Tolima
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Como consecuencia de los Acuerdos de Paz, no dejan de presentarse importantes hechos en nuestro país que a veces se dejan pasar por alto, pero que, dada esa importancia, es necesario resaltar.



Este pasado domingo, en Bogotá, destacadas personalidades del catolicismo, incluidos algunos altos prelados, se congregaron en la Iglesia del Voto Nacional a hacer expreso su reconocimiento de las culpas en que esta Iglesia ha incurrido con ocasión de su participación en muchos de los aterradores episodios de violencia que por décadas han sacudido las entrañas de nuestra exigua democracia.

Fue un hermoso evento de reconciliación, en el cual los convocantes hicieron pública su petición de perdón a nombre de sectores de la Iglesia que, cada cual en su momento, estuvieron comprometidos, por acción u omisión, en acontecimientos que la historia ha repudiado, tales como el exterminio de comunidades indígenas y negras; la utilización de los púlpitos para instigar a los conservadores contra los liberales, a quienes no era pecado matar; la excomunión y el asesinato de que hicieron objeto a los comunistas; la indolencia con que callaron el genocidio de la Unión Patriótica, miraron a las nubes cuando la tortura campeaba por los batallones y a inocentes campesinos se los secuestraba, desaparecía y mataba bajo la sindicación de guerrilleros.

Pero también fue un acto de suprema valentía, que ojalá no les traiga consecuencias adversas a sus promotores, como es de temer que ocurra en un ambiente como el nuestro, en el que, pese a los acuerdos de paz, parece imposible erradicar el lastre paramilitar, al cual vemos  mimetizado bajo el nombre de bandas criminales, como si no hubieran sido criminales las Convivir, los Doce Apóstoles, las AUC, las Águilas Negras y demás expresiones del infierno que nos ha tocado sufrir en vida, gracias a la funesta alianza entretejida por los dueños de la tierra, las mafias y el establecimiento.

Entre los organizadores principales estuvo el Sacerdote Ernesto Franco, quien en una entrevista concedida al Semanario Voz, denunció la existencia de “declaraciones de la Conferencia Episcopal Colombiana que le apuntan a legitimar el uso de la violencia para eliminar al contrario”. En tal sentido, al frente de este acto de perdón y reconciliación, también deberían haber estado presentes las más altas autoridades eclesiásticas, militares, gremiales y del Estado. El hecho de que no hubieran participado da cuenta de todo lo que falta por hacer, pero también de lo mucho que podemos esperar que ellos hagan en bien de la paz. Si las FARC han pedido y siguen pidiendo perdón, ¿por qué no creer que estas altas dignidades también lo puedan hacer, y que lo harán?


Gráfica pie de foto.-Decenas de víctimas aceptaron el perdón y aseguraron que este acto contribuye al compromiso de la no repetición. Gustavo Torrijos-El Espectador