Tolima
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El triste y vergonzoso espectáculo presentado en Bogotá, los días 30 y 31 de enero, de no poder reunirse en un mismo salón todos los delegados y delegadas de los sindicatos, organizaciones populares, campesinas, indígenas, estudiantes, artistas y políticos, no puede repetirse. Es más: Si hay realmente algo de compromiso consecuente en estos cuadros nacionales, sería pertinente pedirle perdón al pueblo colombiano brutalmente engañado, explotado y amenazado de muerte, fundamentalmente por el establecimiento, por este proceder tan injusto y desesperanzador. Resulta imposible creer que en semejante trance que vive la nación, no se asuma con sindéresis y conciencia de clase el momento histórico que estamos viviendo, dejándonos arrastrar por los acantilados del sectarismo, el grupismo y los mezquinos cálculos personalistas. ¡Qué vergüenza!



Postura de esta naturaleza refleja poco reconocimiento al comportamiento heroico de los trabajadores y pueblo en general, que con sacrificio, con lágrimas, sudor, sangre y muertos, han enfrentado a este régimen criminal con decisión y coraje. Se demuestra una vez más la vigencia  del planteamiento de Jorge Eliécer Gaitán al decir: “El pueblo es superior a sus dirigentes”.

Es urgente una profunda y radical autocrítica de cara a las bases, con la mayor honradez, profundidad y objetividad. El pueblo siente la necesidad de pelear en las calles por sus propias reivindicaciones, necesita una orientación única, centralizada, democrática y honesta, donde cada cuadro nacional esté al frente de la protesta y no simplemente haciendo cálculos personalistas y conciliadores.

No estamos demandando unanimismo, estamos exigiendo unidad, grandeza y sinceridad para conducir la gran batalla contra el modelo neoliberal y el régimen capitalista. ¿Acaso, no dimensionamos lo que está sucediendo? Todos los días hay un líder popular, sindical o político de izquierda asesinado en Colombia. Colombia es el Caín de América. Hay nueve bases militares gringas en este país apuntando a todos los pueblos del continente y del mundo que quieren liberarse del yugo imperialista. Niños de extensas regiones del país, se están muriendo de física hambre. El militarismo disfrazado de paramilitarismo promueve el terrorismo de Estado, la violencia y la represión a lo largo y ancho de la nación. El sub presidente les sube los impuestos a los pobres y se los baja a los ricos, a las multinacionales y transnacionales. El fracking, la megaminería a gran escala acaba con la pacha mama, las montañas y contamina el agua. La corrupción en las alturas del poder alcanza índices dramáticos. Adiós a las pensiones. Estamos sin salud preventiva, sin educación de calidad, sin empleo, sin libertad y sin democracia. Estamos como el general en su laberinto, como dijera Gabriel García Márquez.

Señores cuadros nacionales, ¿Esto no les dice nada? ¿Es más importante la lucha de estómago, la simple lucha reivindicativa? ¿Es más importante arañar un ministerio como lo hizo la familia Garzón en su momento? No estamos proscribiendo la contradicción, por cuanto ésta es la base del desarrollo. Estamos mirando con preocupación es que pareciera que no tuviéramos iniciativa y desprendimiento personal y grupista. No estaríamos mirando más allá de la nariz, sino como voy yo (CVY).

Nadie desconoce la complejidad de la unidad. No es fácil. Pero, tampoco es un imposible como lo están sugiriendo prácticas de esta naturaleza. No estamos en el siglo X, estamos en el siglo XXI. Acaso, ¿No asumimos que somos dialécticos?

“El pasado encuentra nacional nos deja la tarea de avanzar por la unidad y por más amplitud del proceso. Se requiere de mayores esfuerzos para desarrollar una estrategia colectiva de conducción. No es el momento de sectarismos; es el momento de construir consensos con la mayor amplitud, tampoco es el momento de dudas; debemos reconocer y valorar, tanto los acumulados y la resistencia heroica del sindicalismo, como sus aportes a la lucha del proletariado”, dice el editorial de VOZ La verdad del pueblo y agrega: “Los comités departamentales de paro deben convertirse en los potenciadores del trabajo de los sectores sindicales, sociales y populares e identificadores de nuevos sectores susceptibles de ser integrados al trabajo regional para ampliar la influencia en las municipalidades y captar líderes que coadyuven en la elaboración de pliegos regionales y en el diseño de los planes de acción”.[i] También propone el editorial materializar un Frente Amplio con reglas claras y un programa mínimo de acción.

Lo cierto es que los que somos de base no podemos desmoralizarnos. Por el contrario. Empujar la lucha revolucionaria y consecuente en busca de reivindicaciones sociales, económicas, pero también políticas. Hay que hacer un balance detallado para saber quién es quién y señalarlo si éste no tiene capacidad crítica y autocrítica y por el contrario, asume una postura oportunista y lentejuela. Nada de pánico. Nada de vacilaciones. Hay que reconocer los cuadros nacionales consecuentes con su clase social, que sí los hay. Apoyarlos y continuar la marcha. Esos cuadros divisionistas se irán desgranando como se desgrana la mazorca quedando a la vera del camino sin pena y sin gloria. Hay que volver a leer a los clásicos del marxismo y del leninismo y los grandes sindicalistas que nos ha dado la historia. Alimentando la ideología, alimentamos la lucha sindical consecuente. No hacerlo así, es dar palos de ciego y contraponer el interés personal sobre el colectivo.  

[i] Semanario VOZ La verdad del pueblo. Edición 3014 semana del 5 al 11 de febrero de 2020.  Página consultada 5.