Bolívar
Tipografía

Dos actos públicos, realizados con pocas horas de diferencia uno del otro, en Cartagena, jamás habían mostrado con tanta precisión, la degradación a la que puede ser llevada una ciudad, por la acción de la inmoralidad y la falta de ética de quienes dicen defenderla.



El primero de esos actos fue la sesión de clausura del Concejo Distrital de Cartagena, con apenas 7 de sus miembros, reunidos para escuchar al saliente alcalde encargado, Sergio Londoño.

Los 9 concejales restantes, tienen medida de aseguramiento, con el beneficio de detención domiciliaria, mientras se les investiga por cohecho, asociación para delinquir y delitos conexos, en el acto de elección de la Contralora Distrital, Nubia Fontalvo, también detenida.

El alcalde Londoño ocupaba ese cargo debido a que el titular Manuel Vicente Duque, acusado del presunto delito de cohecho, para la elección de la Contralora, se encuentra detenido desde septiembre del año pasado en la cárcel para funcionarios públicos de Sabanalarga, Atlántico, en espera de la acción de la justicia y desde donde renunció bajo enorme presión ciudadana.

La clausura de sesiones del Concejo Distrital de Cartagena, fue un acto escuálido, sin brillo, patético, en el cual sus actores intentaron, hay que decirlo, de asumir una dignidad que parecía escapárseles de las manos, ante los pocos ciudadanos que se asomaron al recinto, y que escucharon los mismos términos como honorabilidad, transparencia, democracia, un discurso manido que las maniobras de los corruptos convirtieron en algo muy difícil de creer.
Aquella ceremonia fue una verdadera catarata de lugares comunes, de frases huecas, mientras los pocos concejales que aún pueden dar la cara, intentaban mostrarse lo más solemnes posible. Todos posaban para la foto.

Al día siguiente del engorroso acto del Concejo cartagenero, vino el de la posesión del alcalde Antonio Quinto Guerra, elegido en las "atípicas" del 6 de mayo, con menos del 10% de los votos en una abstención del 70%, nunca antes experimentada en el ejercicio democrático de la ciudad, desde cuando existe la elección popular para tan alto e importante cargo.

Quinto, así a secas como se le llama entre sus cercanos amigos y seguidores, desde su inscripción como candidato viene nadando contra la corriente pues la Procuraduría General de la Nación, lo señala de inhabilidad porque, habría contratado con el Ministerio de Vivienda y la Gobernación de Bolivar, once meses antes de la convocatoria a elecciones. Aun así, alentado por una cuerda de abogados simpatizantes y hábiles malabaristas de la palabrería legal, participó y ganó la alcaldía.

"Yo lo único que se fue que gane" "yo que voy a saber quién votó por mí, yo no tengo la capacidad de ser brujo" fueron, entre otras, declaraciones que dio Quinto Guerra ante unos micrófonos, en la noche del domingo, cuando se disponía a recibir felicitaciones de Juan José García, ex senador condenado por corrupción pero que sigue al timón, desde su apartamento, de una desprestigiada casa política, que ha llevado a la ciudad a la actual postración social y de atraso comunitario.

En vista de que la Comisión Escrutadora de la Registraduría en Cartagena no atendió la solicitud de no declarar la elección de Quinto Guerra, el Procurador General anunció que habrá desde ya, una demanda de nulidad ante el Consejo de Estado, lo que significa que pese al triunfalismo y la embriaguez victoriosa reflejada en sus primeras declaraciones, el nuevo alcalde no las tiene todas consigo, y la ciudad podría entrar en otra accidentada etapa de interinidad, en el momento menos pensado.

Entre la presión de sus financiadores y su defensa de la demanda, Quinto tendrá pocos momentos para conciliar el sueño.

Detrás del alcalde Quinto Guerra estuvo el apoyo de un séquito de políticos corruptos, desprestigiados, condenados, ex presidiarios que actuaron con desafiante desfachatez y descaro, todos conocidos agentes de la derecha uribista financiadora de una maquinaria que estará detrás de la administración de los millonarios contratos del Distrito y que pueden ser la propia perdición de un alcalde para apenas 18 meses de vigencia.

La jauría corrupta ve con desespero que ese tiempo es corto para recuperar lo invertido y más cuando se acerca el 27 de mayo y hay que salir a comprar votos entre los más pobres y hambreados barrios de las afueras. Pero los alienta la impunidad en casos como la multimillonaria estafa a la nación, cometida en el montaje de REFICAR, precisamente en la capital de Bolivar.

Quinto Guerra se posesionó en un acto realizado en la Plaza de la Aduana muy cerca de lo que será su despacho, con su 7.6 % que lo hacía lucir, en su guayabera blanca, como una caricatura de si mismo.

Su discurso contenía palabras como honestidad, transparencia, democracia, pueblo, comunidad y otras lindezas en las que pocos creen en la segunda ciudad más desigual de Colombia, donde se registra la pobreza monetaria más vergonzosa de los últimos tiempos, atenazada por el desempleo, la mendicidad, la falta de vivienda digna, sin una red de salud confiable, con la delincuencia común desatada sobre la ciudadanía de bien esclavizada por tarifas cada vez más implacables de agua y electricidad.

Ese es el problema que, según palabras sabias del escritor Eduardo Galeano, tienen hoy los políticos causantes de la pobreza de los pueblos: lograr que se les crea de nuevo.