Santander
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Dentro de dos semanas, exactamente el 14 de noviembre, se cumplen 200 años del fusilamiento de la heroína criolla, Policarpa Salavarrieta, ‘La Pola’, asesinada por orden del sanguinario (pero cobarde, como todos los criminales) Juan de Sámano, a la postre virrey de la insurrecta Nueva Granada.



El crimen se produce como acto desesperado de escarmiento contra la juventud neogranadina, que se hallaba comprometida totalmente con la lucha de las guerrillas del Casanare y El Socorro, y que prestaba ayuda al Ejército Libertador que había logrado centralizar en un mando único a todos los independentistas. El fusilamiento es un acto de vulneración de las leyes de la guerra que consuetudinariamente fijaban que las mujeres no podían ser ajusticiadas, ni aun tomadas con las armas en la mano. (Y aunque ya antes, por allá el 13 de octubre de 1813, había sido fusilada en Cúcuta, doña Mercedes Ábrego de Reyes por bordar la guerrera de Brigadier General de Simón Bolívar, tal acto había sido repudiado generalmente, incluso en España).

Pero como en toda lucha revolucionaria, fermentada con la participación de las masas humildes, el asesinato legal de Policarpa antes que acallar las voces y las acciones contra el Régimen del Terror, impuesto por Pablo Morillo y continuado por Sámano, que llevó al cadalso a centenares de patriotas –de las élites, pero también del populacho− levantó más los ánimos de todos los sectores que se incorporaron a las acciones que culminarían, poco menos de dos años después con el triunfo en la Batalla de Boyacá.

La Pola se destacó desde su infancia y adolescencia como espía, organizadora, proveedora, reclutadora y logista de las tropas revolucionarias. Su hermano, y su eterno novio, Alejo Sabaraín –fusilado junto a ella−, así como su cuñado (muerto en la Batalla del Alto Palacé) fueron incorporados a la lucha revolucionaria por su constancia y ejemplo.

Ejemplo que fue llevado incluso a las tablas, mediante una casi improvisada obra de teatro que hizo el abogado y artista José María Domínguez Roche, en cinco actos, que se pudo estrenar en Bogotá tres años después del asesinato, y que el abogado Domínguez Bautizó ‘La Pola’. Dicho espectáculo recordatorio se montó por algún tiempo en lo que hoy es el Teatro Colón de Bogotá (por esa época se llamaba Coliseo Ramírez) y fue la primera expresión dramática tras la Independencia; primera obra de teatro colombiana.

La obra se hizo con improvisados actores, con la participación decidida de las masas, con una verdadera interacción del público que llegó a agredir a los novatos actores, por lo que para “salvar la función” y evitar males mayores, el patrocinador de la obra (durante el estreno) debió cambiar el libreto final e improvisar otro, en el cual Fernando VII conmutaba la pena de muerte e indultaba a La Pola, se resucitaba al fusilado Alejo Sabaraín y se casaban al fin del espectáculo.

Con ocasión, digo yo, de los 200 años, valdría la pena tratar de conseguir la obra de don José María Domínguez, para ver si es dable recrearla. Solo hay algunas reseñas a ella de la época y de fines del siglo XIX. Que no nos vaya a pasar, al movimiento popular, como cuando la conmemoración de los 100 años de la Independencia, que se extendía a los 100 del luctuoso acontecimiento del asesinato de Policarpa, cuando los alemanes de Bavaria –en su pelea capitalista contra la chicha− lanzó una cerveza llamada La Pola, que fue en lo único que quedó la conmemoración.

Para los 200 años valdría la pena que recreemos y consumamos a granel la americana  chicha, pero que conmemoremos con actos variados los 200 años.

Cenaprov, con su barrio bandera Policarpa Salavarrieta, junto a las demás fuerzas y movimientos sociales y populares debemos conmemorar por lo alto estos 200 años.

En Bucaramanga, el 14 de noviembre, a las 6:00 de la tarde y en las instalaciones de la CUT llevaremos a cabo un sencillo, pero, esperamos nutrido y digno homenaje a Policarpa Salavarrieta en los 200 años, y extendemos la invitación, como la estamos haciendo también a las universidades de la ciudad, para hacer un más que merecido homenaje y recordatorio.

Bucaramanga, octubre 26 de 2017.