Santander
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En las dos grandes cadenas radiales (una cuyo dueño es un monopolio nacional –entroncado con el capital transnacional− y el otro propiedad de una transnacional de las comunicaciones, a saber, RCN, del monopolio Ardila Lülle, y Caracol del grupo español Prisa), existen unos “microfonistas” −con honrosas y contadas excepciones en cada caso− que no son periodistas en el estricto sentido, sino gentes que asumieron ladrar o hasta rumiar y rebuznar frente a un micrófono, porque tal vez no hallaron más nada qué hacer; y ellos, los eximios “comunicadores” y brahmanes de la orientación en cada uno de sus programas de opinión, siempre, indefectiblemente, “invitan” a debatir u opinar a personas, siempre, también, con un sesgo y falta de equilibrio, incluso personal, que desdicen de lo que debería ser −al menos en apariencia− la objetividad y ecuanimidad, esencia del periodismo, o como se estila decir hoy: comunicación social.



Esos (la mayoría) periodistas de hoy −muchos de los cuales ni siquiera saben leer de corrido−, demuestran su indeclinable “vocación” de simples vocingleros de un libreto preparado por los dueños de los medios. Hoy no son los pendolarios, ni lo polemistas, ni los escritores o doctrinarios, que fueron la esencia del periodismo nacional desde las ‘Noticias de Santa Fe de Bogotá’, pasando por ‘La Bagatela’ y los ‘Toros de Fucha’, hasta los papeles ilustrados de comienzos del siglo XX y hasta los años 80 del mismo. Son los publicistas, y en la mayoría, palangristas, comisionistas y relacionistas los que dirigen y manejan los programas que pretenden formar opinión. Pero además son los entenados del poder: de las gabelas y contratos; y de las coimas y cohechos; y del engrase y el pago del favor; los protegidos con mantos de silencio y “olvido” de pequeños detalles: Los papeles de Panamá, pero antes, las pirámides y hasta los nexos comprobados con criminales, de los que se les exculpa por ser los “formadores y forjadores de la buena opinión”.

Hoy la mejor muestra son las garras rampantes de los periodistas y sus expertos, en el análisis por la vinculación de Antanas Mockus y Claudia López a la campaña de Petro Presidente y la coalición por la Paz. ¡Ah los cándidos dirigentes, a los que los gerifaltes del micrófono creían (y aspiraban), que fueran cómplices para inclinar la balanza por la extrema derecha! ¡¿Cómo así que ahora se sumen al chavista y expropiador Petro?! ¡Vade retro! Hay que alinearse con el candidato, que al igual que los “comunicadores" y sus opinadores, es un estipendiado del gran capital trasnacional, del que los dueños de RCN y Caracol son ‘capitibus’ incuestionable en Colombia.

¡Nariño, Camilo Torres, (hasta Santander), y Parra y Arrieta, y Núñez y Caro, y los Cano, y los Santos, y García Márquez y los demás que fueron verdaderos periodistas; y hasta Yamid y Gossaín, vendrían, látigo, o ‘flagrum’ en mano, para darles fuete por hijueputas e indecorosos a esos “periodistas”!


Alfredo Valdivieso. (*)
*Contra la pudorosa libertad de prensa y el lenguaje correcto yo, solo. me hago cargo y asumo los madrazos y palabras soeces.