Tolima
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De acuerdo a la Constitución Nacional y el Código Penal vigente, la cárcel es un espacio para la resocialización y la purga de errores cometidos por el ser humano. Se sobreentiende que el hombre no es perfecto y está expuesto a cometer errores de distintos tamaños y consideraciones. También se admite que tiene la posibilidad de reivindicarse y pagar por sus fallas, siempre en condiciones dignas y humanas. Pero, en Colombia no se cumplen estos preceptos, las cárceles son verdaderos infiernos donde se les viola a los internos, los más elementales Derechos Humanos.



Empezamos por decir que las prisiones en Colombia, son para el pueblo, la gran oligarquía tiene Casas Fiscales, sitios comparados con hoteles cinco estrellas. Al parecer ni un solo de sus derechos le es conculcado. Incluso, tienen toda la libertad para seguir delinquiendo y su estadía allí, le representa prestigio para asumir nuevos roles, muchas veces de más envergadura. La mayor votación que tuvo el senador Alberto Santofimio Botero, fue cuando estuvo preso por sus nexos con el narcotráfico, por ejemplo.

 
Pandemia del Coronavirus
Ahora, con la pandemia del COVID – 19, sale nuevamente a la luz pública el drama de los detenidos en estas mazmorras del régimen. La situación se torna dramática para esta comunidad, sin que el gobierno nacional asuma una postura consecuente y medianamente humana con ella. Claro, no ha tenido consideración con el pueblo que divaga por calles y veredas, menos con esta población estigmatizada y confinada en las peores condiciones. “La cárcel es otro mundo”, dijo un detenido por estos días. “No contamos todo para no angustiar a la familia”, agregó.

El pasado 21 de marzo, se realizó una protesta en varias cárceles del país. En Bogotá hubo muertos, heridos, golpeados y gaseados. En la penitenciaría Picaleña de la ciudad de Ibagué (Tolima), también hubo protesta en varios pabellones. Al parecer el director del INPEC en esta sección del país no se da por enterado de la problemática de la población prisionera en condiciones inhumanas, antihigiénicas y hacinadas en grado sumo. Celdas que tienen capacidad para cuatro personas, hay seis, por ejemplo.

El preciado líquido llega de vez en cuando y solamente media hora, generalmente de 5:30 a 6:00 de la mañana. En ese lapsus de tiempo el interno debe bañarse y recolectar el agua para las demás actividades. Es realmente un absurdo. Se dice que en Picaleña hay cerca de nueve mil internos. El derecho a la hora de sol, prácticamente no existe en esta prisión, señala un detenido que logró comunicarse vía celular.

“El “caspete” (la tienda) es un mar de tristezas”, agrega el detenido. “No hay que comprar algo que sea nutritivo, solo golosinas y exageradamente costosas. El cupo máximo es de $52.000, oo. Con dos o tres cositas se completa este cupo. Nadie da una explicación razonable”. Según el detenido, “para atender a la visita, es lo que el INPEC diga, no lo que uno quiera comprar o pueda”. “Todos parecemos de raza amarilla”, dice.

“Tenemos derecho a médico solo cuando ya estamos jeteando, cuando prácticamente ya no hay nada que hacer. En estos momentos hay muchos enfermos, unos de diarrea, otros de gripa y nada que hay presencia del médico y la medicina. Esto, es otra cosa: A veces, viene el médico, receta y los medicamentos llegan dos y tres meses después. En otras veces, no llega. Uno se queda con la fórmula y la enfermedad”.

“Ahora, actualmente, hay varias mujeres embarazadas que ya cumplieron sus penas, necesitan su libertad, pero con el cuento del virus, los tribunales no están trabajando y concediendo la boleta de libertad. Consideramos que el sistema judicial tiene a estas personas secuestradas injustamente, expuestas al virus, pues no tienen tampoco las mínimas medidas de higiene como tapabocas, útiles de aseo, guantes, etc. Este clamor debe llegar a la Corte Suprema de Justicia. Incluso, estamos proponiendo libertad condicional. No queremos morir contaminados en completo estado de indefensión”, señala.

Las declaraciones de este prisionero, nos presenta una rápida radiografía de la cárcel Picaleña por dentro, un infierno, una bomba social latente que en cualquier momento puede estallar con consecuencias incalculables. La comunidad nacional e internacional, no pueden ser indiferentes, hay que exigirle al inepto presidente Iván Duque Márquez, una postura distinta, una postura medianamente humana. Los comités de Derechos Humanos también se deben pronunciar y exigir lo elemental: La defensa de los derechos humanos a que tiene derecho todo ser humano. En un país tan inseguro, violento y corrupto, nadie está exento de ir a prisión. Los únicos que están seguros de no ir, son los ricos. La solidaridad es la ternura de los pueblos. Movilicémonos: “Hoy por mí, mañana por ti”, es como el llamado angustioso que hace este prisionero.