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Tolima
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“El encierro debe servir para reflexionar sobre la necesidad de cambiar el sistema económico en Colombia”, señala el agrónomo tolimense, Carlos Henry Acosta Franco. Señala el veterano profesional que el gobierno nacional no tiene capacidad para resolver esta crisis, comenzando por reconocer el estado miserable en que se encuentra la salud, con médicos mal pagos y sin las más elementales normas de protección.



Carlos Henry Acosta Franco es un personaje polifacético. Además de agrónomo, es pintor, animalista y analista del diario acontecer del Tolima y de Colombia. En esta entrevista explica cómo ha venido paliando el encierro obligatorio. Además, analiza la situación del campesino, el papel del intermediario y acaparador y de la incapacidad del Estado por resolver esta cruda realidad.

La página web: www.pacocol.org pudo contactarlo vía celular. La entrevista es la siguiente:  

-         ¿Cómo viene manejando la cuarentena, doctor Carlos Henry Acosta Franco?

Me place oírlo, Nelson. Espero se encuentre bien junto con los suyos y a su vez, darle fortaleza a su espíritu de quien escribe permanentemente, diciendo cosas muy elegantes y acertadas de acuerdo al mundo que estamos viviendo. Sobre su pregunta, le digo que por ser mayor de 70 años de edad no puedo salir, ni a la calle, ni de la ciudad, entonces estoy dedicado a revisar los archivos de los lienzos que hecho. Hice una réplica en honor a la política de la república de Bolivia, de la gente que trabaja en el campo, la gente que tiene la costumbre de producir papa.

Entorno al encierro en sí, pienso que esto nos va a servir a trabajar más por la unidad, amarnos más y saber que no somos nada a la hora de la verdad, ni estamos produciendo nada en beneficio de la humanidad. Es el drama cotidiano del pueblo. El que tiene mucha plata, no  puede gastar de un día para otro todo, debe mirarse como se distribuye esa riqueza casi siempre mal habida entre los que realmente la necesita. Hay millones de colombianos en una situación muy precaria.

-         Una persona tan activa como usted, ¿Cómo viene asimilando este encierro?

Bueno, el encierro en sí no es problema. Sobre todos los que escribimos, pintamos, nos gusta la lectura. Por el contrario. Es la gran oportunidad de deleitarnos con estas actividades al lado de los seres queridos. Pero, lo que sí me da tristeza y preocupación es por todos esos millones de compatriotas que necesitan medios de subsistencia, porque no tienen con qué defenderse, solo tiene el día a día. No tienen lo que tenemos nosotros: Una pensión. Pero, tampoco esa gente tiene un trabajo. Ese pueblo es el que me preocupa en esta hora de zozobra y cuarentena. A ese pueblo hay que darle algo: No solo una comida, sino amor, afecto y, sobre todo, conocimientos para que rompan el analfabetismo y las cadenas de la opresión de un sistema perverso como es el colombiano. Hasta ahora no he escuchado un pronunciamiento serio de la gran oligarquía, los dueños del país. El gobierno nuestro es incapaz de resolver las sentidas manifestaciones del pueblo. No tiene asesores honestos y humanos.

-         Teniendo en cuenta que usted es agrónomo, ¿Cómo analiza la situación de los campesinos ibaguereños que traen sus productos con tanto sacrificio a las plazas de la ciudad?

El campesino produce sus productos en condiciones muy adversas, de acuerdo a sus propias capacidades para hacer producir la tierra. El transporte de estos productos es muy costoso y no alcanza a sacar ganancias, porque el intermediario es el que hace su agosto. Un campesino llega con una carga a la plaza de la calle la 21 – por ejemplo – y si no puede vender su producto a las cinco o seis de la mañana, tiene prácticamente que regalar su esfuerzo. Allí, lo están esperando los que roban a diario. El intermediario es el que coloca el precio y repito, se queda con las ganancias; el campesino con las peladuras, solamente.

Recuerdo la experiencia cuando se traía comida del Valle para Ibagué y la línea se tapaba, los carros que alcanzaban a pasar triplicaban el precio del producto. Se asumía una postura especuladora y oportunista. Eso siempre ha sido el golpe duro para el agricultor colombiano. El campesino que no tiene salud, ni educación, ni pensión, ni nada.

-         El pueblo colombiano está entre la incertidumbre: O lo mata el virus, el hambre o el terrorismo de Estado. ¿Qué le parece la disyuntiva?

Cierto. El campesino aguanta mucha hambre y en las ciudades también. El pueblo es alimentado pero de odios para que se mate por colores o ideologías. Mediante esta práctica de terrorismo se le quita la tierra al campesino. No hay sector más abandonado y explotado en Colombia que el campesino. Mientras esto sucede el gobierno se mueve en el gran negocio de las drogas y los ilícitos. Lo que se siente con este encierro obligado es que la gente está pensando en que se debe querer, se debe compartir. Nadie sabe cuándo se va a morir. Esto está muy complicado.

-         Desde su perspectiva profesional, ¿Qué debe hacer el pueblo colombiano para seguir paleando esta situación tan compleja?

Tiene que haber una seguridad de los campesinos, que son los que producen en Colombia. De igual manera, debe haber una relación ecuánime entre los comerciantes y los consumidores. Si seguimos en esta anarquía, repleta de corrupción, las posibilidades son mínimas, nulas. El problema central es que el Estado no tiene como prioridad al pueblo, su prioridad es su clase social. Así es muy complicado que brille la justicia.

No es un secreto que en Colombia la corrupción campea a diario. Mire usted, los mercados que viene entregando el gobierno. La línea predominante es la corrupción, en este caso la sobrefacturación y la misma calidad del producto, por ejemplo. En los supermercados hay fraude, hay “serrucho”. Si se roban los dineros que van para los niños. ¿Qué más se puede esperar? El gobierno a toda hora es pensando en robar. No hay conciencia y el Estado no castiga. Pero, cómo se va a castigar el mismo…

-         Interesante su propuesta de que el pueblo debe aprovechar este encierro para reflexionar seriamente sobre la necesidad de cambiar de modelo de sistema. ¿Cómo alcanzar esta utopía?

Es claro: El pueblo tiene la razón de lo que ha dicho y ha hecho hasta ahora. El problema es que con esta pandemia el pueblo está amordazado en casa y no puede salir en masa a protestar. Se la tiene que inventar para expresar su rechazo a la política criminal y entreguista del presidente Iván Duque. Si sale está condenado a pagar cerca de un millón de pesos. El pueblo está inmovilizado, pero la gran oligarquía no. El Estado viene asesinando al pueblo, al líder que pide la protección de los derechos humanos. Hay que ser optimista y mirar qué queda de esta pandemia del Covid – 19. La vacuna se puede llevar varios años su invención, pero no se está pensando en defender a la humanidad de este virus, se está mirando es el producido que generaría un medicamento de esta naturaleza. El gobierno no piensa en el ser humano, piensa en la fortuna.

-         ¿Considera usted que el gobierno nacional ha manejado la pandemia del Covid – 19 correctamente?

Cómo podría pensar uno así, cuando los médicos están totalmente desprotegidos en Colombia. Han sido lanzados a una batalla mortal sin la más elemental protección. Una salud privatizada. Hospitales cerrados. Los médicos no tienen seguro de vida. ¡Qué horror!

Cómo puede el gobierno nacional manejar esta pandemia si no hay estímulo a la ciencia, a la investigación. Estamos a merced de lo que hagan otros países. En Colombia se pierde la riqueza humana. El Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), lo cerró el entonces presidente Andrés Pastrana Arango. No hay estímulo ni posibilidades para que nuestros compatriotas salgan del país a estudiar.