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Tolima
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El escándalo sobre el coronavirus se dispara con ímpetu descomunal presentándose como un insuceso mundial. El poder mediático aceitado con millones de dólares, seguramente hace su tarea de la manera más morbosa posible. Rápidamente la histeria colectiva se hace realidad en los barrios y las veredas más apartados y apartadas de la “civilización”, repitiendo el alienado y despistado receptor lo que los medios dicen con qué sensacionalismo como si fueran médicos de profesión.



Hasta el momento no hay la certeza de que el fenómeno sea mundial, sería más exacto decir que se presenta en los países capitalistas que están bajo la férula imperial de Estados Unidos. La bullaranga de estos, tratan de hacer creer que el coronavirus surgió de la noche a la mañana en todo el planeta, lo cual al parecer no es cierto.

Lo cierto es que la humanidad, bajo la égida imperialista del coloso del norte, se encuentra al filo de un colapso total. Viene siendo bombardeada sin contemplación alguna por el poder mediático y el siniestro plan imperialista de Estados Unidos. Más que una pandemia viral, lo que hay es una pandemia imperialista con intereses económicos y políticos, fríamente calculados. ¿De cuándo acá Estados Unidos se volvió filántropo para ordenarle al sumiso presidente colombiano – por ejemplo – tomar las absurdas medidas que viene tomando?

Suena más estas decisiones imperialistas a un espaldarazo al corrompido y corrupto modelo neoliberal liderado por un presidente ilegítimo y fraudulento que compró la presidencia con dineros calientes del narcotráfico como ha venido saliendo a flote a cuentagotas. Iván Duque Márquez es un presidente indigno que no merece estar en el solio de Bolívar. La marioneta del narcotraficante número 82, Álvaro Uribe Vélez, debe dejar la presidencia y responder en los tribunales. Es algo evidente que entra a un segundo o tercer plano por el cuento espeluznante del “mágico” virus.

En realidad, estamos ante una nueva crisis cíclica del capitalismo. Crisis que seguramente caerá en la espalda del pueblo una vez más. Sin embargo, una crisis que seguramente acercará más al capitalismo a su sepultura. Sus artimañas engañaran a muchas personas, pero no a todas. ¿Quién pagará la publicidad de esta epidemia? No serán los capitalistas, por cierto, será el pueblo una vez más.

Hay que ir clarificando y determinando responsabilidades de la pandemia, si es que existe realmente. Se dirá con toda seguridad que el responsable es el pueblo por no saber bañarse las manos, asear su casa y colocar en práctica las recomendaciones del desprestigiado gobierno nacional. Con toda seguridad no habrá autocrítica del régimen capitalista para decir que la responsabilidad de la hecatombe es fruto de decisiones políticas tomadas en el parlamento. La clase dominante se lavará las manos como Pilatos y responsabilizará al pueblo de una tragedia que poco y nada tiene la culpa.

No se dice nada de los miles de niños que mueren en el capitalismo de física hambre, de los millones de seres humanos que diariamente toman aguas contaminadas, nada de las multinacionales que contaminan a diario el medio ambiente, nada de la política criminal que encarna la ley 100 de 1983, obra insigne del señor Álvaro Uribe Vélez. Nada de los millones que se roban los funcionarios que tienen su responsabilidad de alimentar a los niños; nada del glifosato y demás químicos que se expanden a diestra y siniestra sin control alguno; nada de la brutal explotación del hombre por el hombre; nada de la destrucción del medio ambiente.

Mirar para el otro lado

De una manera marrullera, astuta, sagaz, leonina, el capitalismo nos hace mirar para otro lado con aspaviento. Niños, jóvenes, ancianos, hombres y mujeres, solo hablan del coronavirus. Temas cruciales han quedado en un segundo plano. El genocidio sigue común y silvestre; la corrupción; la ilegitimidad del gobierno nacional de Iván Duque Márquez; el narcotráfico; el accionar del binomio militar-paramilitar; el concierto de reformas antidemocráticas siguen su curso normalmente; la entrega de enormes regiones a las multinacionales y transnacionales; el incumplimiento del acuerdo de la Habana entre las FARC – EP y el Estado. La campaña mediática opacó todos estos temas.

Todo indicaría que morir por hambre, desnutrición o “plomonía”, no es problema en el capitalismo; el problema sería morir por coronavirus. Eso sí sería grave, doloroso e imperdonable. Cómo nos manipulan de fácil. El gobierno dice: El pueblo debe inmovilizarse, no protestar, no movilizarse. En cambio el binomio militar-paramilitar sí, la carestía sí, el alza de impuestos sí, el terrorismo de estado sí y así sucesivamente. ¿Cuál es la esperanza? La esperanza es que el capitalismo está en su ocaso y podrá engañar a muchos, pero no a todos. Con todas estas patrañas, los días del capitalismo están contados y el advenimiento de un sistema con verdadero rostro humano se vislumbra allá, en la distancia, viene con mucha fuerza y contundencia. Ayudemos en este proceso. No coma cuento.