Santander
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Por allá en 1953, estando fresca la tumba del camarada Stalin, apareció publicado en los países capitalistas el libraco ‘Ensayos de economía positiva’, al que siguieron varios libelos de poca monta, y luego ‘Capitalismo y libertad’ (mal traducido a chapetón o castellano como ‘capitalismo y desarrollo’), del grandísimo y venerable hijueputa, Milton Friedman, padre del neoliberalismo contemporáneo, como escuela económica, social, ideológica para el manejo político.



‘Contemporáneo’ o coetáneo, pues desde por allá 1919 la idea fue expuesta por la llamada ‘Escuela de Friburgo’. Pero eran los tiempos de la Revolución Bolchevique y la oleada revolucionaria que sacudió media Europa, y como influjo llegó hasta la propia América (del norte y del sur), y su enunciado quedó aplazado, ante las urgencias de la burguesía mundial, por el temor de perder todo, que la llevó a adoptar la estrategia de “ceder parte”, que la historia conoce como en New Deal (nuevo trato o consenso, entregando reivindicaciones a los trabajadores y los pueblos).

Don Friedman −bien muerto hace doce años, aunque sin castigo físico de la Historia− recuperó para su “teorización”, los viejos enunciados y los reeditó como “novedades”, cuando pensó que tras la muerte del Mariscal, la URSS se vendría a pique. Y solo pudo llevarlos a la práctica con el sangriento y terrorista golpe militar fascista contra el gobierno de la Unidad Popular en Chile, y el asesinato de Salvador Allende, perpetrados por el gorila (¡perdón, primates!), de Augusto Pinochet, del que fue su “asesor económico”, sobre montañas de cadáveres. Su “legado y experimento” lo cogieron por las astas Margaret Thatcher y Ronald Reagan, que lo “recomendaron”, por medio del FMI y el BM, a los demás países del mundo, y que comenzó a aplicarse, en especial, tras el derrumbe del ‘socialismo real’, lo que puso más contento que mico en pesebre al garnufia del Friedman.

En Colombia, como era de esperarse, el campeón de esa “novedad” fue el genuflexo y turíbulo César Gaviria T., ahora adalid del uribestismo (neoliberal como el que más), que calculó que después de su presidencia iba a ser reconocido como uno de los mayores lacayos de librea, con la secretaría de la OEA.

Casi treinta años de aplicación del “modelo de desarrollo neoliberal” en Colombia y Latinoamérica, nos han llevado a subsumirnos más en la pobreza, la dependencia, el subdesarrollo, la iniquidad; en contraste con el enriquecimiento de las grandes potencias y sus lameculos. Y ya las potencias imperialistas (aunque suene “anacrónico” el término) han abjurado de su prédica internamente, aunque la “recomendación” sigue vigente para sus neocolonias.

¡Eso es lo que confrontamos! Todos los secuaces (la piara) del neoliberalismo están agrupados hoy en Colombia. Muchos eximpugnadores del neocolonialismo y el neoliberalismo, con su postura, de supuesta indiferencia, les hacen el juego. Los que estamos por la democracia (así sea la concepción burguesa) contra el neoliberalismo en sus concepciones integrales, vamos a sacar avante a Colombia desde el 17 de junio, con la presidencia de la esperanza, es decir con Gustavo Petro Urrego.

Alfredo Valdivieso. *
*Contra la pudorosa libertad de prensa y el lenguaje correcto yo, solo. me hago cargo y asumo los madrazos y palabras soeces.