Bogotá
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El complejo panorama político que tiene Colombia en la presente coyuntura, que se desarrolla entre: La gran posibilidad que brindan los acuerdos de paz de empujar desde la movilización popular las transformaciones políticas y sociales para crear ambientes favorables a la paz, y la absurda realidad violenta qué ha significado el incremento de asesinatos a luchadores por la paz, al tiempo que aumentan las atentados y amenazas, que hacen pensar que el genocidio contra el movimiento social no es cosa del pasado, mientras el gobierno reprime brutalmente cualquier protesta ciudadana y se hacen indiferente a la impunidad y la  creciente corrupción de la clase política.



De manera particular esta coyuntura recuerda a los militantes Comunistas, los dolorosos episodios del genocidio de la Unión Patriótica, que desde su fundación hace 30 años fue sometida a una práctica sistemática de exterminio y miedo. Hoy la incertidumbre se hace más compleja, porque se trata de un escenario político contradictorio y confuso. La posibilidad de terminación del conflicto armado con las insurgencias es un paso que se contrapone a una ultraderecha más fortalecida y agresiva, que se desenvuelve fácilmente en un país donde la impunida y la ausencia de memoria les favorece el desarrollo de un discurso anti comunista y guerrerista, al tiempo que el gobierno se muestra pusilánime e indiferente ante los pocos avances en el cumplimiento del acuerdo de paz con las FARC. En fin, una época histórica promisoria a tiempo que incierta.

En relación con el papel que debe jugar el partido comunista colombiano, la situación es menos compleja, pero en todo caso exige elevar el compromiso de lucha y la identidad para salir de la expectativa y pasar al cumplimiento de nuestras tareas. De un lado toda la expectativa que existe por la conformación del nuevo partido político de las FARC Y aunque poco se conoce el programa o estatutos, entre los comunistas colombianos hay inquietudes que no se pueden desconocer básicamente porque tenemos una historia común y un proyecto revolucionario pendiente de concretarse, y de otro lado la tremenda dispersión de la izquierdas colombiana que no deja de causar malestar y confusión en muchos sectores que simpatizan con la izquierda y la revolución.

No obstante esta situación hay una cosa clara, el partido de las FARC y el Partido Comunista Colombiano somos dos proyectos organizativos similares, pero en todo caso dos proyectos a los que nos corresponde ser capaces de establecer mecanismos de acuerdo y articulación política, para el impulso de la unidad de acción necesaria para afrontar el desafío de exigir al gobierno el cumplimiento de lo acordado, derrotar la amenaza  guerrerista de ultraderecha, continuar la batalla contra el modelo económico capitalista. Estas tareas podrán ser efectivas si las desarrollamos unitariamente. Se requiere juntarnos para ganar la conciencia de una ciudadanía apática, saturada del odio que transmiten los medios de comunicación día tras día, hora tras hora, “sembrando la cizaña” y desconfianza hasta en la propia paz. Nuestro reto es movilizar al pueblo colombiano en favor de las transformaciones que se requieren para el buen vivir.

 En el entretanto de la construcción de la unidad de acción PCC-FARC,  en el camino de la unidad orgánica, corresponde a los militantes el PCC, asumir de manera decidida las tareas acordadas en el 22 congreso del PCC: a) Defender los acuerdos de paz y exigir su adecuada y pronta implementación, b) Impulsar la lucha y la movilización contra el modelo capitalista y c) Fortalecer la identidad comunista para fortalecer orgánica, ideológica y políticamente el Partido Comunista, estas tareas exigen a cada militante comunista elevar al máximo el rigor revolucionario y desarrollar el compromiso militante con la lucha popular.

La incertidumbre del presente momento político debe superarse, para sacar el máximo partido político a esta coyuntura excepcional de la historia política del país, que tiene la posibilidad de construir una paz duradera y estable a partir del acuerdo final de paz y qué es como se ha dicho, un punto de partida para potenciar la lucha y la movilización política de múltiples sectores sociales y políticos, no sólo para exigir que se cumpla lo acordado con las insurgencias, sino y sobre todo, para construir una agenda de lucha que vaya más allá de lo acordado en la Habana,  e incorpore la agenda de diálogos del Ejército de Liberación Nacional y convierta en pliego de exigencias y movilización política, las innumerables problemáticas sociales económicas y políticas que tiene el pueblo colombiano y que necesitan hacer de la paz un tema de soluciones efectivas a sus problemas concretos y cotidianos.

El PCC tiene con cada uno de sus militantes entonces, muchos desafíos que exigen sacar todo el acumulado de lucha, no para vivir de glorias pasadas, sino para poner al servicio de la organización-concientización-

movilización y lucha, esa trayectoria y traducirla en la lucha popular, con los problemas que tiene la gente, por ello la consigna es: Trabajar con las comunidades, conocer sus problemáticas y contribuir a ligar estas, con la construcción de la paz, desde el impulso de la movilización Popular, consiente y planificada. Al partido comunista la asisten muchos méritos, entre otros, el de haber si un partido que en medio de la más cruda guerra genocida, siempre ha estado allí “frentiando el corte”, resistiendo el más feroz anticomunismo promovido por el estado y los medios masivos de comunicación, y aún, cierta indiferencia social.

El compromiso revolucionario implica hoy, hacer procesos comunitarios de lucha, y en lo posible sin ocultar el partido, ser constante en ese proceso de organización, educación, movilización, también constante en el compromiso militante de lucha contra las malas prácticas políticas, superando el sectarismo, el vanguardismo y enfrentando la corrupción y el burocratismo y la pasividad o falta de iniciativa política frente a los problemas de las comunidades.

Es deber de cada militante transmitir en su trabajo de masas, la significación y trascendencia de la lucha del Partido Comunista, siempre al lado del pueblo en la lucha por la revolución social y política en la construcción del socialismo.

En ese camino militantes comunistas y revolucionarios de otros proyectos como ahora el partido de FARC, tenemos que juntar esfuerzos de articulación, coordinación y unidad de acción, que deben estar regidos por el respeto que se debe los revolucionarios, sin descalificar al otro, sin arrogancia, o vanguardismos revolucionarios. En todo caso y como lo exige la dureza de este momento político, es la hora de luchar juntos como miembros de una gran familia, siendo conscientes que cada integrante está comprometido por diversas razones a fortalecer su propia dinámica organizativa, en el camino de fortalecer desde múltiples sectores sociales y territoriales la lucha para que, en un tiempo, ojalá no muy lejano, se pueda edificar un solo proyecto orgánico, político, ideológico de los revolucionarios colombianos.

Los militantes del partido comunista debemos trabajar decidida y francamente en ese propósito político.

Alfonso Castillo
Militante del PCC.
Email:  Alfonso Castillo Garzón Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla.