Tolima
Typography

Hace ya quince años, las derechas venezolanas estaban envalentonadas. Habían realizado un paro petrolero, bastante doloroso para las arcas del Estado, pero más para la población, que aunque no dimensionaba todavía la inmensa riqueza que se extraía de los pozos, ya comprendía que ese producido le pertenecía, y que con Hugo Chávez podría disfrutarlo.



El paro no logró la caída del líder, pero mantuvo incólume el sentir oligárquico de que su relevo estaba en la puerta del horno y de que con algunas acciones violentas sería suficiente para producirlo. El día en que coincidieron en las calles dos manifestaciones, una favorable de Chávez y la otra en contra, la antichavista fue desviada hacia la otra, con el fin de provocar enfrentamientos entre ellas. La consecuencia no pudo ser peor: Fruto de tales orientaciones, 19 ciudadanos perecieron.

Esto animó aún más a la derecha. Aprovechando que aún contaba con el generalato a su favor y que podía contar con el apoyo mediático, secuestró al Presidente, de quien dijo que había renunciado, sentenció que había un “vacío de poder” e impuso a Pedro Carmona Estanga para sucederlo.

Es de anotar que el Acta de Posesión de este personaje no daba lugar a dudas de lo dispuestos que estaban los golpistas a recuperar todos los resortes del Estado que habían perdido: a la decisión de eliminar la palabra “Bolivariana” de la denominación del país siguió la de disolver la Asamblea Nacional y otorgarle poderes a Carmona para remover y nombrar a los integrantes de los poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial, igual que a los de la Fiscalía, la Defensoría y la Contraloría.

Es decir, ¡ese sí fue un auténtico Golpe de Estado!, y no lo que ahora ellos mismos califican de tal, y que no ha sido más que una simple consecuencia de lo que también ellos hicieron cuando le dieron un golpe de mano a la Asamblea Nacional al posesionar a tres candidatos cuya elección resultó fraudulenta. Con estas posesiones buscaban provocar que las decisiones de la Asamblea Nacional, tomadas por ellos mismos, fueran invalidadas por el Tribunal Supremo de Justicia para poder alegar a partir de allí que en Venezuela no había separación de poderes y, en cambio, sí una dictadura.

Y pensar que de esa derecha nuestros medios hacen tan exagerado eco, olvidando lo que ocurre en Brasil y Argentina, donde se han levantado intensas olas de  protesta, no por presiones mediáticas, como en Venezuela, sino en defensa de derechos que buscan ser privatizados, no obstante ser conquistas alcanzadas bajo el imperio de gobiernos progresistas. Cosas de cierto periodismo y de los intereses oligárquicos.