Tolima
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Colombia es una república llena de contrastes, algunos de los cuales rayan en lo absurdo e ilógico. Asesinan maestros, docentes, sindicalistas, líderes campesinos e indígenas a granel.



Un hacendado del cañón del Combeima (Ibagué, Tolima), en acto de extrema soberbia cierra un camino de más de 30 años, impidiéndole el paso a toda una comunidad campesina, incluyendo cuatro niños, impidiéndoles ir a la escuela.

El gobierno nacional anuncia bajarles los impuestos a los más ricos y reajustárselos a los más pobres. Cierra hospitales, colegios y universidades públicas con el peregrino cuento que sobran, no se necesitan.

Se anuncia más cárcel para los campesinos que siembran coca por extrema necesidad y en cambio, los grandes mafiosos tienen entera libertad para lucrarse de su ilícito negocio.

Un padre de familia acorralado por la crisis económica degüella a su hijo y luego se elimina él. La única respuesta es que el señor se alejó de Dios y el Diablo lo llevó a cometer semejante hecho.

Una niña que terminaba su bachillerato en el colegio Carlos Blanco Nassar de Anzoátegui (Tolima), decide eliminarse al parecer tomando un vermífugo venenoso. El escabroso hecho no deja de ser anecdótico y el mismo cuento de siempre: “Es que la juventud se ha alejado de Dios”.

El religioso que monta mensualmente tremenda ceremonia recolectando millones de pesos, los cuales no disfruta un peso la comunidad crédula que asiste y del entorno. Es decir, en nombre de Dios y de la credulidad se despoja a muchos por muy pocos.

El gobierno nacional que entrega la soberanía nacional para que Estados Unidos instale 21 bases militares, con el fin de generar dominio imperial en el continente y amenazar agredir militarmente a la hermana república bolivariana de Venezuela y Nicaragua. La primera para robarse los recursos naturales, especialmente el petróleo como lo venía haciendo con Carlos Andrés Pérez, entre otros apátridas y la segunda, para impedir la construcción del canal interoceánico.

Los medios masivos de comunicación, en el marco de la guerra de cuarta de generación azuzada por la CIA, dejan de cumplir su misión para convertirse en arma fundamental de la oligarquía y el imperialismo de los Estados Unidos, para sostenerse ilegal e ilegítimamente en el poder.

El paramilitarismo no se combate en Colombia. Por el contrario. Se robustece, se tecnifica y se profesionaliza. No es raro ver paramilitares con carreras profesionales, bien hablados y con corbata, enclaustrados en las altas esferas del estado colombiano.

No es raro ver en los altos cargos del Estado personajes duramente cuestionados, ultrarreaccionarios y retardatarios hablando de moralidad y ética pública.

No. No es raro en Colombia semejantes contrastes. Mientras tanto, los principales grupos económicos aumentan sus fortunas, aumentan sus paraísos fiscales.

Colombia, ¡oh!, Colombia: ¿Acaso está condenado a otros cien años de soledad? No creo. Hay una fuerza formidable que se desarrolla. Esa fuerza se cuantifica y se cualifica cada día más: Con Pardo Leal, 300.000 votos; con el maestro Carlos Gaviria Díaz, 2.700.000 y ahora con Gustavo Petro Urrego, 8.034.000 votos.

El tren de la victoria avanza. Qué hermoso lo que se vio estos días en Bogotá: En el Parlamento un debate a todo timbal y en la plaza de Bolívar la gente movilizada. Veo tormenta: Pero, por entre ella un nuevo y definitivo amanecer.

Ahora, en las elecciones sindicales debemos votar por los consecuentes, por los más capaces, por los más dignos. En el caso del Tolima tenemos para la CUT al compañero Jhonatán Varón Posada, un joven de escasos 28 años, con ganas de contribuir a que la CUT recupere su liderazgo y su posición política e ideológica. En el Tolima CUT marque el 108. Rechacemos los personalismos e individualismos con contundencia. Jhonatán Varón Posada para la CUT Tolima, ¡es el camino!