Tolima
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Antes de comentar brevemente la intervención del candidato presidencial de la Colombiana Humana, Gustavo Petro Urrego, en el canal regional de Antioquia, quiero relievar la postura machista de los organizadores de este gran debate, al desconocer olímpicamente a la candidata presidencial Piedad Córdoba.



Resulta inadmisible que en pleno siglo XXI el machismo y la misoginia sigan haciendo su agosto en las alturas del poder y en los propietarios de los grandes medios de comunicación, descalificando a una mujer tan valiente e importante para la democracia colombiana. El fantasma del racismo aflora y con qué ímpetu en estos medios de comunicación que cínicamente afirman ser amplios, democráticos y participativos.

Sea la oportunidad para también expresar la profunda indignación hacia todos estos medios de comunicación que han venido sistemáticamente ignorando las tesis que viene planteando la verdadera “negra grande” de Colombia en sus correrías por todo el país. ¿Cómo pueden autoproclamarse medios masivos de comunicación y asumir una postura tan mezquina y miserable contra una mujer liberal, progresista y democrática, que tanto contribuyó al proceso de paz?

Tanta calumnia e infamia que cocinaron los grandes medios con el aval de la derecha y la extrema derecha durante tan tanto tiempo con el aval del uribismo y el decrépito ex procurador Ordóñez, era para que por lo menos tuviera acceso a estos medios a dar a conocer la otra versión, las ideas socialistas que han caracterizado su devenir político. Esta postura pusilánime realmente produce asco y repudio.

Petro un gigante imparable

La serenidad y profundidad como Gustavo Petro encaró este debate, demuestra inequívocamente su erudito conocimiento que tiene del país de costa a costa. Lo conoce como la palma de su mano, no porque lo haya aprendido en las grandes universidades del mundo como los demás aspirantes presidenciales, sino porque lo ha recorrido palmo a palmo, sobre todo, la Colombia profunda, la Colombia ignorada, explotada y engañada.

Además, tiene un elemento adicional contundente e inexorable: Es pueblo por antonomasia. No pertenece a los señoritos de la gran burguesía, a esa élite mafiosa que durante doscientos años se han repartido el poder entre sí. Gustavo Petro es un hombre de provincia, un dirigente con carácter para iniciar un verdadero cambio a este país tan sufrido y mangoneado por los mismos con las mismas.

Demostró durante este debate que es un gigante imparable, si el Estado se digna ofrecer garantías en las elecciones del 27 de mayo. Solo un fraude como el presentado en el 70, cuando el general Gustavo Rojas Pinilla anocheció ganando las elecciones por amplísimo margen y amaneció perdiéndola con el ultraconservador Misael Pastrana Borrero. ¿Se repetirá la historia, desde luego en un nuevo escenario y con nuevas características?

Es posible. Es indudable que esta rancia y descompuesta oligarquía hará lo humano e inhumano para no perder las mieses del poder que ha tenido durante largas centurias en forma ilegal e ilegítima. Ha demostrado su criminalidad. Ha disputado el poder a sangre y fuego y ha navegado sobre un verdadero océano de sangre humilde y trabajadora de la clase social de la cual hace parte el futuro presidente Gustavo Petro Urrego.

Se han publicado libros sobre cómo se roban las elecciones en Colombia. Hay suficiente bibliografía para expresar nuestra preocupación sobre el particular. De igual manera, (y es doloroso decirlo), hay también bastante bibliografía para pensar en la posibilidad de atajar a Petro asesinándolo. El listado es largo: Rafael Uribe Uribe, Jorge Eliécer Gaitán, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Osa, Pizarro León Gómez, Luis Carlos Galán Sarmiento, Álvaro Gómez Hurtado, etc, etc, etc.

Sin embargo, no hay que perder el optimismo. Hay que insistir y persistir en nuestro radio de acción, por pequeño que éste sea, explicando las propuestas diáfanas de Petro y rechazando con argumentos sólidos la sarta de mentiras y provocaciones de los amigos de la guerra y de la violencia.

Pretender opacar la presencia de Petro en la televisión en este singular debate y darle alguna relevancia al títere del titiritero Uribe, no deja de ser una ignorancia extrema o sectarismo supino de catadura mayor. Petro ganó el debate y ganará la presidencia de la república de Colombia. Que le roben el triunfo o lo asesinen será otra cosa muy distinta.

Mirando el panorama nacional, pienso como Comunista que las masas se deben organizar conscientemente desde ahora para asumir los desafíos que implica esta gran batalla democrática el 27 de mayo. Que no pase lo que pasó el 9 de abril, que el terrible y luctuoso acontecimiento sorprendió a un pueblo desorganizado, despolitizado y desorientado. En esa oportunidad el pueblo no tenía claro quién era realmente el enemigo de clase. La historia no se puede repetir. Eso implica actuar con conciencia de clase dejando a un lado la postura anárquica. Y para que no se dé esto, hay que tener un plan mínimo, en el barrio, en la vereda, en todo lugar.