Bogotá
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Es necesario reconocer la contundencia de los hechos y sus implicaciones: la convergencia de fuerzas alternativas, democráticas y revolucionarias que se cristalizó en la Colombia Humana fue superada electoralmente por más o menos doce puntos porcentuales por la propuesta de la ultraderecha encabezada por Álvaro Uribe, es decir, alrededor de 2’300.000 votos. Dicha victoria acarrea dificultades para el movimiento social y democrático, como también retos para el momento político actual.



La advertencia de Iván Duque en su discurso de la victoria de “sí a la paz, pero con ajustes”, es una intención clara de bloquear los desarrollos del acuerdo de La Habana, en especial la Jurisdicción Especial de Paz, usando para ello sus mayorías en el Congreso de la República, su dominio sobre las altas cortes y su jefatura del aparato burocrático del Estado; a esto se suma un panorama oscuro e incierto para las negociaciones que se venían desarrollando con el ELN; lamentablemente, la guerra seguirá estando presente, en la que los escenarios de violencia estatal se reproducirán y agudizarán, desde el servicio militar hasta el recrudecimiento de la ofensiva contra el movimiento social y popular. Por lo tanto, el papel del PCC y de la JUCO es el de insertarnos y visibilizar cada espacio de lucha, crecer, fortaleciendo los espacios de organización social, que es el mejor mecanismo de preservación.

Para completar tan aciaga situación, se ha sumado el soberbio gobierno de Bogotá. Peñalosa se ha declarado aliado de Duque en la Presidencia de la República para, en el último periodo de su mandato, dejar amarrado el modelo de ciudad mercantilizada y segregadora que representan, negándole a la ciudadanía bogotana todas las posibilidades de buen vivir. Ejemplo de ello es lapidar la política de un sistema de transporte público digno, robusto y multimodal, el vital cambio hacia tecnologías limpias y urbanismos más humanos. Sin embargo, si algo queda claro en estas elecciones es que Bogotá es una ciudad rebelde que no va a permitir que sus derechos sean pisoteados, 1’800.000 votos así lo confirman, lo cual implica tomar la iniciativa en la conformación de procesos de unidad, de convergencia y de movilización en toda la ciudad, convocando no solo la resistencia de las “ciudadanías libres” sino sus diversas formas de organización y de lucha.

Nuestro llamado en este balance electoral es a que ninguna esperanza se extinga, muy por el contrario, nuestros proyectos adquirieron, en el marco de la campaña, una renovada fuerza que nos llena de oxígeno para organizar la resistencia y la alternativa. Durante los últimos años, la pelea electoral se había circunscrito a la elección de dos modelos de derecha, está vez logramos posicionar una alternativa electoral que derrotó uno de esos modelos, teniendo que buscar desesperadamente “salvar” el control que ejercen del Estado colombiano, mediante la corrupción, la clientela, la compra de votos y la exclusión de las mayorías nacionales y sus propuestas alternativas.

Hoy tenemos ocho millones de ciudadanos y ciudadanas convencidas de que Colombia necesita un cambio hacia la paz, la ampliación de la democracia, y el desarrollo económico que elimine la desigualdad social; ocho millones de personas a las que debemos llegar con propuestas creativas de movilización en defensa de la paz, de la vida y de nuestros derechos, aprovechando la bancada de la decencia y el bloque por la paz en el Congreso.

Debemos seguir construyendo la alternativa que se ha expresado en el espléndido movimiento popular que llenó gran parte de las plazas del país y que tendrá el reto de proponerle al resto del país opciones transformadoras en los gobiernos locales para las elecciones del 2019.

Todas las fuerzas reunidas en este proyecto deben convocarse en el proyecto unitario de la izquierda y los demócratas, lograr que lo que hasta el momento ha sido “Colombia Humana” salga a la calle en coordinación con el espacio ya ganado por “Decentes” y otras fuerzas en el Congreso de la República, nuestro llamado es a no volver a la fragmentación que nos lleva a la derrota. la unidad y la convergencia programática que se ha abierto es el camino de lucha que asegure un triunfo presidencial en la siguiente contienda 2022. Proponermos a todos los sectores sociales, poblacionales, a las ciudadanías libres, que avancemos de la resistencia a la alternativa, fortaleciendo acciones, movilización, uniendo las inconformidades de la gente, reconociendo procesos de base y, por supuesto, acumulando la fuerza necesaria para avanzar en unidad de acción.

Nunca desfallecer, jamás rendirse, es la impronta del actuar de la militancia comunista, tal como nos lo recuerda Atilio Borón:

“Estamos seguros que, no habrá marcha atrás en Colombia. A veces hay derrotas que anticipan futuras victorias. Como las que sufrió Salvador Allende en Chile en la elección de 1964; o Lula en Brasil en 1998. ¿Por qué descartar que algo semejante pudiera ocurrir en Colombia? Sólo tropieza quien camina, y el pueblo de Colombia se ha puesto en marcha. Tropezó, pero se levantará y más pronto que tarde parirá un nuevo país.”

Juventud Comunista Colombiana – Regional Hernando González Acosta
Partido Comunista Colombiana – Regional Mario Upegui Hurtado
Unión Patriótica – Bogotá.