

Comité Ejecutivo
Departamento Político Nacional PCC
Bogotá DC, 2 septiembre de 2019