Tolima
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El momento histórico que vive Colombia está plagado de contradicciones, de sucesos vertiginosos que hay que analizar para poder dimensionar e interpretar esta cruda realidad que brilla bajo el firmamento de esta nación sudamericana tan golpeada por la violencia, especialmente por el terrorismo de Estado.



La complejidad no admite discusión. Lo real es que gústenos o no nos guste, sepamos o no sepamos, la realidad se hace latente con una masa amorfa acosada por los aparatos ideológicos y represivos de la clase dominante. Los procesos son inexorables, inevitables, no se detienen, como para uno indagar, preguntar, contra preguntar o quizás opinar. Vamos a velocidades inverosímiles. En la marcha fatigosa hay que dinamizar la contra propuesta hegemónica en la utopía que la clase dominada pase a ser la clase dominante.

No hay ni tiempo, ni espacio, ni condiciones democráticas para procesar un solo hecho. Lo que ayer era nuevo, hoy es viejo y lo que mañana sea nuevo pasado mañana seguramente será nuevamente viejo y así sucesivamente. Sin embargo, vale advertir que esta dinámica no es cíclica en donde uno pudiera decir o llamar: “Círculo vicioso”. Nada de eso. Dos hechos no son iguales, así sean parecidos. Los desarrollos serán en otro escenario seguramente diferente al anterior tanto en el terreno cuantitativo como cualitativo.

Tampoco se puede admitir que siga una dinámica lineal y en una misma dirección. La dinámica está caracterizada por los sobresaltos. Es decir, los avances y los retrocesos. Su majestad la contradicción explica en grado sumo el desarrollo. Contradicción – por ejemplo – entre lo que nace y lo que muere, entre lo nuevo y lo viejo, etc. Nada resulta absoluto. Es decir, dado de una vez y para siempre, por cuanto todo está en movimiento. Quizá se podría decir que lo absoluto sería el movimiento. El reposo sería una forma de movimiento.

En el terreno político

Por eso resulta erróneo decir que todo el que se declare de izquierda es de izquierda. Igualmente, todo el que se declare de derecha es de derecha. Soy ateo. Pero eso no me impide traer a colación una cita bíblica para explicar lo que quiero decir. “No todo el que dice: Señor, Señor, entra al reino de los cielos. Entra el que hace la voluntad del Padre que está en los cielos”. Incluso, hay otra frase más contundente: “Por sus frutos los conoceréis”.

En alguna oportunidad creo que el padre Frei Betto, si no estoy mal, comparó al heroico guerrillero Ernesto Che Guevara con Jesucristo. Muchos religiosos no dudaron en colocar el grito en el cielo, calificando con los peores epítetos al religioso, empezando por la alta y burguesa jerarquía eclesiástica. ¿Comparar al Maestro con un Guerrillero? Qué despropósito.

El Che amó la humanidad al extremo de dar su vida. ¿Jesús no hizo lo mismo? El Che fue asesinado por la clase dominante. Jesús también fue asesinado por la clase dominante de su época. El Che renunció a la opulencia, a la mentira y al oportunismo. ¿No hizo lo mismo Jesús? Bien dice el dicho: “Por la verdad murió Cristo.

Reina la confusión. Reinan los antivalores en Colombia. Aquí, los malos son los buenos y los buenos son los malos. La guerrilla es el ogro y los paramilitares los muchachos, dice Uribe Vélez. Esa mentira repetida mil veces en los medios de comunicación termina siendo “verdad”. Inconscientemente, la masa amorfa termina repitiendo maquinalmente la ideología de la clase dominante.

Quizás lo más emblemático se dio con el famoso referendo en octubre de 2016, para convalidar los acuerdos de la Habana. La cuestión era elemental. Incluso, una pregunta tonta: ¿Quiere la paz o quiere la guerra? Pues casi 22 millones de colombianos no dijeron nada, mascullaron en silencio su frustración, su desconocimiento y su analfabetismo político. Una minoría dijo no, queremos la guerra y una minoría más pequeña dijo que la opción era la paz pero como a tientas como cuando uno dice: “A  santa rosa o al charco”. Una ínfima parte pudo tener claro lo que se buscaba y se busca con este proyecto en marcha. A mucho de ellos han venido asesinando, en una forma silenciosa con la misma negación del gobierno que suele decir a través de su ministro de Defensa: “El paramilitarismo no existe, es cosa del pasado”, mientras que el gran rumor que recorre las calles y las veredas dice otra cosa bien distinta: “El gobierno nos paga y de paso estamos esperando que ellos entreguen las armas para comenzar la fiesta”. Podría ser un rumor y ojalá lo sea. Pero el dicho popular, dice: “Cuando el río suena, piedras lleva”.

La lucha de clases es evidente. La correlación de fuerzas resulta el gran problema. Pero, la idea no es esperar a que haya suficientes condiciones objetivas y subjetivas para crear una correlación de fuerzas a favor de la clase dominada en Colombia. Esta no se dará por inercia. Hay que crearlas. No hay una sola vía para crear esas condiciones. Hay muchas que hay que estudiar en la práctica, en la acción. No podemos detenernos únicamente a teorizar por teorizar. Hay que combinar acertadamente la teoría con la práctica. Decir y hacer.

Esa infamia que la guerrilla es terrorista, asesina, criminal, etc que se ha impuesto en Colombia a sangre y fuego, aprovechando el analfabetismo político y el desconocimiento de la esencia y naturaleza del capitalismo, se tiene que pulverizar con la verdad que indica que la guerrilla son seres humanos de carne y hueso, que no tuvieron otra alternativa que armarse para salvar sus vidas y la vida de muchos campesinos y campesinas durante más de 52 años de desigual y heroica lucha.

Cambiar la cultura de la guerra por la cultura de la paz no es tarea fácil, tampoco se dará de la noche a la mañana. Será todo un proceso duro, complicado, complejo y dinámico con avances y retrocesos, pero siguiendo las manecillas del reloj. La historia no se equivoca. Los cambios se van dando poco a poco, en la medida que todas las izquierdas entendamos que hay que hablar el mismo idioma, alrededor de un programa común, unas reglas de juego claras y una convicción real en no solamente contemplar la realidad sin transformarla.

La otra versión acerca de las Farc – Ep no es más que una elemental cartilla que contiene las declaraciones de unos comandantes guerrilleros que presentan honestamente su versión, esa versión ignorada y tergiversada constantemente en los medios de comunicación. Es una iniciativa colectiva que se fundamenta en lo dicho por el comandante Fidel Castro en las Naciones Unidas en 1979: “Basta ya de palabras, hechos”.

La idea entonces, no es quedarse en el aposento imaginándose hacer grandes cosas por desalienar al pueblo colombiano. La idea es estar en la calle, en la vereda tejiendo metodología en la práctica. Es decir, diciendo y haciendo. Como diría Platón: “El que lee y lee y no practica es como el ara y ara pero nunca siembra”. Con errores y aciertos, esta cartilla va de mano en mano, con las más diversas opiniones. De eso se trata. El folleto abre camino. 

Gráfica pie de foto.- Folleto que abre camino. Mientras la protesta de docentes, docente lee animadamente el folleto. Foto Nelosi.