Tolima
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La dramática situación que vive el pueblo colombiano con las políticas neoliberales impuestas por el gobierno de Iván Duque Márquez, exige del sindicalismo en su conjunto máximo compromiso y coherencia, lealtad y compromiso revolucionario. No es tiempo ni de vacilaciones o posturas ambiguas divisionistas. Avanzar en la diversidad nos compromete a hacer un verdadero esfuerzo para hallar en ella fortalezas y serio compromiso con la menguada clase trabajadora y el pueblo en general.



Indudablemente, el sistema imperante en Colombia tiene muchos visos de fascismo y eso nos debe llamar la atención para ser más consecuentes con las posiciones, las cuales deben rebasar el interés personal y grupista colocándose a tono con el interés supremo del pueblo secularmente engañado y explotado.

De igual manera, no estamos enfrentando “un tigre de papel” como diría en su momento el Moir, estamos enfrentando un régimen violento, corrupto, criminal, que hace todo lo imposible por no perder sus intereses de clase. Un sistema desuso respaldado por la potencia imperialista de Estados Unidos.

En esas condiciones, debemos descartar la concertación y conciliación como algunas organizaciones sindicales y partidos políticos socarronamente lo vienen sugiriendo, al parecer más con un interés electorero que político. A eso no podemos caminarle. ¿Qué podríamos conciliar con esta criminal oligarquía y concretamente con este  presidente tan débil, inseguro y mediocre?

Hay que hacer esfuerzos reales en dirección de cerrar todo tipo de divisiones. Fortalecer la democracia sindical y aumentar la formación política e ideológica. Definir claramente si estamos por maquillar a este régimen o derrotarlo para forjar uno distinto que interprete el interés colectivo de todos y todas.

Hablar clarito, sin ambages y de cara a las bases, nos ayudará a definir qué es lo que realmente queremos como dirigentes sindicales y hasta donde queremos llegar.

La agenda que nos debe aglutinar a todos y a todas, más que caracterizarse por la cantidad, se debe caracterizar por el contenido, un contenido concreto que recoja el interés colectivo del pueblo colombiano. El punto central debe ser exigirle al gobierno nacional que pare el baño de sangre contra los líderes sindicales, populares, campesinos, indígenas y afros. El terrorismo de Estado debe parar ya. ¿Cómo puede haber negociación cuando el gobierno no responde, y por el contrario, niega el genocidio que se viene desarrollando en Colombia?

Respetar el acuerdo de la Habana, es algo tan elemental y tan necesario para aclimatar la paz en el país, tanto como conocer la verdad, justicia, reparación y compromiso de no repetición en el marco de esta cruda violencia que ya supera los 60 años. La soberanía nacional resulta vital. Poco se hace referencia a las nueve bases norteamericanas en el país. Al parecer estos líderes sindicales no se han dado cuenta de la gravedad y del hecho mismo que el país se ha convertido en cabeza de playa para agredir a cualquier país del continente y del mundo, exponiendo la nación, a su vez, a cualquier reacción por parte del país agredido por el imperialismo de Estados Unidos. La lluvia de bombas y misiles no caerían en territorio de Estados Unidos, caerían en el corazón de Colombia.

Todos estos aspectos hay que tenerlos en cuenta para estimular la unidad sin sectarismos y sin ambigüedades y asumir la movilización en el 2020 con espíritu amplio, unitario y combativo. Hay que ayudar a madurar las condiciones para un paro nacional indefinido. Nada de conciliación, el camino es la confrontación con la permanente movilización callejera.