Putumayo
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Como tantas otras tragedias ocurridas en Colombia, la de Mocoa, que deja ya más de 250 muertos, más de 200 desaparecidos, 17 barrios arrasados por piedras gigantes y familias enteras sumidas en el lodo y la desesperanza, estaba avisada y sus terribles efectos pudieron evitarse o aminorarse de manera ostensible.



En las últimas horas han empezado a aparecer las revelaciones sobre alertas tempranas lanzadas por colectivos medioambientales e, incluso, organismos oficiales, como el Ideam, frente a los cuales falló de nuevo la acción estatal en sus diferentes niveles, en lo local, lo departamental y lo nacional.

Por ejemplo, las alertas sobre el represamiento de piedras enormes en la quebrada La Taruca, que tuvo gran incidencia en la tragedia suscitada desde la noche del viernes 31 de marzo, no fueron atendidas.

El presidente de la República, Juan Manuel Santos, al anunciar las medidas para enfrentar la calamidad, no hizo referencia a tal circunstancia, pero se espera que en las acciones de emergencia haya decisiones de fondo sobre ésta y otras alertas.

Santos anunció que el Gobierno se hará cargo de todos los sepelios de las víctimas fatales de la tragedia, que habrá subsidios para los centenares de damnificados por valor de 18 millones y medio de pesos y que Mocoa tendrá nueva generadora de energía, nuevo hospital y nuevo acueducto, pues todo quedo destruido.

El mandatario dijo también que Mocoa tendrá futuro.

La población de la capital del departamento del Putumayo, habitada en gran parte por personas desplazadas por la violencia, víctimas del paramilitarismo y del conflicto en Colombia, espera que las promesas del Gobierno no queden en eso, como luego de otras tantas tragedias, como la de Popayán, en 1983; la de Armero, en 1985, o la de Armenia, en 1999. Colombia toda estará ojo avizor para no dejarse sorprender de otra tragedia anunciada.

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Pazífico Noticias