Tolima
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La mejor encuestadora es la plaza pública, mide perfectamente la temperatura política y la preferencia para votar el 27 de mayo para presidente de la república. Este pulso lo viene ganando Gustavo Petro Urrego sobradamente. No hay discusión.



El representante directo del narcoparamilitar número 82, según la CIA, Álvaro Uribe Vélez, estuvo en Ibagué y mientras Petro buscó la plaza más grande de esta ciudad como es el parque Manuel Murillo Toro y la llenó al tope, esta campaña de odios, sectarismos y corrupción, buscó la más pequeña y no la pudo llenar. Un rinconcito abajo del Centenario, escondido, repleto eso sí de seguridad.

Haciendo esa sencilla comparación parece un despropósito esas encuestas mentirosas e inventadas que dicen que el vocero de Uribe, va primero en las encuestas y que ganaría en primera vuelta. Solo un fraude podría generar semejante desgracia para el país.

Es evidente el despertar del pueblo en estos momentos, la esperanza que ha suscitado la candidatura de la Colombia Humana que lidera Gustavo Petro, un hombre de provincia que se ha forjado a la intemperie, contraviento y marea.

Un hombre de paz y reconciliación que tiene claro la necesidad de la justicia social como elemento central para comenzar a construir una nueva sociedad fundamentada en la paz con justicia social, el humanismo y la ética, factores tan caídos en esta dictadura de familias oligarcas que han gobernado a Colombia durante más de 200 años.

La manifestación de este traductor del pensamiento ultra reaccionario y senil mafioso ex presidente Uribe en Ibagué, estuvo asistida por viejitos obligados prácticamente con el cuento que podrían perder los programitas que han hecho el milagro de darle estatura a la miseria en Colombia como familias en acción.

Todavía utilizan este mecanismo de presión para obligar a un sector de la tercera edad a votar por el que Uribe diga, so pena de perder el auxilio. Ellos no han podido entender la realidad y siguen ciegos comiendo cuento, como se suele decir popularmente.

Fue un público petrificado. Inmóvil. Donde el animador tuvo que prodigarse a fondo para sacar uno que otro aplauso o viva. La realidad, la gente demostraba en su rostro que no quería estar allí, lo hacía quizá por obligación. Los pocos que llegaron en buses de otros municipios no atinaron a comprender semejante soledad. Parodiando a Gabo, podríamos decir que el otoño del patriarca es inexorable.

Hay que ver las gigantescas manifestaciones de Petro, el colorido, la emoción desbordante que genera. Nadie se está quieto. Grita, aplaude y siente cada propuesta que magistralmente va hilvanando durante su amena intervención.

Iván Duque, cuando se le olvida el discurso de su jefe, habla sandeces, bobadas, propuestas irreales, propuestas que no siente, por cuanto nunca ha padecido hambre, ni sustos, ni malas viviendas, ni malos carros, pues todo lo ha tenido a dos manos y en abundancia explotando y robando al pueblo colombiano.

Cuando se inspira y recita sin omitir coma el discurso del narcoparamilitar, se transforma, se vuelve agresivo y violento, arma que ha utilizado su jefe para sostenerse en ese descompuesto ambiente donde vive la rancia oligarquía colombiana.

Pensaba que la manifestación iba a ser multitudinaria por cuanto el poder mafioso en el eje cafetero es evidente, pero no, fue una manifestación lánguida, melancólica y triste. Alguien dijo con desparpajo después de observar la reunión: “Se goza más en un velorio que acá”. Creo que eso lo dice todo, es la síntesis perfecta para definir esta manifestación de Iván Duque en Ibagué.