Tolima
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El pueblo colombiano con sus emocionantes e ingenuas creencias se prepara a recibir el año 2019. Resulta ilógico decir año nuevo por cuanto constituye un año menos de vida. Los agüeros explotados económicamente se toman las calles y avenidas. Se ofrecen todo tipo de yerbas y sahumerios para la buena suerte, el amor y la fortuna. De igual manera, el traje para estrenar con sus colores, los detalles, la comilona y la rumba.



Diríamos que esa es la preocupación del pueblo colombiano por estos días. Con verdadero heroísmo no se rinde y trata de amortiguar su tragedia económica con estas creencias fantásticas, siempre con la esperanza que el siguiente año será el despegue en sus diversos proyectos económicos, por pequeños que éstos sean.

Es un letargo mediático – religioso, que hace metástasis por estos días en la conciencia alienada del pueblo colombiano. Compartir un buñuelo o un pedazo de natilla, si bien no se puede hacer con abundancia como otrora, se hace con el vecino y mutuamente se desean mucha suerte, ventura, amor y dinero.

La burguesía tiene otra dinámica distinta: Hacer el balance económico y proyectar los proyectos para el siguiente año. No tiene tiempo para compartir una alegría. Su espíritu egoísta y alienado al dinero, le impiden conmoverse ante la risa de un niño, la belleza de una flor o la ternura del buen tiempo. No tiene alma, tampoco sensibilidad humana.

Hace pronósticos sobre cómo incrementar sus riquezas, cómo apoderarse del capital de su cliente, cómo dominar el mundo. Se mueve en la soledad sonora del poder ilegal e ilegítimo. Está convencido que todo se adquiere con el dinero. No le importa si éste, está salpicado de sudor, lágrimas y sangre. Está convencida que el fin justifica los medios, como diría Nicolás Maquiavelo.

¿Qué postura asumir en 2019?

Este año será bastante movido en Colombia, pues está cruzado por la campaña electoral para elegir juntas administradoras locales, concejales municipales, alcaldes, diputados y gobernadores. La izquierda tiene un gran desafío: Materializar esos 8.040.000 en estas corporaciones públicas. Tomar posesión de ellas y hacer realidad los sueños secularmente abortados por esta corrupta clase gobernante.

Una izquierda con  vocación de poder que avance en la dinámica de derrotar el aparataje en el cual se sostiene la clase dominante con tanto poder y gloria en detrimento de los intereses del pueblo. Para ello, se necesita mucha madurez política, espíritu unitario y conciencia de clase. Usar la experiencia para dinamizar el proceso de crecimiento y de avance.

Se debe imponer las candidaturas unitarias y de convergencia, deponiendo los apetitos personalistas que tanto daño le han hecho a la izquierda colombiana. Hay que aprender de los errores.

Será una disputa dura, porque estamos enfrentando una clase dominante perversa, criminal, marrullera y oportunista, que seguramente colocará todo su pérfido aparataje en función de seguir parapetada en el poder. Seguramente “ríos de dinero” provenientes del narcotráfico inundarán la población colombiana. Aumentará el terrorismo de Estado y el accionar mediático para que nada cambie y los mismos con las mismas sigan gobernando.

No estamos enfrentando un tigre de papel, estamos enfrentando un monstruo que con todo su poder, puede ser derrotado, pero si permanecemos unidos y luchamos en equipo. La unión hace la fuerza. La batalla de las ideas en marcha. Hay que preparar un discurso bien elaborado, bien sustentado y bien sintetizado que logre penetrar la conciencia del pueblo colombiano.

Con la fe del carbonero hay que organizar una gran avanzada en el año venidero capaz de hacer temblar esta rancia oligarquía colombiana. Persistir en la unidad, en la organización y en la politización. No hay otra alternativa, manos a la obra.