Tolima
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Es criticable la forma como los medios de comunicación vienen registrando el paso que está dando las Farc – Ep. Es como si no estuviera sucediendo un hecho histórico, que estuviera partiendo la historia de Colombia en dos.



De una forma cicatera presentan el hecho entre líneas, que bien contrasta el show que Uribe Vélez montó con sus “muchachos” los paramilitares. Ahí sí hubo despliegue mediático las 24 horas del día.

Este proceso limpio, transparente y trascendental para la paz y la convivencia del pueblo en su conjunto no merece ni titulares, ni primeras páginas. Los periodistas están a la caza de un desliz, una contradicción o alguna ruptura para salir automáticamente a dimensionarla.

¿Por qué no se dimensiona el cumplimiento cabal del movimiento fariano? ¿Por qué no dimensionar el incumplimiento del gobierno nacional, del Estado colombiano? ¿Por qué no destacar los acuerdos aprobados en la Habana (Cuba)? ¿Por qué no orientar al pueblo para que asuma estos acuerdos suyos y los materialice con la movilización y la iniciativa popular?

Realmente los medios de comunicación se han convertido en muro que separa al pueblo del acuerdo de una manera ruin y miserable. La inmensa mayoría del pueblo colombiano no entiende el valor del acuerdo, considera que es un simple acuerdo por las alturas, un sueño irrealizable, mejor dicho: Una frustración más.

¿Alguien puede defender algo que no conoce? Mientras el pueblo siga inmovilizado en ese hosco ambiente de incomunicación, será muy difícil el desarrollo e implementación de los acuerdos. Poco y nada será concebida la traición del Estado a través del presidente Juan Manuel Santos Calderón.

Los más beneficiados con esa incomunicación son indudablemente el Estado Capitalista y su jefe, pues serán muy pocos los que podrían exigirle cumplir con la palabra, con lo pactado.

Por lo tanto, esta incomunicación mediática no es un hecho accidental y casual, es un hecho programado con intereses políticos de la clase dominante, para que todo siga igual y nada cambie a favor del pueblo.

¿Qué le impone la burguesía al pueblo a través de este silencio mediático? Una sola idea: Que el pueblo siga pensando que la guerrilla son bandidos y la burguesía la gran benefactora del pueblo analfabeta, aislado, incomunicado y atemorizado.

Así las cosas, no se puede separar el fenómeno mediático, del ideológico y político, todo está concatenado y hace parte de un entramado para persistir en la torva idea de que nada cambie y todo siga en la misma dinámica: El rico más rico y el pobre más pobre.

La batalla de las ideas se convierte entonces en un desafío de primer orden que demanda de un gran esfuerzo por romper ese poder mediático impuesto desde las alturas con qué ímpetu y con qué violencia.

La lucha ideológica, la lucha política constituyen la batalla de las ideas que en el siglo XXI alcanza singular valor y donde todos y todas, estamos llamados a participar activamente, a ser protagonistas de primer orden.

Mientras el pueblo no asuma una postura crítica, analítica será muy difícil avanzar. Sin embargo, los procesos siguen su curso normal y no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Estamos ante un desafío inmenso y el pueblo vencerá y vencerá porque los pueblos son eternos y los tiranos efímeros. Hay que desarrollar la batalla de las ideas, es el camino.