Tolima
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Los dos candidatos presidenciables, Gustavo Petro e Iván Duque, vienen hablando con fuerza de futuro. En sus publicidades y discursos son bastantes reiterativos y enfáticos, por cierto.



Sin lugar a dudas, alguno de los dos está mintiendo o como mínimo, está engañando al potencial electoral y al pueblo colombiano en su conjunto. ¿Quién? Habría que despojarnos del analfabetismo político, del sectarismo y del envenenamiento mediático para auscultar con detalle y sin apasionamiento enfermizo, hallar la verdad. Eso nos permitiría mirar varias aristas con objetividad y realismo mágico como diría Gabriel García Márquez.

Sería saludable y por demás histórico poder dimensionar con racionalidad lo planteado por los dos candidatos acerca del concepto futuro. En ese sentido, sería importante despersonalizar y mirar la representatividad social, política y económica que cada uno representa, partiendo del presupuesto que el futuro no es algo abstracto, tampoco que se hace realidad simplemente con buenas intenciones, el futuro se construye, es todo un proceso dialéctico, que se materializa solamente en la praxis.

Pareciera que ambos candidatos coincidieran en este aspecto. Iván Duque, representa la clase burguesa, el régimen como diría en su ocaso, Álvaro Gómez Hurtado, mientras tanto, Gustavo Petro encarna, representa, el populacho, el pueblo, el proletariado. Usted y yo, por ejemplo. Iván Duque habla con sinceridad de futuro, pero miente al ocultar realmente su clase social. Por eso, se apresura a rechazar categóricamente la lucha de clases y afirma mentirosamente, también, que es perfectamente posible la conciliación de las clases sociales. Una persona, medianamente formada políticamente, le podría refutar fácilmente tan endeble argumento. ¿Se sentaría de tú a tú, en la misma mesa, Carlos Ardila Lule y el mendigo de la cuadra? ¿Comerían el mismo alimento, disfrutarían el mismo techo, los mismos deberes y derechos? ¿Podrían decidir libre y democráticamente sus destinos? ¿Sería libre y democráticamente el mendigo para decir, yo decido voluntariamente ser mendigo, quiero serlo, es mi decisión?

Según Iván Duque, en Colombia hay libertad. Por lo tanto, el mendigo quiso ser voluntariamente mendigo. ¿Usted qué pensaría? Yo pensaría que Iván habla de futuro, pero de su clase social: La burguesía. Ahí sí tiene razón. Por eso resulta “normal” que el burgués vote por Iván; lo que no es normal es que el pueblo vote por él, pues en él no hay en su agenda garantizarle futuro al pueblo. Si habla gaseosamente del tema dando la impresión que aspira a que el pueblo tenga futuro, es porque el pueblo es mayoría y necesita sus votos. Piense usted que nunca un rico ayuda a un pobre, en cambio, el pobre sí está dispuesto a ayudar al rico y al mismo pobre, a su clase social.

Así las cosas, el futuro que plantea Iván Duque para el pueblo es una engañifa como diría Pablo Neruda. Carece de valor. Es una monumental falacia. Petro, por el contrario, es pueblo, un hombre de provincia, un joven que estudió con miles y miles de sacrificios, que tuvo el valor de tomar determinaciones, decisiones, muchas de ellas, seguramente, acertadas, otras equivocadas, pero realmente se forjó heroicamente en la adversidad del régimen capitalista.

Fruto de esa cruda y dramática realidad, formado en los valores éticos, piensa que el pueblo colombiano como la estirpe de Aureliano Buendía, necesita una segunda oportunidad sobre la tierra y la forma correcta de simbolizarla es planteando con amplitud y coherencia la fuerza formidable que encarna el futuro. Conclusión: Para Iván Duque el futuro va dirigido a su clase social, la burguesía; Gustavo Petro Urrego encamina toda su lucha, todos sus anhelos en generar esperanza, futuro a su clase social, al pueblo colombiano en su conjunto. ¿Si nota la gran diferencia?

La Publicidad

A estas alturas de la campaña política, podría decirse que el pueblo está embriagado de publicidad por parte de los dos aspirantes a la presidencia de la república. La conjetura preliminar sería que ya los bandos estarían definidos. Sin embargo, conociendo muy bien la idiosincrasia colombiana, todavía habría mucho indeciso que sin tener claro el significado del voto, le estaría coqueteando a uno y al otro. Además, habría que tener en cuenta a los abstencionistas, ese mundo de pueblo que siente miedo o desgano de decidir, transfiriéndole esa responsabilidad a una inmensa minoría, casi siempre. 

Por supuesto, que no hay punto de comparación entre una publicidad y la otra. La diferencia es abismal, cualitativa y cuantitativamente. Todo indicaría que Iván Duque mueve su publicidad en dólares y en billetes de la mafia, pues su papá (Álvaro Uribe Vélez) es uno de los principales capos de ésta en Colombia.

Petro, por su parte, con créditos y donaciones lícitas del pueblo, ese inmenso sector que está convencido que es la oportunidad de oro para iniciar un proceso de democratización y erradicación de la corrupción tan acentuada, tanto en lo público como en lo privado. El director publicista en el uribismo – duquismo es J.J. Rondón, un maniático y perverso personaje venezolano. En el Petrismo, es el pueblo con toda su creatividad, la juventud con todo su entusiasmo.

El fin. El uribismo – duquismo, enfila toda su publicidad a generar odio, fanatismo, miedo. “Castrochavismo”, “seremos como Venezuela”, “la guerrilla”, “la expropiación”, etc. El propósito de esta campaña es que el pueblo no piense, sino que se deje llevar por los instintos primarios. Una pobre uribista me decía por estos días: “Sé que Duque nos pondrá a comer mierda, pero prefiero eso a una dictadura castrochavista”.

Petro, en cambio, dinamiza su publicidad alrededor de la vida, la ciencia y la esperanza. Es una publicidad alegre, humana, muy humana. Su finalidad es que el pueblo vaya a las urnas con conocimiento de causa, con conciencia de clase, con independencia, con autonomía. Mire usted su publicidad. Es agradable, invita a la reflexión, a la esperanza, a la alegría, a la paz, a luchar juntos por un país al alcance de todos y todas.

Así, podríamos establecer más diferencias y similitudes que el pueblo debería asimilar con independencia e inteligencia para asumir una postura patriótica votando bien temprano el 17 de junio por Gustavo Petro. Convénzase y convenza. 

Las grandes diferencias de Petro a Duque.