Santander
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Quienes argumentan que la candidatura presidencial de Gustavo Petro genera una “polarización” en la actual sociedad colombiana, o son muy ignorantes en materia política –como los uribistas del promedio−, o simplemente se escudan en tal acepción, buscando descalificar dicha alternativa, para sustentar su tesis de un rumbo conciliador, que hoy es imposible.



En Colombia, como en todos los demás países, ha existido y existe polarización, que es producto simple y llano, la expresión manifiesta, de una lucha de intereses de los diferentes sectores sociales (eso que se llama la confrontación de las clases) y que no es una invención del marxismo.

Ya Nicolás Maquiavelo en su célebre obra ‘Discursos sobre la primera década de Tito Livio’ (terminada a comienzos de 1517, es decir hace 501 años), indicó cómo las luchas entre el pueblo y “los grandes” fue lo que permitió los avances de la libertad en la República Romana; pero de lo mismo habló Rousseau en su ‘Contrato Social’ y el conde de Saint-Simón, en sus ‘Cartas Ginebrinas’, cuando disecciona la Gran Revolución Burguesa de Francia como el producto de una polarización social, o lucha de clases. De modo que así se intente encubrir el hecho en Colombia o se pretenda que es un asunto artificial y perjudicial, ese fenómeno tiene entidad propia.

Lo que sucede es que a lo largo de la historia en Colombia (en especial desde la implantación del exabrupto del Frente Nacional), la “polarización” ha sido artificialmente creada por el bloque de clases en el poder para sostenerse en él. Y han existido momentos en que ese bloque de clases ha recurrido al crimen y a toda suerte de delitos, cuando el artificio les ha fallado y las clases subalternas (el pueblo) se ha intentado salir del carril.

Fue lo que aconteció hace 70 años (mañana se cumplen) cuando el incontenible avance de las masas populares, alrededor del caudillo Jorge Eliécer Gaitán, amenazaba derrocar el régimen de terrorismo de Estado impuesto en 1946 con la reasunción del poder por parte del partido conservador y sus hordas falangistas.

En 1958, inicio del régimen excluyente monopartidista de dos alas del Frente Nacional, el bloque de clases logó “polarizar” a las grandes masas con el espantajo de la posibilidad del retorno de la Violencia, y por eso en las alecciones del 4 de mayo los votantes, de manera abrumadora eligieron a Alberto Lleras Camargo (tío abuelo del candidato coscorrón), frente a la candidatura de Jorge Leyva Urdaneta, que alcanzó solo un 19% de los votos. ¿Representaba un sector social diferente? ¡No! Era una de las alas del bloque de clases (burguesía industrial y financiera más latifundistas). Hasta el mismo Partido Comunista se enmarañó en esa red “polarizada” y llamó a apoyar masivamente a Lleras Camargo, para que una vez electo presidente demandara al PCC por “fraude constitucional” al haber elegido en marzo a congresistas, diputados y concejales, siendo que constitucional y legamente no podía participar de las elecciones ni de la vida política del país.

En 1962 de la misma forma se logró “polarizar” a la ciudadanía, en especial a los sectores populares más pobres, para que en las elecciones presidenciales del 6 de mayo inclinaran la balanza en favor de Guillermo León Valencia (abuelo de la Paloma senadora que la vive cagando), frente a las candidaturas que se veían como altamente peligrosas, del propio Jorge Leyva Urdaneta, la del general Gustavo Rojas Pinilla, y su recién creada Anapo; y la de Alfonso López Michelsen, a la cabeza del MRL, que pretendió ser de ruptura del régimen bipartidista. Lo propio se repitió en la tercera elección del Frente Nacional, cuando le volvió a tocar el turno presidencial al partido liberal, logrando “polarizar” a la gran masa del pueblo colombiano para que votara en favor de Carlos Leras Restrepo (abuelo del susodicho coscorrón), contra las candidaturas de José Jaramillo Giraldo (liberal opositor de la Anapo) a quien se veía como el peligro de retorno de la dictadura, y la pintoresca de Gabriel Goyeneche.

La última elección “oficial” del Frente Nacional intentó volver a “polarizar” entre Misael Pastrana Borrero (papá del perrito faldero de Uribe, Andrés Pastrana), Belisario Betancur y Evaristo Sourdís, aunque en esa ocasión el tiro les salió por la culata y hubo una, esa sí, verdadera polarización entre los representantes de la exclusión antidemocrática del frentenacionalismo y la que el pueblo veía como esperanza, del general Gustavo Rojas Pinilla, a quien le robaron el triunfo; y para impedir la movilización, además de restablecer el estado de sitio, se impuso el toque de queda y el encarcelamiento en su casa a Rojas y a centenares de opositores en todo el país.

Esa ha sido desde 1946 y hasta el 19 de abril de 1970, la única auténtica y verdadera polarización que en Colombia ha existido, sin contar la de mediados del siglo XIX, pero eso es otro cuento. Del robo electoral surgió, como bien sabido es, el M-19 como movimiento armado que consideró que las vías electorales estaban cerradas por el raponazo.

Ahora lueguito hablamos de lo post Frente Nacional hasta lo actual.