Tolima
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El tiempo de las proyecciones y expectativas ha quedado en el pasado, es hora de comenzar a desarrollar dichas proyecciones y expectativas con tenacidad y decisión. En otras palabras: A decir menos y a hacer más.



Los desafíos en el 2018 son grandes. Las contradicciones de clase saltan a la vista y en grado sumo. Mientras el pírrico salario mínimo del gobierno nacional es de apenas el 5.9 por ciento, una verdadera burla, el costo de vida va en ascenso a gran velocidad. El costo de los combustibles se dispara, por ejemplo. Suben los peajes y se instalan nuevos en el territorio nacional para favorecer las arcas de las multinacionales y transnacionales.

El SOAT para las motos aumenta desmesuradamente al extremo que los propietarios de estos medios de transporte vienen anunciando grandes movilizaciones en los próximos días, tanto en el contexto regional como nacional.

Los productos alimenticios, el transporte, el estudio, tienen nuevos precios, todos ellos en contra del pueblo y a favor de la clase oligarca. En síntesis, podría decirse que siguiendo la dinámica inexorable del capitalismo, la tendencia es la misma: El rico a hacerse más rico y el pobre más pobre.

De otro lado, la tensión internacional generada por la política imperialista de los Estados Unidos resulta bastante preocupante. Ese lenguaje bélico nuclear del demente Donald Trump, no puede generar tranquilidad y sosiego por cuanto todo significa jugar con fuego sobre un verdadero polvorín.

Estados Unidos pretende suavizar su profunda crisis generando conflictos en otras  regiones del planeta, basta mirar hacia el lejano oriente con su aliado Israel. Desde luego, que para dimensionar la peligrosidad del coloso del norte no es necesario ir tan lejos. Basta con mirar su agresividad contra la hermana república bolivariana de Venezuela.

De igual manera, la vergonzosa intromisión en los asuntos internos de Latinoamérica. La política imperialista en Colombia – por ejemplo – con sus más de 21 bases norteamericanas.

El palo contra la rueda que ha colocado para que el proceso de paz no pueda desarrollarse tal y como fue concebido en la Habana (Cuba) y firmado en el teatro Colón de Bogotá. La oligarquía colombiana es una marioneta del Tío Sam.

Año electoral

Este será un año electoral. Será un año de promesas, sueños y falsas expectativas. Los mismo de siempre: “No hemos hecho pero ahora sí”. Las maquinarias electorales bien aceitadas, porque en eso sí son generales, moverán cielo y tierra para atrapar incautos, analfabetas políticos y aduladores de los mismos con las mismas.

Y, seguramente, lo que no les alcance por esta vía, emplearán la corrupción, pues la registraduría sigue en manos de la clase dominante. Y como dijera el padre Camilo Torres Restrepo: “El que escruta, elige”. Para ser honesto, esto es una pelea de tigre con burro amarrado.

De todas maneras, el debate está bien claro entre los partidarios de la guerra, es decir, la muerte y los partidarios de la paz, es decir, la vida. Lo grave es que el pueblo no ve la confrontación así, pues le parece más bien un certamen para que su familiar no pierda el puestico, o su amigo del alma, se haga una obrita mínima en el barrio o en la vereda, o sencillamente, disfrutar de la comilona y la degustación de licor por cuenta de esos politiqueros de oficio.

Al lado de ello, está la crónica abstención. Se  sabe que esta ronda el 60 por ciento. Una masa amorfa que no dice nada. Ni se queja, ni hace gestos. Pasado y presente se unen en esa masa para pensar que todos son los mismos. El gran capital apabulla. “Vote o no vote todo seguirá igual, es como la conclusión tétrica de esta masa condenada a otros cien años de soledad como diría Gabriel García Márquez.

La esperanza reside en la izquierda. Pero, en Colombia no se puede hablar de izquierda, sino de izquierdas lo dijo un dirigente comunista de Bogotá. De pronto tiene razón, porque podría ser que predominara el camuflaje de la derecha buscando opción hacia el futuro. Es decir, personajes de derecha disfrazados de izquierda.

Del ahogado el sombrero. Mirado fríamente el escenario político el llamado es a mirar el desafío con realismo, pero con optimismo. Más grande y cruel fue el imperio romano y finalmente fue derrotado.

En esta dura e histórica contingencia que vive Colombia la izquierda, izquierda, debe cerrar filas de unidad sin lugar a dudas. Dar la batalla con entusiasmo. Avanzar.

Los comunistas, sin ser vanguardistas, deben jugar papel preponderante. Para ello deben superar sus propios errores, abrirse a la crítica y la autocrítica y tomar decisiones encaminadas a superar personalismos, egolatrías y todo aquello que atenta contra los principios del comunismo y del marxismo – leninismo. 

El comunista debe enseñar más con el ejemplo que con la palabra. Volver los cuadros a los barrios y las veredas más distantes no a recetar sino a compartir las vicisitudes y en conjunto elaborar planes para superar esas angustias y dramas que el pueblo vive a diario.

El comunista no es arrogante. Es pedagogo que se inspira en la pedagogía de Paulo Freire que señala que “nadie educa a nadie, nadie se educa solo, todos se educan en comunión”.

La comunicación de doble vía entre la direcciones resulta fundamental, no se puede subvalorar o interrumpir por la arrogancia de quien se considera poseedor de la verdad absoluta. Hay que partir que ésta no existe más que en la imaginación y la arrogancia personalista.

Colombia necesita un nuevo sistema social, político y económico. Este no se construirá por obra y gracia del espíritu santo, se construirá por obra y gracia del pueblo debidamente politizado, organizado y en acción. La izquierda, izquierda tiene el deber moral y político de contribuir a este propósito, no esperando que haya condiciones objetivas y subjetivas, hay que crearlas con tenacidad y decisión. En ese proceso, los comunistas deben ser líderes, ejemplos inmaculados más por la práctica que por la teoría.

En conclusión, hay que colocarnos las botas pantaneras y salir a recorrer el país, el departamento, el municipio, la vereda, el barrio, para anunciar con vehemencia el advenimiento del socialismo como sistema antítesis del capitalismo, usando para ello el lenguaje propio de la comunidad y compartiendo con ella los riesgos. Resultaría un craso error quedarnos en las alturas solamente recetando. Recordemos que el debate electoral es para exponer ideas, denunciar y anunciar. También para buscar el poder.

Bienvenido debate electoral 2018