Tolima
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Cuan distinta sería la actual situación del país si sus clases dirigentes, aprovechando los acuerdos del Teatro Colón, se hubieran dado a la tarea de impulsar su cumplimiento, comenzando por crear condiciones para que las víctimas del conflicto tuvieran acceso real a la verdad, a la reparación y al compromiso de no tener que volver a sufrir los horrores que padecieron en estos 53 años de enfrentamiento armado.



Ya hace un año de esa firma, y el país ha cambiado más para mal que para bien. Aunque con menos afectaciones a la vida e integridad física de los combatientes, estas no han parado, como lo demuestra el ya casi medio centenar de guerrilleros y familiares de guerrilleros que han sido asesinados con posterioridad a tal firma, amén de otros tantos defensores de derechos humanos.

Ya hace un año de ella, y a pesar de que las FARC han cumplido todos sus compromisos, el Gobierno, el Congreso y las Cortes, en lugar de actuar con reciprocidad, han aportado cada quien lo suyo para que sucumban los acuerdos, pese a ser tan indispensable su cumplimiento para resolver problemas tan aberrantes como los relacionados con la tenencia de la tierra y el desarrollo del campo; con la  supervivencia de los cultivos de uso ilícito; con las limitaciones de un sistema de democracia puesto al servicio de los grandes conglomerados económicos; con la justicia; y con los demás aspectos cuyas soluciones fueron concertadas en las tierras de Fidel.

Ya hace un año, y lo que estamos viendo es una seguidilla de esperanzas muertas, que pueden dar lugar al nacimiento de un movimiento guerrillero nuevo, dirigido a conquistar por las malas lo que la trinca oligárquica no permite que se pueda conseguir por las buenas. En este plan no andan las FARC, ahora convertidas en partido político, pues no quieren olvidar su propósito de llegar civilmente a las mismas metas que buscaron con las armas. Tal vez esto explique la declaración que hizo Rodrigo Londoño a raíz de la conmemoración de este primer año, en el sentido de que “el vaso (de la paz) está medio lleno”.

Tal comentario debió ser producto del talante diplomático del presidente de la FARC, pero, por supuesto, no lo compartimos. Al contrario, ese vaso apenas está comenzando a servirse, y sin todos ni los mismos ingredientes convenidos. La escasa y mala implementación de los acuerdos es la mejor radiografía del compromiso real de las oligarquías, que de labios para afuera dicen estar de acuerdo con ellos, pero en la práctica han hecho poco para demostrarlo. Solo el pueblo en las calles podrá imponer lo que debe hacerse.

Guerrilleros Y familiares asesinados en la implementación  del acuerdo de paz. Foto: Archivo Particular