Tolima
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Imelda Daza Cotes ha dedicado toda su vida a luchar por su clase social sin medir consecuencias, observando una conducta intachable, un carácter regio y un profundo humanismo a flor de piel. Ha pelado el dolor con asombrosa reciedumbre.



El hecho de ser la única sobreviviente de siete concejales y un diputado de la Unión Patriótica, que ganaron las elecciones de 1986 con 6900 votos en el departamento del Cesar, da una idea clara de su talante, su firmeza y sus profundas convicciones ideológicas y políticas.

Su infancia tiene relación con las ardientes tierras de Villanueva, en la Guajira, tuvo allí la oportunidad de niña de sufrir en carne propia la ausencia del Estado, la soledad sonora y la incubación de la indignación que produce la desigualdad social tan acentuada en Colombia y en particular en esta vasta región caribeña.

Economista egresada de la universidad nacional, contribuyó decididamente a la fundación de la universidad Popular del Cesar, demostrando así su interés por la formación académica para todos y todas, sin privilegios de ninguna naturaleza.

Su primer empleo en el INCORA lo perdió al ser acusada de agitar las masas campesinas por la justa distribución de la tierra para quien realmente la hace producir. El empleo no fue impedimento para luchar decididamente en favor de los intereses colectivos de los habitantes de la región. (Esto es bueno destacar por cuántos tantos líderes que venden su lucha por un puesto burocrático o una dádiva del régimen).

Lideresa política

Fue concejala de Valledupar por el Nuevo Liberalismo, inicialmente. Posteriormente, se unió con el médico José David López Teherán y Ricardo Palmera, fundando el movimiento cívico popular: “Causa Común”.

La iniciativa del presidente Belisario Betancur Cuartas de abrir el diálogo con el movimiento guerrillero de las Farc-Ep, motivó a Imelda a participar activamente pensando seriamente en la necesidad de la reconciliación nacional. En esas condiciones, Causa Común, Partido Comunista, Coordinadora Obrera Campesina Popular y Moir, se unieron para participar activamente del proceso. La gran confluencia de fuerzas políticas, campesinas y populares, fue infiltrada por los esbirros criminales del régimen, especialmente el DAS y F2.

En esas condiciones, el lanzamiento de la Unión Patriótica en Valledupar (Cesar), ocurrió el 16 de junio de 1985. El impacto fue grande. Imelda sale elegida concejal nuevamente, ahora por la Up, pero desafortunadamente, no puede ejercer sus funciones ante el disparo inexorable del terrorismo de Estado.

La orgía de sangre humilde, popular y campesina comienza a bañar esta hermosa región colombiana. Antonio Quiroz, Jairo Urbina Lacouture, José Francisco Ramírez y Marcho Sánchez, entre otros. Imelda sabe que está en la mira del binomio militar-paramilitar. Las amenazas no se hacen esperar, son frecuentes y cada vez más intensas. Sale desplazada para Bogotá, una ciudad gélida, melancólica y solitaria. Habría que dimensionar el dolor de Imelda al salir de su entorno, un ambiente cálido, alegre y fiestero para caer en la “nevera colombiana”.

Las amenazas no disminuyeron allí. Por el contrario. Se intensificaron. Una noche oscura y friolenta hacia las once, aproximadamente, sonó el auricular. Al levantar la bocina, más amenazas: “Imelda Daza, sus minutos están contados”. Salió del país. Fue al Perú, prácticamente sin rumbo fijo. Allí, permaneció un año, regresando y recogiendo su círculo familiar salió para Suecia, donde vivió desplazada casi 30 años.

En Europa no se estuvo quieta. Se movió con tenacidad. Denunció el genocidio de la Unión Patriótica y el Partido Comunista. Hizo parte del Partido de la Izquierda, siendo concejala en Aneby hasta el 2018. Regresó en junio de 2015, siendo candidata a la gobernación del Cesar por la Up obteniendo su candidatura cerca de 8300 votos.

Una mujer con visión política

Imelda Daza Cotes tiene visión de país. Le cabe el país en su cabeza. No es gratuito que sea una de las principales voceras del movimiento Voces de paz y reconciliación en el parlamento colombiano.

No hay en ella, ni frustración, ni espíritu revanchista a pesar de tanto dolor que hay en su corazón, en su mirada transparente, en su rostro curtido por las vigilias y vicisitudes, le anima la reconciliación y sobre todo la paz con justicia social. Por eso viene trabajando intensamente recorriendo el país y allende en las fronteras socializando los acuerdos de la Habana, pero también el ideario que anima la Unión Patriótica.

De paso por Ibagué, formuló un cálido llamado a la unidad. Destacó el momento histórico que vive Colombia con el proceso de paz y la necesidad de la unidad para ser opción de poder y para exigirle al gobierno que cumpla cabalmente lo acordado con la guerrilla de las Farc-Ep. Fue hasta Coyaima. Caminó por la mítica carrera tercera de la ciudad musical de Colombia con una sonrisa a flor de piel. Habló en la asamblea departamental.

Su liderazgo será fundamental para que la Unión Patriótica sea factor de unidad y movimiento de convergencia de muchas fuerzas con posiciones claras de izquierda.