Bolívar
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El departamento de Bolívar, y no sólo La Guajira, como estamos inclinados a creer, también aporta a las cuentas espeluznantes de los niños que cada año son enviados al cementerio por hambre, o por consecuencias físicas de la desnutrición, que, bien vistas las cosas, son la misma cara de una tragedia.



Guajira, Bolívar y Meta, son los tres departamentos que por la deficiente  alimentación,  resultado de la pobreza, generan 5% y hasta 9% del total de muertes por desnutrición infantil cada año en Colombia.

Estas son apenas, unas de las más recientes conclusiones aportadas por la profesora de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional, Nubia Yanet Ruiz, en un trabajo de campo que deja al descubierto que toda Colombia es un país de desnutridos y que lo de los bebés wayuu es un espectro que los medios, cuando quieren lavarse las manos, utilizan de manera hábil.

Mientras leemos estas líneas, 16 mil niños guajiros sufren desnutrición severa y es muy difícil que lleguen a cumplir 5 años de edad.

La investigación de la profesora Ruiz también nos hace caer en cuenta de que no se requiere vivir en La alta Guajira para sufrir desnutrición. Dieciocho personas mueren todos los días en Colombia por los estragos físicos, acumulados y silenciosos, de la desnutrición.

Los colombianos somos un país de desnutridos, si, pero no de ahora, tampoco de los días en que la oligarquía se inventó el engaño a la democracia del Frente Nacional, el asunto se remonta más hacia atrás, tiene que ver con la apropiación voraz de las mejores tierras y su improductividad por obra del gamonalismo, sumado a la ausencia de una atención médica, científica y responsable. El problema se agrava porque no aparece quien construya una estructura que comience a corregir en algo ese estado de cosas.

Hay más; 3 niños diarios mueren en Colombia, menores de 5 años, por desnutrición sufrida desde el vientre materno, lo que conduce a otra conclusión: la atención materno infantil falla. Desde antes de nacer "se afecta el sistema nervioso central y el hepático".

Cabe preguntarnos: con los servicios de salud privatizados y cada vez más remotos en regiones rurales o sub urbanas, existe alguna vía de solución para esa amenaza que se dibuja frente a colombianos que ni siquiera han nacido?

El Estado colombiano, que opera sobre una bien aceitada maquinaria de robo de los recursos naturales, de malversación de presupuestos, montado en un teatro de impunidad en el que actúan los protagonistas de las casas políticas ineptas en la conducción social, no tiene una sola propuesta esperanzadora para reducir y mucho menos espantar del país el monstruo del hambre y la desnutrición.

En las campañas políticas del establecimiento colombiano  sólo se habla de cifras de votos, de cálculos en dinero para tal o cual candidato, el fraude es una carta en la manga de quienes gobiernan  y ya se lanzan alertas de regiones donde "el voto está en riesgo".

Los presupuestos para alimentación infantil del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar no llegan a su destino, tal como ocurrió en Cartagena, entre el listado criminal de su alcaldía y sus agentes corruptos conectados con el Concejo Distrital.

La producción de alimentos sigue cayendo en Colombia, cada año toca importar más productos del campo, la más reciente importación fue de casi 3 millones de toneladas métricas de cereales y frutas que bien pudieron cultivarse en un extenso territorio donde lo que sobra es agua, pero Santos, la canciller, los ministros y los directores de noticieros de televisión no pueden dormir, preocupados por las elecciones presidenciales de Venezuela, que ni siquiera se han realizado.