Tolima
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Los anuncios del ministro Carrasquilla causan estupor y desasosiego en el pueblo colombiano. No es para menos. La cascada de impuestos, incluyendo el impuesto al valor agregado (IVA), a la totalidad de la canasta familiar no es para dormir tranquilos los colombianos, exceptuando naturalmente las pocas familias que hacen 200 años usufructúan los dineros del erario público.



La constante ha sido la mentira y la infamia. Juan Manuel Santos – recordemos – dijo en campaña que podía firmar en roca que no subiría los impuestos. ¿Cumplió? Mamola. El actual mandatario, Iván Duque Márquez, dijo algo muy parecido. Hoy vemos cómo está el pueblo acribillado de impuestos y de mil burlas, porque se ha anunciado que los impuestos a las multinacionales y transnacionales, serán disminuidos con el mismo cuento mentiroso: Aumentar el empleo.

Desgraciadamente hasta la presente, los colombianos no hemos votado ni con conocimiento de causa, ni con conciencia social y de clase, el grueso del pueblo ha votado atemorizado, temeroso, obligado y analfabeta político. Esta sucia oligarquía liberal – conservadora se ha valido de mil triquiñuelas para sostenerse en el poder de una manera ilegal e ilegítima.

Al lado de esa cruda realidad, hay una verdadera parafernalia maquiavélica encabezada por la registraduría del estado civil, en la que la corrupción campea a las anchas de tal manera que quien escruta elige, como lo dijera el padre Camilo Torres Restrepo. Tengo la firme convicción de que el actual mandatario colombiano no le alcanzó los votos de carne y hueso para llegar al solio de Bolívar. ¿Cuántos muertos votarían? Me pregunto.

De ese tinglado infame también hacen parte los medios masivos de comunicación, las religiones y el mismo pensum académico. Todos se unen sin contemplación para llevar al elector a la urna atemorizado, miedoso y con el mayor desconocimiento del verdadero significado del voto. Fruto de esa combinación macabra, el elector sale a votar por dinero, por amiguismo, por terror al cambio y en obediencia ciega al mensaje perverso repetido hasta la saciedad. Diríase que el grueso del pueblo colombiano que vota, lo hace maquinalmente, sin saber su verdadero significado. Esos presuntos diez millones que votaron por el payaso del narcotraficante número 82, Álvaro Uribe Vélez, comenzarán a despertar de ese Valium para encontrarse con la cruda realidad. Así paga el diablo al que bien le sirve.

En medio del dolor y la indignación que significa la traición, los abstencionistas ilusamente se frotarán las manos diciendo: “Por eso yo no voto ni por uno ni por el otro, pues todos son iguales”. No saben o se niegan a aceptar que ellos son tan responsables de la crisis como los que acudieron a votar por Duque y su patota. La cuestión es sencilla: La carestía y los impuestos, son decisiones políticas, decisiones tomadas por la clase dominante, la burguesía.

Esa postura de declararse “neutral” favorece a la clase explotadora. Así pues, los abstencionistas tienen mucho que ver con la tragedia nacional que vive el país con la actual administración del señor Iván Duque Márquez. Realmente no pueden correr el bulto y responsabilizar exclusivamente a los posibles diez millones que lo invistieron de presidente de la república.

Y, para completar el sainete, la burguesía colombiana de hinojos ante las órdenes del imperialismo de los Estados Unidos, nos quiere meter en un conflicto bélico con la hermana república bolivariana de Venezuela, violentando salvajemente el magno principio de las poblaciones civilizadas de la libre autodeterminación de los pueblos. Pastrana, Uribe, Gaviria, Santos y ahora Duque, mantienen más pendientes del desarrollo de los acontecimientos de la hermana república en busca de una fisura para convertirla automáticamente en caballito de batalla contra el pueblo patriota, la patria del libertador Simón Bolívar y el general José Antonio Anzoátegui.

Uribe, permitió la instalación de las numerosas bases gringas en el país en un acto de suprema traición a la patria. Sin embargo, los medios de comunicación se han encargado de convertir esta infame traición en una heroica y trascendental decisión. Un solo datico, a manera de ejemplo: Un simple soldado gringo periquero tiene más valor y poder que un general colombiano.

Ante este cúmulo de hechos reales y concretos, cuyas consecuencias comenzamos a padecer, nos debe llevar a hacer una profunda, dinámica y sincera reflexión, asumiendo una postura activa y decidida. No podemos quedarnos cruzados de brazos, ni sumergirnos en duras recriminaciones. Hay que evaluar, planear y actuar. Acudir a la lucha de masas, lucha que debe ser unitaria, multitudinaria y consecuente, basada en la más amplia democracia y participación de todos y todas. A la calle, a defender la vida y la esperanza de vivir dignamente. A transformar esa lucha sindical, campesina, indígena y popular en lucha política. Un paso decisivo debe ser el año entrante. El pueblo consecuente debe tomarse juntas administradoras locales, concejos municipales, alcaldías y gobernaciones. No podemos seguir dejándoles el poder a los que nos han venido explotando con el cuento del “comunismo”, el “terrorismo”, “el castrochavismo”, “Ser como Venezuela”, etc. Superemos esas mentiras, esas infames triquiñuelas y asumamos una postura consecuente y revolucionaria. No le temamos al cambio. El pueblo al poder con decisión, coraje y conciencia de clase. Sí se puede.  


Cuando Iván Duque decía que más IVA para los colombianos no tiene sentido