Santander
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Bandidos uribistas (y perdón por la redundancia), confabulados con los ladrones y alcahuetas de la Registraduría, hicieron de las suyas con un escandaloso y ostensible fraude electoral el pasado domingo 27 de mayo, que se hace necesario demandar ante la justicia nacional e instancias internacionales, acción que no debe corresponder solo a la campaña de Gustavo Petro y la Colombia Humana, sino en la que deben concurrir otras campañas contra las que se adelantó el burdo fraude, pues las afectaciones fueron para todos.



Las “instrucciones” de la Registraduría a los jurados electorales sobre la forma de diligenciar los formularios E-14, son una predisposición bucanera para el acto delincuencial. Lo que abona un terreno, de por sí fangoso, que permite, de forma más “barata”, comprar a centenares de jurados en lugar de a decenas de miles de votantes, compra que se hace con muchas modalidades: o con dinero, o con promesas, o con halagos, o con chantajes.

No puede ser que el registrador salga a los medios de comunicación a intentar justificar lo indefensable, con ridiculeces como las de que tachones o enmendaduras no son motivo de alarma, cuando en el propio instructivo se recomienda no incurrir en ello, que para todos los actos públicos y para el diligenciamiento de cualquier papel por parte de un ciudadano, es motivo de anulación, y en casos, hasta de investigación. ¿A quién pretende encubrir el registrador con sus excusas y evasivas? Pero además, de bulto salta a la vista un patrón: las únicas casillas en las que rayas horizontales se convierten en sospechosos y contrahechos números, son las que corresponden al registro de los votos del uribismo.

Como un acto delictual siempre tiende a repetirse, hay que estar además ojo avizor para las elecciones en la segunda vuelta presidencial del 17 de junio. Hay que exigir, con las demandas penales por fraude y delitos electorales contra los jurados que perpetraron el ilícito, que los mismos sean reemplazados en su totalidad, mientras se les aplican las acciones punitivas. Hay que garantizar al menos un testigo electoral por cada una de las mesas que se instalen. Cada testigo debe ser instruido en la necesidad de que además de que tenga la tradicional, pero efectiva, planilla para registrar los votos de las tres opciones, filme desde el momento de apertura de la urna, terminada la jornada, para que se grabe el audio y el video del conteo y los guarismos finales, y que filme o fotografíe la planilla, en sus tres ejemplares que deben ser absolutamente coincidentes.

Solo así lograremos frenar el fraude cantado, que es la única opción que tienen los que pretenden aferrarse al poder para su exclusivo beneficio por 200 años más.