Tolima
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Con el debido respeto de los filósofos escribimos esta nota filosófica teniendo como bibliografía fundamental a Afanasiev y Georges Politzer. No es que dudemos de los filósofos contemporáneos, sino que nos parece más accequible al entendimiento los filósofos que estudiábamos cuando éramos felices e indocumentados como diría Gabriel García Márquez.



Resulta elemental por cuanto el marxismo – leninismo está ligado hasta los tuétanos a una filosofía y a un método: El materialismo histórico – dialéctico. Para comprender el marxismo – leninismo de la mejor manera hay que estudiar esa filosofía y ese método con detenimiento y profundidad. Solo así entendemos perfectamente la lucha política de los comunistas. Además, podemos desarrollarla con decisión, claridad y efectividad en el marco de la estructura orgánica y planificada.

V.I. Lenin dijo: “Sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario”. Es decir, para pretender transformar debo saber. Así se coloca en evidencia la unidad dialéctica teoría-práctica. El marxismo – leninismo es eso. Por lo tanto, el deber del comunista es estar permanentemente teorizando y practicando, entre otras cosas, porque todo está en movimiento, o sea, todo está cambiando constantemente. Mal mensaje transmite el “comunista” que dice: “Ya me lo sé todo”. De todas maneras entendamos que el analfabetismo político es muy atrevido.

¿Es complicado el estudio de la filosofía? Realmente del colegio salí pensando que los filósofos eran locos que andaban a toda hora mirando para el firmamento o cuando más caminando entre las nubes. También pensando que la filosofía era problema de la academia y dentro de la academia de los filósofos, hombres raros, solitarios, melenudos, amigos de la bohemia y de la marihuanita, como suelen decir algunos y algunas.

Pensando también que la filosofía no era para el pueblo sino para los intelectuales, los genios, los todopoderosos, “los poderosos” como suele decir la camarada Lily Ipúz Medina. Desde luego, aprender no es tarea fácil, pero tampoco es un imposible para el pueblo que constantemente está aprendiendo, muchas veces sin tener conciencia de ello.

Durante mucho tiempo se tuvo la idea de que el pueblo era analfabeta y el letrado alfabeto. Solo el que iba a la escuela y recibía el torrente de conocimiento del letrado, como quien coge un balde lleno de leche y lo hecha a una cantina mucho más grande, podía considerarse letrado y los demás totalmente analfabetas. Pero, resulta que alguien escribió algo así como: “Voy a la escuela a interrumpir mi proceso de aprendizaje”.

Esta manifestación prendió las alarmas comenzando a caer paradigmas y surgiendo otros que como Paulo Freire desarrolló ampliamente con su tesis revolucionaria: “Nadie educa a nadie, nadie se educa solo, todos se educan en comunión”. Indudablemente ésta, es una pedagogía revolucionaria, pues indica que no hay ni ignorantes, ni sabios absolutos.

Corroboramos lo dicho si sabemos el significado etimológico de la palabra filosofía. Este término de origen griego traduce amor a la sabiduría. ¿Quién no ama el saber? ¿Quién no sabe? Todo ser humano sabe algo de algo, luego podríamos decir que todos los seremos humanos somos potencialmente filósofos. Unos más que otros, en eso no hay discusión, pero sabemos. ¿Sabe la persona que no sabe ni leer, ni escribir? Claro que sabe. Se dice que Sócrates no sabía ni leer ni escribir, tampoco Jesús y otras personas enhiestas de la historia de la humanidad.

Dice Georges Politzer que filósofo “es el que quiere, en ciertas cuestiones, dar respuestas precisas. El filósofo se ocupa de muchas cosas  y, a la inversa de lo que se dice, se preocupa mucho de todo”. Subraya: “Por lo tanto, diremos, para definir la filosofía, que quiere explicar el universo, la naturaleza, que es el estudio de los problemas más generales. Los problemas menos generales son estudiados por las ciencias. En consecuencia, la filosofía es una prolongación de las ciencias”.[i]

El problema fundamental de la filosofía posiblemente será objeto de otro artículo, vuelvo y digo, con el respeto que se merecen los filósofos. Por ahora pensemos desde la acción el concepto general de la filosofía, tratando de hacerla lo más concreta posible y no nebulosa como algunos se empecinan con sus particulares intereses de clase.

[i] Georges, Politzer: Curso de filosofía. Principios elementales. Ediciones sociales, París, 1946-1954. Página consultada  11.