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Comunicado Público Número 2
Célula “RQC” del PCC en la Universidad Distrital Francisco José De Caldas
Partido Comunista Colombiano - PCC



No fue necesario soliviantar al estudiantado de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas (UD) para que se pronunciara; no fue necesario que el movimiento estudiantil universitario convocara una gran asamblea universitaria para que la Facultad protestara, y tampoco fue necesario que se bloqueara la entrada a la Facultad para que los estudiantes –“todos a una”, como en Fuente Ovejuna- decidieran nuevamente levantar su dedo índice para gritar “Yo acuso” y para sacar –muy espontáneamente- toda su indignación y su capacidad para resistir al asco a la Carrera Séptima. Allí, se encontraron al ESMAD, que ocupó y bloqueó la Carrera 7ma de Bogotá desde las 10:05 a.m. hasta las 4:00 pm cuando decidió retirarse. ¿Quién bloqueó la Carrera 7ma de Bogotá desde las 10:05 a.m. hasta las 4:00 p.m.? Fue la policía, gritaron como en FuenteOvejuna, todos a una, los vecinos del sector, incluidos los estudiantes y algunos profesores de la Universidad Javeriana.

Mientras tanto en la Carrera Octava los más tímidos comentaban: “no pueden seguir gastándose nuestra plata en los prostíbulos de la ciudad. Esto comentaba, entre la congestión y las lágrimas producidas por las bombas de gas del ESMAD, a las 3:40 p.m. en la Carrera Octava con calle 40.

La corrupción indigna al estudiantado. Y su pacífica indignación no pudo ser tolerada por los policías del régimen, que la emprendió  a bombazos contra lo mejor de la juventud colombiana. ¿Quién ordenó evacuar la Facultad de Ingeniería de la UD a bombazos? Los estudiantes estaban dentro de la universidad protestando pacíficamente –como es su derecho-, no estaban bloqueando las calles, cantaban, reían inventaban arengas y escuchaban música. Y eso no justifica la agresión de la que fueran víctimas por parte del bestialismo policial. Esto nos recordó mucho los años en que la Plaza de Bolívar, la plaza del pueblo, era sempiternamente desalojada a bombazos todos los primeros de mayo…

El estudiantado de la UD debe recordar que el régimen capitalista es el régimen que históricamente, hasta hoy, más y mejor riqueza ha producido, tanta, como la cantidad de corrupción sobre la que se sostienen sus instituciones, la producción de riqueza dentro del sistema capitalista es directamente proporcional al ejercicio de la corrupción. No en vano Marx ha señalado que el capital ha nacido manchado de sangre, y por sangre debemos entender también la corrupción (toda forma de expropiación abusiva, legal e ilegal, violenta del patrimonio público y privado por parte de la clase políticamente dominante y sus secuaces) el hurto, el robo, la estafa, el cohecho,  la celebración indebida de contratos, la violencia y despojo sobre los pobres, la contratación venal, la adjudicación amañada de contratos, el uso del clientelismo para arrodillar al elector, la conversión de los proyectos de desarrollo en proyectos financieros (como la seguidilla de pus sanguinolenta que encontramos en los acuerdos de Odebrecht, como el desplome del puente de Chirajara y toda la trama pesada y maloliente con que la clase dominante ha venido trasladando del tesoro público a sus patrimonios individuales el producto del trabajo y de los impuestos de los colombianos).

Por ello luchar contra la corrupción es luchar contra el estado de cosas que la hace posible: es luchar contra el sistema capitalista que no puede fortalecerse y desarrollarse sin ella: la corrupción es el caldo esencial en que se cuecen las relaciones sociales del capitalismo dependiente. Lo que llamamos corrupción es el efecto necesario –también- de unas relaciones sociales que se sostienen sobre la venalidad, sobre el clientelismo, sobre la explotación del prójimo, y que tienen por objetivo no solamente perpetuar la dominación social del rico sobre el pobre –de la clase económicamente dominante sobre la clase políticamente dominada- sino además el de demostrar al pobre el espejismo -la más de la veces-, y la materialización –en muy pocas veces- del enriquecimiento rápido y fácil a costa de cualquier valor, de cualquier ley, de cualquier norma, de cualquier escrúpulo.

En este contexto debemos entender las execrables prácticas del señor Wilmer Muñoz en el IDEXUD –oscuro personaje, en muy mala hora devenido “profesor” y administrador- sobre cuyas culpas deberá caer todo el peso de la ley burguesa… Y esta no es la hora de escuchar exculpaciones en la academia, como tampoco es la hora de rasgarse las vestiduras ante los señalamientos y acusaciones que un personaje como ése –cliente de almacenes de marca de ropa íntima femenina y de prostíbulos- pueda hacer para enlodar a todos los que están a su lado y a los que en algún momento de su vida administrativa y licenciosa celebró y lisonjeó para mantenerse en un cargo que le permitía ejercer, como director corrupto obnubilado por el presupuesto de IDEXUD, el abuso de confianza y el pillaje sobre los recursos universitarios. Este es el momento de la claridad: esperamos hechos y sindicaciones precisas y con pruebas por parte de la Contraloría, de la Procuraduría y de la Fiscalía. Lo contrario es seguir enlodando la imagen pública de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas (UD).

¡Ojalá los órganos de control y de persecución del delito en Colombia no nos vuelvan a decepcionar!

Mientras tanto recordemos que en el Manifiesto Liminar de Córdoba, de hace un siglo, se propusieron dos conquistas universitarias clave: “La autonomía y el gobierno universitario. Mediante la primera se trataba de lograr la mayor independencia posible para el quehacer universitario, sacudiendo las trabas que le imponían su supeditación a la iglesia, al gobierno y a las clases dominantes de la sociedad. Mediante el segundo, se buscaba combatir el exclusivo control interno de la institución por una casta profesoral cerrada y retrógrada.” Si bien estos propósitos se han formalizado en la ley, e, inclusive, se han constitucionalizado, hasta hoy no ha sido posible blindar a la universidad -a la universidad pública- de la politiquería ni de la venalidad de las clases dirigentes, que ven en ella una fuente de negocios y la corrompen a través de sus fraudulentas prácticas de contratación mediante el uso de funcionarillos de poca monta como el señor Wilmer Muñoz.

Cuando los recursos de funcionamiento de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas (UD) comenzaron a depender de los recursos y aportes de financiación del Concejo de Bogotá, la UD pronto fue convertida en un botín político de los concejales que de una u otra manera participan en la asignación de presupuesto para la UD, y su incremento generalmente va condicionado al manejo de la nómina de empleados –seguramente Muñoz es un calanchín de algunos de ellos-, a la asignación de contratos venales, al intercambio de puestos y de dádivas –compra de lencería fina femenina en almacenes de alto turmequé, deslumbramiento con un Mercedes Benz, o diez o veinte OPS, nombramientos vitalicios de secretarios académicos y de funcionarios que se rotan los puestos claves de la administración universitaria.

Con la Ley 30 de 1992, que reglamentó la composición del Consejo Superior Universitario (CSU), se le dio un golpe de gracia a la autonomía universitaria y se cierra la puerta para democratizar la universidad, y aislarla de la politiquería, del clientelismo y de la corrupción. En cambio, la Ley 30 de 1992 entronizó nueve personas que componen el CSU que en la práctica o hacen del rector una marioneta o lo comprometen a tal punto que muchas veces la UD es una aparente unidad administrativa fraccionada en nueve partes: ¿quiénes son los miembros del CSU que han controlado IDEXUD en los últimos doce años?

La Ley 30 de 1992 es un modelo fracasado que fomenta la corrupción en la universidad pública, y es un modelo adorado no solo por los corruptos sino por los que han hecho de esta ley y de su reforma un fetiche: ¡ellos creen que la Ley 30 de 1992 sustituyó y reemplazó al artículo 69 de la Constitución Nacional! ¡Qué equivocados están!

Hoy demandamos una verdadera investigación en la UD, pero no como la planteo el desvergonzado y vergonzante funcionario Wilmer Muñoz: pareciera que la estrategia de defensa del ex Director de IDEXUD es lanzar una granada de jabón ante la opinión pública para lavar caras y limpiar capitales dentro de la UD, lanzando especies de todo orden contra la actual administración que el PCC no defiende a ultranza, pese a que respaldó de principio a fin la candidatura del profesor Ricardo García: esta administración tendrá que salirme al paso a los señalamientos. El PCC no debe nada al profesor Ricardo García, y el profesor Ricardo García siempre fue respaldado por el PCC, pese a las diferencias de talante e ideológicas y pese al hecho de que nunca nos quiso escuchar en torno a la reforma universitaria –problema central de la UD- y a la misma  conformación de los cuadros universitarios. Respetamos siempre su independencia política y su autonomía rectoral, pese a que nos distanciamos especialmente en el segundo aspecto.

Por último, el PCC exige a las organizaciones sindicales de la UD, a los estudiantes y a los egresados un pronunciamiento claro sobre los actuales hechos de corrupción en la UD y los convocamos a organizar un grupo de presión o especie de veeduría que nos garantice que la investigación emprendida por las autoridades competentes se patentice en sanciones de ley.

VIVA EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL UNIVERSITARIO
Partido Comunista Colombiano - PCC
Bogotá, septiembre 23 de 2019