Tolima
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La primera vez que Jaime Guaraca estuvo en Támaro (Marquetalia), fue en 1950. Era una región completamente selvática. Quizás por eso Charro Negro, escogió el lugar para reunir las familias y salvaguardarlas de las hordas militaristas-paramilitaristas que iban surgiendo en toda la región como peste desbordada.



Sin embargo, en tiempos de la Operación Marquetalia ya había fincas, porque durante el período de pacificación del Frente Nacional, un grupo de labriegos, entre ellos, Jaime Guaraca, habían derribado montaña y sembrado productos de pan coger. Jaime recuerda – por ejemplo – que los González eran propietarios de la finca Peña Rica, una finca muy bonita, dice, fruto del trabajo heroico de sus cinco hermanos. También hicieron una gran finca Isaías y sus hermanos, Isauro Yosa en el corazón de Marquetalia. No había en la Operación Marquetalia, tanta selva como decía con tanta alharaca José Joaquín Matallana, señala Jaime Guaraca.

El gobierno nacional, confiado en la criminalidad de José Joaquín Matallana, el mismo que había dado de baja a sangre y fuego a los bandoleros en el norte del Tolima, criaturas, dicho sea de paso, que el mismo estado había engendrado y amamantado con el único propósito de eliminar toda expresión liberal gaitanista, realmente tacó burro en el sur del Tolima, sencillamente porque en esta región había organización, formación política e ideológica y deseos de libertad y justicia para todos.

Dice Jaime Guaraca: “El gobierno tenía tanta ilusión que Matallana era el que nos iba a acabar a nosotros, como acabó con los bandoleros en el norte del Tolima, con Desquite, Sangrenegra, etc, porque fue Matallana el que los acabó. Llegó un momento en que lo metieron para el sur del Tolima, pero el gobierno no se daba cuenta que en el norte del Tolima había era bandoleros y, en Marquetalia, era un núcleo organizado con militantes comunistas, con una moral altísima para resistir. Por eso, no pudo, no pudo hacer lo que quería”.

Al ingreso violento del militarismo en la región, el campo quedó solo, las familias fueron arrancadas violentamente de su tierra y confinadas en los pueblos aledaños. La perversa teoría gringa de quitarle el agua al pez, se ponía en práctica en esta hermosa región colombiana, sacudida por el tableteo de las ametralladoras, las bombas enormes que caían como luces de bengala y fantasía, lo mismo que el Napalm que iba bañando los árboles, los animales y los seres humanos en un holocausto difícil de narrar. Al respecto, dice el comandante fariano: “Le quiero decir lo siguiente: Cuando nosotros quedamos móviles, el ejército recogió a todo el mundo del campo, de sus fincas a los pueblitos. A los indígenas Paeces de la región los ubicó al pie del cementerio de Gaitania y no los dejaba salir. Mató a unos que caprichosa y desesperadamente se salían de noche para irse. El ejército los mató. Entonces, no había relación con nadie, porque no había con quien. El campo quedó desolado, solo, solo”.

Durante un buen tiempo de lucha y resistencia campesina en esta región, la figura de Charro Negro brilló con luz propia. Su talento, formación política y militar generaba liderazgo y seguridad entre los campesinos y combatientes. Explica Jaime Guaraca: “Charro Negro lo asignaron desde el Davis, jefe de la comisión. Él salió con nosotros, después el camarada Marulanda, después del 13 de junio, de tanta cosa que hubo, se vinculó allí con el grupo que él traía y crearon una sola comisión, pero el jefe siempre era Charro Negro. Charro era de la resistencia de las cuatro dictaduras: Mariano Ospina Pérez, Laureano Gómez, Urdaneta Arbeláez y Gustavo Rojas Pinilla, que termina en 1957. Charro Negro alcanzó el grado de Coronel. Cuando eso se copiaban los grados militares. El camarada Marulanda era mayor, lo mismo que Ciro Trujillo”.

“Entre ellos no había ninguna diferencia. No he conocido otra gente que se trate y se entienda tan bien como ellos dos. Ellos eran como un par de hermanos. La única diferencia era que Charro era más bien para la parte política y en cambio el camarada Marulanda era lo militar. Siempre era a emboscar el ejército y a pelear. Charro era un hombre de varias características, pero ante todo muy fraternal y también muy respetuoso. Sí le gustaba tomar licor y bailar. Él le organizaba un baile en cualquier lugar, así fuera en el filo de una peinilla. No se le pasaba un 20 de julio, un San Juan, un San Pedro, una navidad, sin armar una fiesta donde estuviera. Era alegre, muy dinámico. Y una forma de tratar a su gente muy bien, trataba a la gente muy bien. Ese era Charro. Era morenito, un poquito trigueño. Mejor dicho: El clásico Pijao, porque él era de la cuna de los Pijao, era oriundo de Natagaima (Tolima); su padre había fundado una finca en la vereda Horizonte, entre Herrera y el río Cambrín. Allá mantenían trabajando todos. Era de origen Pijao”.

“A Charro lo mataron los liberales “limpios” cumpliendo un plan de la oligarquía colombiana. Era la primera víctima de importancia para el Frente Nacional y la primera víctima de importancia de pérdida para nosotros. En un plan conjunto del gobierno liberal de Alberto Lleras Camargo (El Muelón) y los liberales “limpios” de Mariachi, llegaron un lunes a Gaitania, lo encontraron y lo mataron. Eso hacía parte del Frente Nacional, porque el Frente Nacional, se creó con un plan secreto para ponerlo en práctica contra las organizaciones. Es el temor que me da a mí ahora con los diálogos de la Habana, porque se parece mucho”.

“A Charro Negro, lo matan en primer lugar por ser comunista. El sectarismo de los “mariachistas” era muy grande y la asesoría de los dirigentes liberales y conservadores, muy grande también, que no querían en esa época, como no quieren ahora que hayan comunistas y guerrilla en Colombia. No nos podemos equivocar: Ahora está lo mismo. Siempre es una orientación, que la escriben y la aprueban, ¿Dónde? Allá, en el Pentágono yanqui de los Estados Unidos. De allá, sale esa orientación para el pueblo colombiano. Los gringos no quieren paz. Ellos dicen: Si hay paz, se nos acaba la plaza de venta de armas que se está fabricando. Necesita que haya los conflictos, que hayan las guerras, que hayan las invasiones, para eso. Aún están armando gobiernos que no tienen guerra, que no tienen nada y les está vendiendo por millones de dólares en armas. Esa es la política norteamericana. En Colombia hemos sido víctimas de esa política norteamericana por varias ocasiones y la muerte de Charro Negro, hace parte de eso, que era en cumplimiento del primer punto que tenía el Frente Nacional contra el movimiento revolucionario.  A Charro Negro lo matan el 11 de enero de 1960, en Gaitania (Tolima).

El asesinato del comandante Charro Negro, naturalmente tuvo un gran impacto en el incipiente movimiento revolucionario que poco a poco iba naciendo con todas las dificultades del mundo. Sin embargo, los que tomaron el liderazgo tuvieron la sapiencia para asimilar el crudo golpe y avanzar en la gran utopía. Jaime Guaraca, subraya: “Las consecuencias fueron las que hasta ahora no se han resuelto. Ya dije: Es el primer muerto de ese plan. Cuando sucede eso, nos encontramos con el camarada Manuel. Él salió a la vereda Jordán, cerquita a Gaitania y yo llegué también ahí. En eso salió Isauro Yosa y nos reunimos los tres. Se acordó en esa reunión salir a poner en conocimiento a la autoridad de lo ocurrido. Se nombró al camarada Marulanda. Él salió a Neiva, fue a Ibagué. Habló con los mandos del ejército, alcaldes, curas, en las dos ciudades. Y en los dos lugares la respuesta fue la misma: El único que puede resolver eso y mediar, es el ejército. El ejército va para allá. Y entró el ejército. ¿Cómo entró el ejército? Con un guía nuestro: Mariachi. Mariachi estaba aquí, llegaba el ejército, inmediatamente Mariachi se iba retirando con su gente para otra parte sin problema alguno. El comandante del batallón Tenerife, el coronel Charry, volaba de aquí, donde estaba el ejército en el helicóptero y caía donde iba Mariachi, en una coordinación muy bien hecha, que demostraba para nosotros que eso era un plan”.

Y a pesar del hostigamiento militar y la traición de Mariachi, el movimiento continuó su marcha. Dice el comandante Guaraca: “Nosotros volvimos a salir a Gaitania estando el ejército. Pero, el ejército comenzó a reducirnos el espacio para movernos, empezó a prohibirnos la parte política, no podíamos intervenir en ninguna organización, ni siquiera en las que había en los campesinos. Cuando eso ocurre, el camarada Marulanda, dijo: “No salimos más a Gaitania”. Cuando dejamos de salir nosotros a Gaitania, el ejército aplicó otras medidas. Le voy a contar lo que hizo posible de que el camarada dijera no más a Gaitania. Estando el ejército allí, como a los doce días, nosotros salíamos a reunirnos con los campesinos cerca de Gaitania. Digo nosotros porque era él y yo que lo acompañaba. Un día salíamos para la reunión y nos vieron pasando la plaza y ahí mismo salió el mayor Torres y llamó al camarada Marulanda, que esperara que el coronel quería hablar con él. El coronel vino, no saludó, sino que se dirigió directamente al camarada y le dijo: “Manuel, tengo conocimiento de que estás haciendo unas reuniones y debes saber que el ejército está aquí y es la autoridad; nadie más puede decir sobre cosas que el ejército. Es para que suspenda ese tipo de reuniones”. El camarada Marulanda, le dijo: “Coronel, yo no puedo suspender esas reuniones, porque son los mismos campesinos que me piden que les explique qué va a pasar. Mataron a Charro, un dirigente que estaba haciendo tantas cosas aquí para la ciudadanía y vino el ejército, está aquí en el pueblo, suben  los de Planadas, los que atacaron aquí con armas al cinto, se meten a las cantinas, toman aguardiente, humillan a la gente y el ejército no ve nada, está aquí y no ve nada. La gente pregunta: ¿Qué va a pasar?” Vuelve y le dice el coronel: “Mire Manuel, yo lo que estoy es advirtiendo, que se dé cuenta que esas reuniones son subversivas y usted no puede seguir haciendo eso. Si continúa haciendo eso, el ejército se ve obligado a ponerlo preso en la cárcel”. Salió y se fue”.

“Desde ese momento, dese cuenta, semejante amenaza. Eso era lo que ellos querían. Nosotros seguimos a la reunión y a las dos o tres cuadras, el camarada me dice: “Jaime, se acabó la salida de nosotros a Gaitania, las intenciones que tiene esta gente contra nosotros, son negras, nos quieren joder y nosotros tenemos el deber de no dejarnos. Quiere que no hagamos reuniones y nosotros en este país tenemos que hacer millones de reuniones con campesinos, con todo el mundo, para preparar la toma del poder. Así es que no más a Gaitania”. No volvimos a salir. Después, otras medidas que toma es emboscarse en los entronques de los caminos. Salían de noche y se emboscaba a haber quién de nosotros bajaba para capturarnos, porque sí tenían la intención de ponernos presos o matarnos. Y siguió la situación así agravándose cada día más. Instalaban morteros en lugares dominantes y bombardeaban cerca de las casas y el camino que venía de Marquetalia. En 1962, decidió subir el grupo de cinco mil soldados a San Miguel”.

“Vuelvo a repetirle: Eso era un plan del gobierno nacional: Matar físicamente a los principales dirigentes campesinos. Era un plan del Frente Nacional. Así que el ejército ocupara con pretextos, las zonas que habían abandonado, una vez ocupadas las zonas que había abandonado, entonces comenzar a preparar condiciones para la toma de Marquetalia. En eso aplicaba acción cívica-militar, aplicaban todo, tratando de ganar a la gente, tratando de ganarse a los indígenas. Les regalaban azadones viejos, machetes viejos, peluqueaban gratis, sacaban muelas gratis, brigadas de salud, teatro, payasos…Todo eso lo hicieron con tal de conseguir adeptos. Mientras tanto, estaban preparando todo para la toma de Marquetalia. Realizaron un censo de la población de cada familia campesina, de cada casa, anotando: Cuántas reses tenía, cuántos cerdos, cuántas gallinas…Todo eso lo hicieron, previendo todo eso para el futuro, porque si en el futuro aparecía una res en una finca de las que había censado que no tenía la referencia, ni la marca que figuraba allí, esa res era considerada de la guerrilla, la cogía el ejército y se la comía. Al fin y al cabo se comió todo. El ejército se comió todo lo que nosotros habíamos trabajado”.

El ambiente era cada vez enrarecido. La presión militarista iba en aumento. Cada vez limitaba más y más el espacio a los campesinos. Así, Jaime Guaraca y demás compañeros de lucha no volvieron a salir a ningún caserío. Cambiaron la táctica: Enviaban a sus mujeres a hacer mercado para la semana. Jaime, recuerda: “En una de esas salidas de las mujeres, casi matan a un poco, porque fue el tiempo en que el ejército en Gaitania, organizó un grupo paramilitar al mando de Alirio Salcedo, grupo que subía e incursionaba, atacaba casas, mataba indígenas y el último día de un ataque, atacó la casa de Darío Lozano, en San Miguel, y, hasta ahí habían subido las mujeres el domingo, que iban con la previsión para sus casas. No las mataron porque Lozano había hecho una cajuela y salía lejos de la casa. Cuando sintieron el ataque, todos se fueron por ahí. Por eso, no las mataron, pero quemaron la casa con todo, ese grupo de paramilitares. Dese cuenta todo lo que hacían contra nosotros y nadie veía nada, ni nadie se acordaba de que también nosotros éramos seres humanos”. (Continuará)