Bogotá
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El Foro de Participación Política, realizado los pasados 28, 29 y 30 de abril, sirvió para exponer las visiones de país en torno al segundo punto de la agenda para la terminación del conflicto que se discute en La Habana, entre la guerrilla de las FARC y el gobierno colombiano.



A esa cita VOZ y el Partido Comunista Colombiano (PCC) entregaron insumos de estudio sobre el acceso a los medios de comunicación, la democratización de los flujos de información y la inclusión de la voz de quienes nunca han tenido espacio en los medios de comunicación. Atrás deben quedar la imposición comercial de la cultura y la comunicación de mercado de concertarse un acuerdo de paz.

La propuesta de VOZ incluyó un diagnóstico de las comunicaciones y tres propuestas básicas para los medios en tiempos de paz: un canal de televisión al servicio de la producción de los movimientos sociales y populares tradicionalmente excluidos, una frecuencia radial nacional y otras de orden regional en frecuencia modulada para la asignación de segmentos comunicativos desde lo popular, enfocados a la pedagogía de la paz. Y por último, ampliar la cobertura de los medios de comunicación de corte alternativos impresos equiparándolos con el tiraje de los medios de mayor difusión en papel en Colombia.
Diagnóstico

“El nuevo escenario mundial de la tecnología al servicio de la comunicación rompe los clásicos esquemas de comunicación utilizados por la humanidad desde tiempo atrás. Propio de un mundo dialéctico, a partir de la década de los 90, el concepto de comunicación se trasformó aceleradamente y emprendió la conquista de las denominadas autopistas de la información por las grandes potencias mundiales en la idea de convertirlas en el canal de empoderamiento de cada una de sus economías.

En la segunda mitad del siglo pasado se dio el germen del desarrollo tecnológico de la información al servicio del ejercicio militar de la potencia hegemónica y luego esos conocimientos fueron trasladados al desarrollo de la comunicación en la llamada aldea global. Desde los informes de Global Society of Information (1994), de orientación ultraliberal, se manifestaba en su espíritu la necesidad de proyectar las telecomunicaciones, los medios y las tecnologías de la información al servicio de la producción y la acumulación. Esa perspectiva se fue abriendo paso para consolidar la comunicación de mercado.

Corporaciones mediáticas

En Washington, y bajo el mandato del presidente Bill Clinton, se dio a conocer la orientación preponderante que tomaría el rumbo de las comunicaciones en el mundo. En aquel entonces la tecnología de las comunicaciones se supeditó al naciente concepto de comercio electrónico. Clinton reiteraba que los gobiernos tienen que respetar la naturaleza original de este medio y aceptar la competencia global y las decisiones del consumidor que definían las reglas del juego del mercado digitalizado.

El crecimiento de las corporaciones mediáticas ligadas al crecimiento de capitales multinacionales y a su vez el decrecimiento de los sistemas de comunicación estatales fue la constante mundial e hizo que tres décadas después de la Global Society of Information, la comunicación y los medios pasaran a manos del mercado y las corporaciones.

Las políticas públicas de comunicación se han permeado del criterio mercantil. Estas ya no están al servicio del bien común, sus líneas de acción ya no generan canales de información o mecanismos eficientes para generar medios de comunicación que estén ajenos al dominio de la economía, no impulsan procesos de comunicación desde el punto de vista de los intereses nacionales. La realidad social es separada del discurso de valores y nación propuesto por la comunicación.
Medios y poder

La esfera nacional no es ajena a los cambios en los mecanismos de comunicación. Los grandes emporios mediáticos de masas son pieza fundamental en el engranaje del capital, que los pone al servicio de sus intereses y como consecuencia natural, siendo aparatos ideológicos del régimen político, aconductando el imaginario social en función de su opinión y orientaciones.

La privatización del sector estratégico de las comunicaciones significa una pérdida de control político, que en últimas es una manera de desempoderar la nación, conduciéndola a elaborar un imaginario sin raíces, desconociendo el discurso de nación que se construyó por generaciones e imponiendo prototipos de pensamiento y comportamiento inducidos por los medios de comunicación.

Sin duda que en la estrategia hegemónica del capital y su afán de convertir la comunicación en mercado, las culturas locales son la barrera de contención que están dispuestos a derribar con una táctica que hasta ahora ha sido efectiva: bombardear con masivos mensajes homogéneos y homogeneizadores sin distingo de territorialidad, es decir los mismos para el continente. La penetración en los mercados ha alcanzado niveles importantes tras utilizar todos los canales de mediación del mensaje que van desde los carteles y las viñetas hasta la más influyente que son los canales masivos y la utilización de estos en mensajes radiales o audiovisuales desde el punto de vista informativo.
Medios y periodistas para la paz

En el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, la paz pasó a ser el discurso desestabilizador de los intereses de la nación, los periodistas que no se rindieron al nebuloso panorama oficialista los tildaron de voceros del terrorismo y sufrieron una implacable persecución judicial. El lenguaje cambió, los medios de comunicación fueron voceros del más fervoroso militarismo al punto que se pensó, como nunca antes, que el fin del fin de las guerrillas llegaría pronto y que la guerra sin cuartel ofrecería en el futuro inmediato una contundente victoria.

Fue una guerra en que los periodistas resultaron víctimas de su propio medio pues se cerraron todas las posibilidades de cubrimiento de la misma en pleno ejercicio de su ética. Las fuentes válidas para dar reportes de guerra resultaron ser las militares con un cúmulo de noticias, muchas de ellas, preparadas desde los batallones.

Repensar el oficio es parte de un nuevo escenario de paz para el país. El periodismo debe estar al servicio de las causas de las gentes del común contando las realidades sociales y siendo capaces desde allí de transformarlas. Pero no es fácil transformarlas si revisamos los desalentadores datos de la manera como se informa el país.

La invisibilidad de los sectores socialmente excluidos es un ejercicio soterrado de negación en la democracia real. La esfera pública, como la denomina el investigador Hernán Rodríguez Uribe, es entendida como las múltiples maneras como los ciudadanos y movimientos sociales, la sociedad civil y otros sectores de la sociedad luchan por obtener el derecho a la palabra pública, hacerse oír y dejarse ver. La esfera pública debe democratizarse con la presencia del pensamiento que no ha tenido espacio en el sesgado campo de la comunicación.

Semanario Voz