Tolima
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(Elementales reflexiones)

Una de las características importante de la política es su dinámica. Esta además, no es lineal, de alguna manera está supeditada a las constantes contradicciones.



Colombia, desde esta perspectiva, atraviesa histórico momento producto de un proceso de paz con la insurgencia que contraviento y marea se desarrolla en la tirantez dialéctica de dos posiciones políticas antagónicas y cuya vigencia reivindica Norberto Bobio: Derecha vs. Izquierda.

Este proceso de paz, histórico por cierto, se mueve en ese marco realista y concreto que nos corresponde ubicar, dimensionar y asumir posición clara y consecuente. A nuestro parecer no hay términos medios, pues estos corresponden a los que quieren hipócritamente estar con la derecha y la izquierda a la vez, posición que resulta inequívocamente de derecha.

La derecha que salvaguarda los intereses de la burguesía, es decir, la clase dominante y que lideran Juan Manuel Santos Calderón y Álvaro Uribe Vélez, entre otros, vienen jugando su papel de clase. Que todo cambie para que nada cambie. Su objetivo es claro: Desarmar la insurgencia con “reformitas de pacotilla” y no con reformas como se pactó en la Habana.

Por su parte, la izquierda que teóricamente salvaguarda los intereses del proletariado, es decir, la clase dominada, también viene jugando su papel importante. Su objetivo es que lo acordado en la Habana sea implementado; además, agilizar los diálogos con el ELN.

¿Cuáles serían los principales problemas? Nos atreveríamos a enumerar sucintamente unos cuantos solamente. En primer lugar, en Colombia no se puede hablar propiamente de izquierda en singular, hay que hablar en plural, lo cual implica decir Izquierdas. Hay de todos los colores y temperaturas. Es una realidad concreta que no se puede desconocer. Incluso, dentro de una concepción de izquierdas, de las muchas que hay, no hay unanimidad, hay serias falencias de tipo ideológico, político y orgánico, lo cual hace más completo la dinámica política de las izquierdas en este país sudamericano.

En segundo lugar, son izquierdas en construcción, se están haciendo, esto hace que la pugna entre las mismas izquierdas sea supremamente fuerte. A veces resulta frecuente escuchar decir que resulta más fácil entenderse con la derecha que con la misma izquierda. A veces asumimos posturas canibalescas. Hay montones de ejemplos que no enumeramos para no generar ciertas susceptibilidades.

En tercer aspecto, el fantasma de la corrupción infortunadamente hoy en día no es exclusividad de la derecha como quizás otrora. Hay que decirlo con franqueza que en las mismas izquierdas existe este fenómeno en mayor o menor grado, pero existe, es real. Resulta craso error ignorarla, desconocerla o minimizarla. En el marco de ésta, existen el burocratismo, el personalismo, el individualismo enfermizo  y la mentira galopante. Igualmente, el facilismo, el ahistoricismo, a la sombra del cual los viejos no cuentan, el pasado no existe, o mejor, simplemente es pasado, lo que cuenta es el presente y el futuro. Entonces la revolución se puede hacer perfectamente en la oficina con aire acondicionado.

En cuarto aspecto, se puede observar claramente que sin asimilar correctamente – por ejemplo – el marxismo – leninismo para intentar decir algo, así sean con barrabasadas proponemos “reformarlo” y dizque colocarlo a tono con la modernidad del siglo XXI, entonces no es raro encontrarnos con teóricos que nos hablan más o menos de un “marxismo – leninismo light”, o sea, “rosadito” que en el fondo no ponga bravo al capitalista, mejor: Lo deje dormir tranquilamente. ¿La gesta de Fidel y sus barbudos en la Sierra Maestra, en Cuba? Eso es cosa del pasado. Algunos dicen a boca llena: “Eso hace rato fue revaluado por la historia, hoy vivimos un momento diferente”. ¿La gesta del campesino Manuel Marulanda Vélez? “Eso fue un error histórico que hay que corregir, dicen algunos sin sonrojarse”.

Por supuesto que hay más factores. Pero no se trata de extendernos demasiado. La realidad es cruda. Existe y hay que transformarla. Para eso, el árbol no nos puede impedir mirar el bosque. Y la única oportunidad para que esto no ocurra es prodigarnos a fondo a buscar y materializar la unidad, sin imposición, sin dogmatismo, sin trampa, sin ahistoricismo y sin petulancia. La unidad implica reconocer la diversidad y la diversidad a su vez significa que estamos hechos con defectos y cualidades. No somos perfectos. Se trata de poner en práctica el pensamiento del cura guerrillero Camilo Torres Restrepo, en el sentido de avanzar unidos con los puntos mínimos de identidad, con la esperanza que las contradicciones se van disolviendo al calor de la lucha. No por inercia, sino por la dinámica.

Lo más importante hoy en Colombia es el proceso de paz, más concretamente la implementación de lo acordado en la Habana entre las Farc – Ep y el gobierno nacional y los diálogos con el  ELN. En el caso concreto de los acuerdos de la Habana, la discusión no es si es un acuerdo bueno, malo, regular o más o menos. Esa discusión ya pasó hace rato. La pelea ahora es porque estos acuerdos se materialicen, se hagan realidad.

Esa es la disputa, en la que el pueblo debe movilizarse conscientemente, por cuanto allí no están únicamente los sueños de la guerrilla o del mismo gobierno, sino los sueños recónditos del pueblo colombiano en su totalidad. El pueblo no puede cruzarse de brazos a esperar que el acuerdo se materialice por sortilegio. Debe asumir una postura protagónica, consciente, transformadora y revolucionaria. No hay otra alternativa.