La Guajira
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La tragedia social de los niños wayuu de la Guajira es de tan monstruosas proporciones, que ya el Estado colombiano perdió por completo una noción real de su magnitud, especialmente las cantidades de niños que murieron de hambre en los últimos veinte años.



La etnia wayuu, asentada en la península de La Guajira, norte de Colombia, es la nación indígena más grande de este país, atravesado por una ola de corrupción que compromete gobernantes departamentales, municipales, senadores, altas cortes, magistrados y concejos distritales, encarcelados o investigados por delitos contra los bienes del Estado.

Se especula con que la cantidad de niños wayuu muertos por hambre y consecuencias de la desnutrición puede ser de 5.000 en el lapso de veinte años.

Pero, habitantes guajiros fijan esa tragedia en 14.000 la cantidad de niños muertos de hambre en ese mismo periodo pues, por las enormes distancias entre una ranchería y los centros urbanos, muchos nacimientos como los fallecimientos ni siquiera son registrados en notarías del departamento. Una cantidad de niños wayuu mueren desnutridos sin siquiera ser bautizados, van a sus tristes sepulturas sin nombre.

La presencia del Estado colombiano es nula en La Guajira y como consecuencia de lo que no han dudado en calificar de Crisis Humanitaria, el caso está denunciado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, por acción de unos activistas de ese departamento, desesperados ante tan grave irresponsabilidad de gobiernos seccionales y nacionales.

La corrupción en la propia administración departamental de La Guajira es otro agravante del hambre, la inexistente agricultura, la falta de electricidad, agua potable, salud y educación.

En 20 años, los gobernantes guajiros han recibido unos 20 mil millones de dólares por participación de la explotación de El Cerrejón, la mina de carbón a cielo abierto más grande del mundo.

En este momento, se calcula que 30 mil niños wayuu están desnutridos, en riesgo de morir, pero aún a tiempo de ser atendidos en alguna clínica. El robo de fondos públicos tiene fugitivos de la justicia a los dos últimos gobernadores guajiros, junto con alcaldes de Riohacha y Maicao.

A la falta de alimentación para la Nación Wayuu, se le agrega la sed, pues el Río Ranchería, principal y única fuente de agua de La Guajira, ha sido desviado con taludes para usar el líquido en la mina de El Cerrejón y en sembrados monopólicos que en ninguna forma benefician a la comunidad.

Existe un documental "El Río que se robaron “realizado por el periodista Gonzalo Guillén, que reposa ante la CIDH como uno de los sustentos de la denuncia instaurada hace dos años.

El departamento de La Guajira tiene según el más reciente censo de población, 500 mil habitantes, es parte del fracaso de un Estado corrupto, nulo en la acción humanitaria y social, demagógica, envidecida por la mendicidad en sus ciudades capitales y saqueadas por una clase política carente de escrúpulos, dedicada ahora, a hacer fracasar el Acuerdo de PAZ.