Tolima
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Los discursos de Ernesto Macías e Iván Duque Márquez, presidente del Congreso de la República y de Colombia, respectivamente, durante la posesión presidencial el 7 de agosto, mostraron claramente los lineamientos políticos y administrativos que le deparará a Colombia durante los siguientes cuatros años.




El presidente de Colombia, Iván Duque Márquez, y el presidente del Senado, Ernesto Macías. Foto: Mauricio Dueñas Castañeda - EFE
No son discursos diferentes, uno exaltado y el otro mesurado, como quiere hacer ver los medios de comunicación. Son idénticos de perversos y criminales, los cuales anuncian guerra contra el pueblo y bonanza para la burguesía, representada en las multinacionales y transnacionales.

En su discurso, el presidente de la república, solamente pronunció una vez la palabra paz y fue para condicionarla a las leyes que hace la oligarquía a su tamaño y en defensa de sus intereses de clase, destacó Gustavo Petro.

Por su parte, el delirante guerrerista Ernesto Macías, le solicitó a Duque Márquez descabezar la cúpula militar que acompañó a Santos en el proceso de paz. Habría que ser demasiado ingenuo para no entender qué significa esto.

De otro lado, hay coincidencia en ambos discursos, por distintos caminos y palabras, de irse lanza en ristre contra el poder Judicial, especialmente la Corte Suprema de Justicia y la Jurisdicción Especial para la paz (JEP). Eso, ¿Qué significa? Fascismo a la colombiana.

Duque Márquez habla etéreamente de un Pacto. Una propuesta solo para engañar incautos. Se podría leer como unanimismo. Es decir, Pacto para decir Sí a las perversas iniciativas del mandatario que le ordena su jefe.

Bajarles los impuestos a los empresarios, a las multinacionales y transnacionales y reajustárselos al pueblo, con el peregrino cuento que con esta medida aumentaría el empleo en Colombia, no es más que otra truculenta falacia, por cuanto la iniciativa se ha ensayado en Colombia y en muchos países del mundo con resultados funestos para el pueblo.

Colombia es uno de los países del mundo más desigual social, económico y políticamente, lo cual es la verdadera causa de la violencia que históricamente azota a este país. Ni una sola referencia del presidente entrante durante su sosa intervención. 

Resistencia y unidad

“¿Qué hacer?”, dijo V.I. Lenin. No hay otra fórmula más acertada que la Resistencia y la Unidad del pueblo para avanzar en la construcción de una verdadera Alternativa Democrática.

La fórmula parece elemental, lo complejo es su desarrollo. El fundamento de esta iniciativa es la dinámica. No podemos sentarnos a maldecir el régimen y esperar que la simple inercia lo haga caer. Hay que actuar en este proceso con decisión, con disciplina, con organización y con formación ideológica y política. Eso implica deshacernos de fenómenos que tanto daño le han hecho a la izquierda colombiana, como el fanatismo, el sectarismo, el grupismo, el oportunismo, el economicismo y la deshonestidad.

Izquierda significa cambio, revolución, construcción de un hombre nuevo, una sociedad nueva, justa, humana y en paz. Quien piense que izquierda es la oportunidad exclusiva para satisfacer su ego personal, está en el lugar equivocado. Eso no es izquierda.

Hay que desarrollar el proyecto de la “Colombia Humana”. Para ello, hay que entender que ésta es una confluencia de fuerzas democráticas, políticas, populares, indígenas, campesinas, afrodescendientes, rom, sin partido, filántropos, creyentes, ateos, analfabetas, eruditos, LGTBI, hombres y mujeres.

En ese contexto, lo primero que hay que hacer es respetar esa diversidad y pluralidad, lo cual no es fácil, porque generalmente el más fuerte quiere opacar al más débil, en algunas veces con arrogancia y petulancia.

Entonces, algunos consideran que la unidad es absorber al más débil y en vez de buscar fórmulas para actuar en conjunto cada quien aportando con lo que tiene, se enfrascan en discusiones bizantinas debilitando la verdadera misión revolucionaria. Algunas veces, ha terminado estas fuerzas en pugna  creyendo  que el enemigo no es el modelo capitalista, sino el grupo o partido con el cual discute. Muchas veces somos ovejas con el enemigo de clase y leones con los de la misma clase social.

Así que, resulta elemental, que la “Colombia Humana” comience por estudiar todos estos procesos de unidad que se han dado en el país como la ANAPO, El Movimiento 19 de abril, la UNO, El Frente Amplio y Democrático, la UP, la Marcha Patriótica, etc. Estudio amplio, democrático, crítico, autocrítico y propositivo, para extraer los errores y los aciertos y con fundamento en ellos, avanzar, avanzar y avanzar…

Entre todos estos grupos y partidos de izquierda, nos debe unir la solidaridad; compartir no competir; ayudarnos mutuamente sobre todo en la práctica, porque es ahí donde se van resolviendo las diferencias y se van fortaleciendo las afinidades. “Todo problema teórico se resuelva en la práctica”, dijo Marx.

Pero, ¿Cómo cristalizar la unidad?

No hay fórmulas inmodificables que digan cómo debe hacerse la unidad del pueblo colombiano. Sin embargo, debe haber derroteros que nos deben llevar a este objetivo, por cuanto la unidad no es fruto de la casualidad o la espontaneidad. La unidad es un proceso dinámico y complejo objetivo. Es producto de hechos reales y concretos.

La unidad es como una obra de arte que poco a poco se va haciendo gracias a las manos y el cerebro mágico del artista. Así, teniendo claro el proyecto estratégico, una primera fase de unidad sería los grupos o partidos que guardan más afinidad en sus plataformas de lucha. Eso sería lo lógico, lo normal. Siempre en igualdad, valorando al otro, admirando al otro y sin el ánimo de cooptar. Porque, la cooptación es como yo sacar un peso del bolsillo de mi pantalón para pasarlo al otro bolsillo de mí mismo pantalón. ¿Qué gano ahí? Nada.

¿Qué me debe animar? Me debe animar el interés de crecer cualitativa y cuantitativamente, pero también debo tener el interés que la organización con la cual estoy dialogando también crezca.

Por lo tanto, se puede avanzar así construyendo colectivamente. No es lo mismo que una fuerza le diga a la otra fuerza: Nosotros tenemos esta iniciativa, la toma o la deja, a decirle: Tengo esta iniciativa construyámosla colectivamente. Es diferente.

No podemos cometer los mismos errores históricos de imponer y autoproclamarse vocero de las demás fuerzas sin ser discutido ampliamente los requisitos y las reglas de juego. Hay que construir colectivamente. Ahí está el secreto para avanzar y ser opción de poder. Hay que ser políticos, pero sobre todo, humanos demasiado humanos como diría Federico Nietzsche.