Bolívar
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Los días 30 y 31 de agosto de 2002, ocurrió una masacre en zona rural del municipio de San Juan Nepomuceno, Bolívar, dentro de los predios de dos fincas llamadas "Los Guáimaros" y "El Tapón", escenarios de la actividad campesina, característica de la región Caribe, bajo fuertes rayos de sol y de vidas apacibles que habrían de sufrir el repentino golpe del luto y la tristeza.



En este agosto que acaba de pasar, se cumplieron 16 años del asesinato de 15 campesinos, en condiciones que hasta ahora, no están claras, pero que se convirtieron en el objetivo de un grupo de investigadores, abogados, defensores de Derechos Humanos y familiares de las víctimas, que por encima de su propio dolor trabajaron en la reconstrucción de sus perfiles y publicaron el libro "Los Guáimaros" y "El Tapón", la Masacre invisible".

Carolina Gutiérrez, Irina Junieles y Alejandro Jiménez, forman parte de la organización "De justicia", que hoy propone a la sociedad de la costa y de toda Colombia, el fruto de más de dos años de entrevistas, entre amigos y familiares de las quince víctimas, de un episodio que se agrega a la ya infinita lista de crímenes del paramilitarismo en una de las regiones martirizadas del norte del país, "Los Montes de María", escenario del despojo y la ambición incontrolada de terratenientes, financiadores del paramilitarismo y el asesinato sistemático.

Irina Junieles, abogada y reconocida columnista de Cartagena y de medios nacionales, investigadora sensible al panorama de pobreza y miseria de esta ciudad, estuvo a cargo de largas jornadas de entrevistas de amigos y parientes de los caídos.

El libro propone, dice Irina Junieles, unas "rutas jurídicas, para la búsqueda de verdad, justicia y reparación", la conducción de esta labor de periodismo contó con el apoyo decidido de la Asociación de Luchadores por La Verdad, formada por hijos, esposas, hermanos o de antiguos amigos de las víctimas.

"Queremos que la sociedad sepa quiénes fueron en vida esos seres humanos que no se fueron de este mundo porque quisieron, sino porque les arrebataron la vida", dice uno de quienes compartieron trabajo, esperanzas, cariño con los caídos.

Hasta la carátula del libro, es resultado de un ejemplar trabajo comunitario: un campesino aparece de espaldas, en primer plano, luce el sombrero "vueltiao" propio de la región, mira hacia el campo donde un árbol simboliza las ramas de la amistad y en el cielo, quince aves surcan el aire". Entre todos aportaron ideas para esa ilustración.

Para el lector común, la primera verdad que sale de las páginas del libro "Los Guáimaros" y "El Tapón" la masacre invisible, es que los medios informativos nunca se interesaron por ir al fondo de semejante atrocidad.

Es en realidad una masacre de la que apenas se comienza a hablar, a pesar de los 16 años que han pasado, sobre el dolor silencioso de las familias que aquella tarde, vieron a sus hijos, a sus hermanos y amigos salir alegres como siempre, a una jornada al campo, de la que nunca volverían con vida.