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Una crisis alimentaria afecta a varios pescadores y sus familias por un episodio de muerte de peces, en la ciénaga de Sabanagrande, Atlántico, resultado de un deterioro ambiental acumulado durante los últimos quince años.



La ciénaga de Sabanagrande toma su nombre del importante municipio más próximo, en la franja oriental del departamento del Atlántico, tiene una extensión de 20 hectáreas y recibe agua del Magdalena por un brazo de un kilómetro, aproximadamente, cerca de la población de Manatí, otra comunidad de vocación pesquera.

En los últimos dos días salieron a flote centenares de peces descompuestos, ante el desconcierto de pescadores de Sabanagrande y de otros grupos de poblaciones cercanas, enfrentados a una crisis alimentaria para cientos de familias.

La ciénaga de Sabanagrande es parte de un complejo de humedales, de la importante pero descuidada vertiente occidental del río Magdalena en los últimos kilómetros de su recorrido hacia la desembocadura de Bocas de Ceniza, pasando por Barranquilla.

Los pescadores de Sabanagrande vienen denunciando que la ciénaga tiene más del 60% seco y en algunos sectores la profundidad no llega a 20 centímetros.

El rico humedal del que forma parte la ciénaga de Sabanagrande desapareció por "el niño" pero los pescadores dicen que todo ese desastre ecológico no puede atribuirse a ese fenómeno y denuncian que el caño que recibe agua del Magdalena tiene un impresionante taponamiento de basuras, con el agravante de corrientes de aguas residuales que le llegan sin control alguno.

Es claro que la ciénaga de Sabanagrande es parte del desastre ambiental de Colombia,  por la indiferencia con que el Estado maneja un aspecto fundamental para la subsistencia y la defensa de los recursos ambientales.

La autoridad ambiental más cercana a la crisis pesquera de Sabanagrande es la Corporación Autónoma Regional del Atlántico, que ordenó recoger peces muertos para determinar el origen de la reciente mortandad.