Tolima
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La Presidencia de la República siempre la ha tenido asegurada nuestra casta oligárquica, pero pese a ello no han dejado de presentarse fricciones electorales entre los sectores que la conforman, es decir, entre banqueros, latifundistas, industriales, comerciantes, pues cada uno tiene intereses particulares que los diferencian, en medio de los intereses generales en que coinciden.



Esta campaña presidencial no ha sido la excepción. Sin embargo, hemos visto en ella contradicciones más subidas de tono, pero no tanto entre tales candidatos, sino entre estos y Gustavo Petro, el candidato salido de la entraña popular, a la cual está representando con valentía y decoro.

Contra la candidatura de Petro se han dicho mil barbaridades, casi todas tergiversadoras de sus propuestas, sin que falten algunas cargadas de amenazas y de actos atentatorios contra su integridad física, como ocurrió en Cúcuta, o como estaba previsto que ocurriera en alguna otra parte del país, si los planes correspondientes no hubieran sido detectados a tiempo.

En la pasada visita a Ibagué, Iván Duque, candidato de la derecha, no dejó de hacer referencias descomedidas contra Petro, pero la tasa la colmó uno de sus numerosos acompañantes, el señor Alejandro Ordóñez, quien anunció que lo que le esperaba al candidato de la izquierda era irse el próximo cuatrienio a sembrar aguacates a la vecina Venezuela. Semejante amenaza, así hubiere sido dicha en broma, responde a las sempiternas intenciones de la derecha de condenar al ostracismo a quienes no estén de acuerdo con su pensamiento, contrario a los cambios que el país necesita.

De Petro lo menos grave que se ha dicho es que es populista; sindicación esta atribuida a quien promete hacer cosas a sabiendas de que, una vez en el poder, no las podrá cumplir. Esto es desconocer que si algo ha caracterizado a este candidato es la racionalidad de sus propuestas, respecto de todas las cuales ha presentado irrefutables fórmulas de financiación.

Pero de Petro se ha dicho también que es el candidato de las Farc, como si esta organización guerrillera no hubiera desaparecido; o que va a expropiar hasta la cajita de los lustrabotas, al tiempo que defenderá el tráfico de estupefacientes; o que traerá a Colombia el castrochavismo. Son sandeces que propalan quienes saben que sandeces son, así como saben que, dado nuestro analfabetismo político, habrá quienes las reciban sin beneficio de inventario.
Semejante saña en las críticas lo que demuestra es que Gustavo Petro representa una opción contraria a la que ofrecen los demás candidatos, que no son otra cosa que oportunidades para que las oligarquías sigan enriqueciéndose, sin importar que sea a costa del mayor empobrecimiento de los demás.