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El repudiable asesinato de nuestro querido Bernardo Cuero, es la confirmación de lo que venimos señalando desde el campo popular Atlanticense hace varios años: En nuestro Departamento,  como en el resto del país, siguen actuando los grupos paramilitares,  con distintos nombres, pero con un fin que los hermana.



La acción violenta contra los líderes sociales en Colombia es sistemática,  no hay duda. El Estado mira para otro lado y no asume la urgente tarea de combatir y desmontar los grupos paramilitares, obstáculo fundamental para abrir la puerta a la democracia real, con garantías para el ejercicio de oposición, gran triunfo conseguido,  por demás, gracias a los Acuerdos de La Habana.

En el Atlántico y en especial,  en Barranquilla y su Área Metropolitana, el fenómeno de la violencia crece de manera preocupante. La Escuela del crimen, esbozada por Galeano, es la escena cotidiana de nuestros barrios populares. En ellos, grupos organizados,  bien pertrechados en armas y en número,  se disputan las rutas del narco y micro trafico y en la misma, envuelven a miles de jóvenes que, ante oportunidades escasas, abrazan la criminalidad como forma  de vida.

En nuestro Departamento,  operó durante varios años el Frente Jose Pablo Diaz de las AUC,  quienes sembraron miedo y violencia  durante varios lustros en muchos territorios del Atlántico. Los grupos delincuenciales emergentes han tendido a construir puentes comunicantes con ex integrantes de aquellas. Esto, es comidilla en nuestros barrios, un gran secreto a voces. Esta mixtura tiende a configurar grupos armados que orbitan entre el negocio del narcotráfico y la recuperación de una accion favorable a los intereses de los enemigos de la paz.

El de Bernardo Cuero, se suma al de 35 líderes sociales más, asesinados, precisamente en el año en el que se ha iniciado la implementación de los Acuerdos de La Habana. Los retos que se plantean en el horizonte se complejizan cada vez más. No sin razón,  nos recordaba con insistencia Bloch que cuando más se acerca la redención,  más se acrecienta el peligro.

Es preciso que el gobierno, le de celeridad a las reformas y decisiones necesarias, para hacer eficaces las garantías para el ejercicio de la defensa de los DDHH y de la oposición política. Darle paso a la apertura democrática,  también requiere, fundamentalmente,  de un pueblo organizado y movilizado entorno a la defensa e impulso del proceso de implementación. Que la historia no nos condene a tener que repetir escenas macabras como las sucedidas ayer en Malambo.

Barranquilla,  9 de Junio de 2017