Tolima
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Las recientes manifestaciones en Colombia y América volverán este 2020 y no están lejos. Ya el comando de Paro a nivel nacional anunció esta nueva etapa de lucha, y sin duda, el Tolima debe corresponder a ese llamado.



Que no se ilusionen los medios alineados al gobierno fascista de Duque, pensando que ya nadie va a protestar contra sus infames reformas. Al contrario, ahora debe fortalecerse y más cuando vemos como el vampirismo del Estado clavó nuevamente sus dientes en las venas de los más necesitados, con la antidemocrática reforma tributaria, que impuso a favor de los grandes ricos de este país.

Es hora de consolidar más la unidad, unir fuerzas en todos los sectores sociales que sufren las consecuencias de la explotación y el azote de la ultraderecha burguesa que pregona el odio y declara la guerra a su propio pueblo, a sabiendas que de él vive, pues este es quien lo elige.

La crisis económica prevista para este año contradice los acordado en La Habana, dejando aún más moribunda la paloma de la Paz.

La Reforma Rural Integral ha sido despedazada por la pretensión agroindustrial capitalista al servicio de los grandes empresarios industriales, aliados con la casta terrateniente, pero llevando un nuevo modelo de explotación de la tierra, a través del arriendo temporal, como ya sucede en Ronces y Dantas, Cajamarca, Espinal y otros municipios del Tolima, donde arriendan por una cosecha al campesino, la empresa explota la tierra y luego le da el tierrero contaminado de químicos.

A esto se suman las llamadas “zonas francas” alrededor de las ciudades, creando así una “despropiación” de la propiedad privada del humilde campesino, que luego de vender a una empresa, ésta de forma descarada, y con las leyes complacientes del Estado, permite la carestía de la misma colocándola a un valor incontrolable, mientras que el humilde campesino termina engrosando los cordones de miseria, como vemos en Ibagué.

¿Dónde están las administraciones, los políticos, las promesas de campaña?

El panorama político del Tolima deja ver la maniobra de engaño de quienes oprimen a nuestro pueblo, la gobernación del Tolima en manos del barretismo, no está interesada en apoyar la implementación del Acuerdo de La Habana, ni la Reforma Rural Integral. Por ejemplo: los PDET en el sur del Tolima quedaron en el olvido, y su implementación es un desastre.

Ni los líderes del Centro Democrático, ni Barreto, ni Orozco, van a cumplir o facilitar la implementación de los PDET, esperanza de miles de campesinos, sencillamente porque no son campesinos y defiende su casta terrateniente y explotadora en el departamento.

Aliados con Duque no van a desarrollar los compromisos de esta herramienta, mucho menos la titulación de las tierras, ni el fondo de tierras para quienes no tienen donde trabajar.

Roncesvalles es un municipio que requiere urgentemente la intervención de estas agencias para la titulación de las parcelaciones, que los campesinos luego de más de 20 años de lucha no han podido tener.

Lo mismo sucede en Rovira, veredas como San Roque, Altamira, Florestal, Puracé y muchas otras están sin títulos de propiedad de la tierra.

Cajamarca no es la excepción de este fenómeno, al igual que otros municipios, pero ¿qué decir de la doble calzada?

La crisis generada a través de la construcción de la doble calzada desde Melgar hasta Cajamarca, aunque ha facilitado de cierta manera la movilidad, poco es el beneficio para las comunidades. Un ejemplo es Gualanday, la gente allí no tiene de qué vivir, los veranos son sumamente fuertes, de manera que las cosechas no son un sustento.

En las condiciones en que viven no hay desarrollo, porque el gobierno no se lo ha facilitado. Por ello la gente vivía de las artesanías, ciertas frutas y los tradicionales bizcochos de achira, pero ahora con los dos puentes construidos el pueblo de Gualanday quedará en la ruina y tiende a desaparecer como una alternativa económica.

En Cajamarca la doble calzada acaba con nuestros ecosistemas ante la mirada cómplice de CORTOLIMA y todas las llamadas “autoridades ambientales” del Estado, que ven como destruyen cultivos y cavan túneles, sin importarles la vida de los nacimientos de agua y la conservación de los ecosistemas.

CORTOLIMA no está jugando su papel, no es sino ir a Boquerón y coger la vía a Coello, para mirar el relleno de tierra y escarbados que están haciendo con las poderosas máquinas para construir una vía que a quien más va a beneficiar es a las grandes empresas y multinacionales, que a través de los tratados de libre comercio se llevan nuestras materias primas y traen productos importados, arruinando nuestro precario mercado interno, donde no tenemos quien nos defienda, ya que el gobierno hace parte de ese empresariado voraz.

Las cadenas de supermercados arruinan los pequeños y medianos productores, trátese de campesinos, artesanos, sastres, talabarteros, mecánicos, etc.

Justo y bueno, Ara, D1, Metro, Makro, Zurtiplazas, APQUA entre otras, ahogan el mercado campesino ya casi desaparecido de esta ciudad.

Tolimenses analicemos cada quien nuestra situación económica y veamos que la crisis en la que vivimos nos debe llevar a organizarnos para resistir.

El llamado es a que las comunidades campesinas y organizaciones agrarias se movilicen en estas nuevas jornadas junto a los sectores ambientales, los estudiantes que han venido demostrándonos su valentía y tenacidad en la lucha, junto a los jóvenes, los que estamos en la reincorporación, los sectores de la salud, educación, indígenas, afros, vendedores ambulantes, sindicatos, amas de casa, arrendatarios, víctimas del Estado, comunidad LGTBI, asociaciones de mujeres y todos los que sufrimos las represiones económicas de esta oligarquía.

A las calles este 21 de enero, atentos al llamado de los organizadores. Mientras vivamos podemos luchar, para que cuando muramos nos recuerden con la semilla que sembremos en las nuevas generaciones.