Tolima
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La carta pública del presidente del partido Fuerza Alternativa Revolucionaria de Común (FARC), Rodrigo Londoño, como era obvio se convirtió en comidilla de la prensa burguesa con todo su morbo que le caracteriza, siempre en la dinámica de dividir, sembrar dudas y subvalorar el significado histórico que representa para el pueblo y la democracia, esta nueva alternativa política surgida de 52 años de lucha a la intemperie recorriendo valles, llanuras y montañas campesinos y campesinas conscientes y consecuentes.



Era una lucha política – militar que se desarrolló poderosamente casi en todo el país, pero que no fue suficiente para ganarle la partida a la criminal clase dirigente. Sin embargo, ésta tampoco fue capaz de liquidar la heroica resistencia del pueblo alzado en armas. Eso explica o justifica el acuerdo de la Habana (Cuba) firmado en el teatro Colón de Bogotá.

¿Una de las parte cedió en sus propósitos estratégicos? Por supuesto que no. Las FARC, convertida en Partido, persiste en su plan estratégico: La toma del poder y la construcción del Socialismo. Por su parte, la burguesía persiste en sostenerse en el poder sobre montañas de injusticias y crímenes horripilantes, sin cambiar su postura ideológica y política. Lo novedoso ahora sería que esa lucha sería solamente política, es decir, no estaría soportada en la fuerza militar.

Podríamos decir que las FARC comienzan a vivir un nuevo momento, el cual naturalmente está cruzado por las contradicciones, las cuales son obvias y necesarias para irse desarrollando. No hay que temerle a las contradicciones, lo que hay es que saber manejarlas para que el proceso evolucione y crezca; no hacerlo así es abrirle espacio a la involución, lo cual sería catastrófico para una propuesta revolucionaria que ha costado tanto sacrificio y a su vez, hay tanta expectativa y esperanza en millones y millones de colombianos y colombianas.

Cada ser humano es un universo. Por lo tanto, resulta ilógico pensar que todos y todas pensemos exactamente lo mismo. Resulta vital comprender la realidad antropológica del ser humano. También interpretar correctamente la dinámica del movimiento, los cambios y los momentos. Nada está dado de una vez y para siempre. Todo fluye, diría Heráclito.

El comandante Hugo Chávez Frías le pidió al comandante Fidel Castro Ruz un consejo. Fidel reflexionó y contestó: “Paciencia, paciencia y paciencia”. De eso tenemos que apearnos en estos momentos de ebullición política en Colombia, cuando la izquierda con todos sus matices se proyecta a pasos agigantados a ser opción de poder. Ni muy allá, ni muy acá. Hay que estar en el momento exacto, para poder interpretar con grandeza el momento histórico.

Hay que hacer el análisis concreto del momento concreto. ¿Era toda la guerrilla marxista – leninista? ¿Todos sus miembros tenían el mismo nivel ideológico y político? ¿Era generalizado el concepto ético revolucionario?

No podemos perder de vista que antes predominaba la concepción militar. Hoy se impone la concepción política. Decía el maestro Carlos Gaviria Díaz que el sistema económico más complicado era el sistema democrático, porque en la democracia no decide el otro por usted, decide usted y para decidir hay que tener plenos elementos de juicio, es decir, argumentación. Recordemos también la caverna de Platón.

Así se podría seguir enumerando aspectos para decir simplemente que hay que armarnos de paciencia, espíritu crítico y autocrítico para interpretar el momento resolviendo las contradicciones en el escenario propio, sin darle papaya a esta rancia y criminal oligarquía. Con audacia y decisión colectiva hay que cerrarle el paso a lo que más desea la pútrida clase dirigente: Dividir. La izquierda en su totalidad debe prodigarse a fondo en la búsqueda de la unidad. Unidad en el marco de la diversidad e incluso, pluralidad. No hacerlo así es condenar a Colombia a otros cien años de soledad, como diría Gabriel García Márquez.