Chocó
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En el municipio de Unguía, conocido como “La puerta del Darién” por ubicarse en el Urabá chocoano, sus habitantes no salen de esa larga noche de tinieblas e impunidad.



Finaliza el año 2017 y lo que subsiste es el predominio de los grupos paramilitares autodenominados “Usugas”, “Clan del Golfo” o “Autodefensas Gaitanistas de Colombia”. Pónganse el nombre que se pongan son la más aguda expresión del terror y violencia agenciados en Colombia por la extrema de derecha y demostración de las políticas del terrorismo del Estado colombiano, cuyas autoridades aplican como método perverso para exterminar a la oposición política y los liderazgos populares que claman por transformaciones sociales y económicas de fondo en favor de las gentes más humildes y desposeídas del país.

El territorio de Unguía, con 15 mil habitantes distribuidos en 4 corregimientos y 26 veredas, se ha mantenido durante los últimos años bajo el dominio  y presencia de grupos paramilitares dedicados al negocio del narcotráfico y demás acciones ilícitas en la frontera con Panamá e islas del caribe. En la actualidad algunas autoridades del Estado persiguen a estos grupos mediante la denominada “operación Agamenón II” con éxitos notorios, sin embargo, no es menos cierto el maridaje por años de esos criminales con sectores de la fuerza pública, lo cual es vox populi en la región del Urabá chocoano.

Los habitantes unguieños añoran y trabajan por un municipio que retome su rumbo de paz y progreso, donde la presencia del Estado con obras para el desarrollo sea lo de mostrar. Esos eran en las décadas de los años 80s y 90s y siguen siendo en la actualidad los postulados de la dirigencia social y política progresista encarnada en el partido Unión Patriótica UP y el Partido Comunista Colombiano PCC y de otros sectores o fuerzas políticas y sociales,  gremios, comunidades, anhelo el cual pretendían arrebatar mediante el exterminio  y genocidio político contra sus principales figuras.

1990 masacre sin perdón ni olvido.

El próximo 27 febrero se cumple una aniversario más de la masacre  paramilitar en el parque principal de Unguía contra el médico y dirigente político Mauricio Ramírez González y los líderes comunitarios Francisco Atencio Rentería, Nora Ruiz Flórez, Camilo Arturo Botero Rodríguez, Álvaro Prada y Omar Ruiz fueron, el año de 1990, a pocos días de las elecciones previstas, en las que se perfilaba este partido como virtual ganador con su candidato Arnoldo López.  Según el informe del Centra Nacional de Memoria “el hecho ocurrió a pocos metros de la estación de policía, pero ninguno de los perpetradores fue perseguido o capturado”. Estos hechos hacían parte de toda una oleada de terror y muerte, la cual ha sido denominada como “genocidio político del Estado contra la UP” para sacar a esta joven fuerza política del escenario y permitir el dominio a los partidos del régimen excluyente imperante.

Por el genocidio contra la UP cursa una demanda contra el Estado colombiano en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos CIDH, cuyos resultados no pueden ser otros que una condena ejemplar al Estado y la investigación, verdad y castigo a los responsables en cada región, así como la reparación integral al partido y a cada uno de los integrantes de la UP por todo lo sucedido.

Unguía saldrá adelante con la lucha de sus habitantes

Este municipio es prospero en agricultura y ganadería. Los cultivo del cacao y  pan coger prevalecen. Pero, desafortunadamente por la incertidumbre económica los labriegos se ven obligados a  sembrar cultivos ilícitos convirtiéndose esa realidad en un conflicto social al que las autoridades y las organizaciones agrarias tienen que construirle salidas conforme a lo establecido en el punto cuarto del Acuerdo de Paz logrado en la mesa de La Habana y  firmado en el Teatro Colón de Bogotá, entre el Gobierno nacional y la insurgencia de las FARC, hoy convertida en el  partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común .

“Hay muchos cocaleros. Por la crisis económica esa es la economía que prevalece en gran parte de la región hoy, acá impera el cultivo de hoja de coca.  Hay laboratorios para el procesamiento de alcaloides.  Existen componendas de algunas autoridades con bandas paramilitares que dominan en el comercio de esos cultivos ilícitos. Existen problemas de violencia por la guerra sucia que se  desarrolla entre  los paramilitares, Policía y Ejército Nacional, la gente no denuncia por que le da miedo. Esa es la triste realidad de hoy cuando ya no existe guerrilla, las FARC dejaron armas y se convirtieron en partido político”, nos indica la fuente que atendió nuestra conversación.

Esa misma fuente, insiste en que desde las organizaciones comunitarias y sociales se plantea que el territorio requiere una mayor inversión social en materia de vías, educación, salud, deporte y recreación. Agrega que se debe prestar atención de primer orden al mantenimiento del canal navegable que permite el ingreso a la población desde Turbo y el Río Atrato.

En nuestra visita varios pobladores nos indicaron con mucho énfasis que los grupos paramilitares han convertido a la región  en un corredor de tránsito en los límites fronterizos con Panamá. Para ese negocio de llevar coca y traer dólares, armas,  y todo tipo de mercancías contratan a jóvenes desempleados quienes llevar a lomo de mula o en sus propios hombros las cargas.

La situación no deja de ser preocupante por las latentes amenazas contra los pobladores y visitantes. No se puede transitar si se es desconocido y no va acompañado por alguien del poblado,  lo pueden confundir con “sapos” por parte de las autoridades o viceversa.  si  la persona desconocida entra al puerto de Unguía corren peligro,  lo más probable es que lo cojan. Lo amarren y lo investiguen. Puede ocurrir asesinato, ya se han presentado casos, es lo que relatan algunos habitantes.

Este no puede ser el panorama de un territorio tan acogedor como el de Unguía y sus habitantes. Las autoridades municipales, departamentales y nacionales, representantes en todas las instancias, en conjunto con las demás instituciones y organizaciones sociales y sectores políticos deben continuar sus acciones para de nuevo encarrilar a este municipio, la región y el país por el sendero que la mayoría clama.

Recordemos que han pasado ya más de 500 años, de aquel año 1510 cuando el español Vasco Nuñez de Balboa, fundó en esta parte del nuevo continente la población denominada Santa María La antigua del Darién, sembrando la dominación, odio y sojuzgamiento contra nuestros nativos, postulados que deben ser extirpados para siempre de la faz de la tierra.