La Guajira
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Ibis Esther Ojeda López, una destacada integrante de la mesa de víctimas y activista de la restitución de tierras en La Guajira, denunció que el martes pasado le enviaron a su casa del barrio José Antonio Galán, de Riohacha, una corona fúnebre con una tarjeta que decía: "descansa en paz".



Relató Ibis Esther Ojeda López, que ella estaba en casa cuando sintió llegar un automotor, del cual se bajaron al menos dos personas, tocaron la puerta pero ella no abrió y por disponer de un esquema de seguridad hizo una llamada a la policía.

Luego de un tiempo prudente, como le indicaron, Ibis abrió la puerta y encontró la corona que sin duda es una espeluznante amenaza de muerte, que refleja la sangre fría y el grado de impunidad y burla de que están haciendo alarde los sicarios contratados por la derecha criminal en Colombia.

Contra lo que podría pensarse, Ibis no está presa del pánico por semejante encomienda, es sobreviviente de dos ataques a bala en 2012 y en 2017 y ha recibido tantas llamadas amenazantes que ya perdió la cuenta de las veces que le han puesto plazo de vencimiento a su vida

"Con esto no me están ahuyentando, en este momento tomo la decisión con más fuerza para luchar por las víctimas de mi Guajira", fueron las primeras declaraciones de Ibis Esther Ojeda López, después de recibir el luctuoso mensaje, otros compañeros de la mesa de víctimas, que tienen en su agenda un largo y complicado trabajo del proceso de restitución de tierras, en la propia Riohacha, Manaure, Maicao y Uribia, dicen estar seguros de algún nexo o connivencia entre la policía y los matones contratados por gamonales y terratenientes, culpables del desplazamiento de cientos de familias guajiras y del hambre que lacera el estómago del campesino de esta región costeña.

"Cuando salimos de una estación policial después de denunciar amenazas, en pocos minutos entran llamadas en las que nos dicen: ¿de modo que ya fuiste a denunciar"?

La Guajira es uno de los departamentos con los peores indicadores sociales de Colombia, de la ausencia de un Estado responsable que asuma la construcción de acueductos, de atender la salud pública y la alimentación infantil, un renglón que viene presentando cuadros de muertes por desnutrición, especialmente entre la niñez wayuu.

El abandono estatal en La Guajira, corre parejo con la corrupción de una clase política local degenerada que perdió el menor asomo de vergüenza, originaria del denominado "cambio radical" liderado por Vargas Lleras.

Los últimos dos gobernadores guajiros fueron judicializados, les dieron casa por cárcel y salieron por "vencimiento de términos" como el caso de Oneida Pinto.

"Las amenazas no van a impedir que enfrentemos a los corruptos" declararon en señal de solidaridad los compañeros de Ibis Esther Ojeda López.

Gráfica Ibis Esther López Ojeda, de la mesa de restitución de tierras, en La Guajira, recibió en su casa de Riohacha una corona fúnebre con una tarjeta que decía "descansa en paz" -