Santander
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(Contrastes y actualidad).- El año venidero (pero empezando desde este año) conmemoraremos los 200 años de la Campaña Libertadora de la Nueva Granada, que engloba no solo la Batalla de Boyacá –la más importante por sus resultados− y la Batalla del Pantano de Vargas, sino una serie de acontecimientos que en realidad van hasta diciembre del año entrante.



La campaña hay que situarla, primero que todo, en los acontecimientos políticos que precedieron la gran marcha, y que se presenta con la convocatoria, instalación y desarrollo del Congreso de Angostura, abierto por el Libertador Simón Bolívar el 15 de febrero de 1819.

Reconocido Bolívar por todas las formaciones combatientes como Jefe Supremo de la República y Capitán General del Ejército Libertador de Venezuela y la Nueva Granada, la capital se instala en Santo Tomás de Angostura, desde la que, el 22 de octubre de 1818, se dicta el decreto que convoca a las elecciones de los diputados al Congreso, que debía instarse el 1º de enero del año siguiente, decreto que aparece publicado el 24 de octubre en el Correo del Orinoco.

El gran contraste político y militar podemos situarlo, primero que todo, en lo que aconteció en España: Tras ser liberado por las masas populares, que derrotaron militarmente a las tropas de Napoleón Bonaparte, en lugar de acatar y jurar la Constitución de Cádiz de 1812, redactada por la población para preservarle sus derechos como rey −a pesar de haber abdicado al trono−, Fernando VII , rey de España y las Indias, el 17 de abril de 1814 no solo no reconoció los logros de la lucha popular en su favor, sino que se apoyó en el primer golpe militar de España, encabezado por el general Francisco de Elío, para restaurar la monarquía absolutista, anular la Constitución y disolver las Cortes. Es decir el restablecimiento completo del antiguo régimen despótico, mediante el cual comenzó la febril incorporación de nuevas tropas para enviar a América, en lo que sería la expedición de reconquista y pacificadora comandada por Pablo Morillo.

Por el contrario, Bolívar, a pesar de  no existir más que dos territorios liberados en Venezuela, y la provincia de Casanare en Nueva Granada (actual Colombia), sí como algunas guerrillas aisladas, mediante un acto democrático, unitario e incluyente convoca a unas elecciones, que se llevan a cabo en las parroquias y en las filas del ejército (verdadera democracia en armas), para elegir los diputados encargados de cimentar la legalidad y la estructura del todavía inexistente Estado. Por eso nosotros deberíamos celebrar ese primer hecho, los 200 años de la convocatoria política, el próximo 22 de octubre, con actos de variada naturaleza.

La mayoría de esos diputados (incluyendo cinco en representación de Casanare), se reúnen en la instalación del Congreso de Angostura –otro acontecimiento que debemos conmemorar y celebrar por lo alto− el 15 de febrero de 1819 en Angostura, donde Simón Bolívar pronuncia su célebre y vigente Discurso de Angostura, el que vale la pena volver a estudiar, por todo lo que tiene de vigente e identitario, y que establece los fundamentos de lo que sería la Constitución de la República de Colombia, adoptada en las sesiones del mismo Congreso en diciembre de 1819, tras haberse alcanzado el triunfo en la Batalla de Boyacá, que dio la libertad definitiva a la Nueva Granada, a cuya capital, Bogotá, sería trasladada la capital de la nueva República, integrada por Venezuela, Nueva Granada (hoy Colombia) y Quito (hoy Ecuador).

Debe ser propuesta de los sectores democráticos, avanzados, progresistas y revolucionarios encabezar la preparación de esa celebración y conmemoración, que pretenderá ser capitalizada por el bloque de clases en el poder −que ha usurpado la independencia política hasta nuestros días− y que seguramente se limitará a los hechos militares de las batallas de Pantano de Vargas y Boyacá, para exaltar al actual ejército, el que, mitológica y torcidamente, quiere ser mostrado como el “heredero” de las glorias y heroísmo del Ejército Libertador.

Bucaramanga, septiembre 13 de 2018.