Tolima
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Lamentable la posición de Mauricio Lizcano y Miguel Ángel Pinto, presidentes de Senado y Cámara, quienes de manera arbitraria y en absurda oposición a los nuevos rumbos por los cuales los colombianos quieren llevar al país, resolvieron negar el uso del Salón Elíptico a los organizadores del Congreso Nacional de Paz, que estaba previsto para este 29 de abril.



Para esta negativa bien hubieran podido argumentar mil razones, ninguna suficientemente justificadora, pero tampoco ninguna más traída de los cabellos que la que manifestaron. Según estos señores, el Capitolio Nacional no podía prestarse para el desarrollo de un evento al cual asistirían guerrilleros que aún no han entregado las armas ni están a paz con la justicia. Olvidaron lo pisoteado que ha sido ese recinto por corruptos de toda laya, entre los cuales hubo, hasta no hace mucho, representación del narcotráfico en cantidad no inferior al 30 por ciento de las curules.

‘Ernesto Báez, Salvatore Mancuso y Ramón Isaza, durante la audiencia pública que se realizó en el Congreso en 2004. (Foto: Colprensa/Vanguardia Liberal)


Estos mismos señores, tan escrupulosos hoy en la defensa del virginal ambiente dentro del cual se mueven, deberían tapar sus narices ante el hedor que alguna vez dejaron, y del cual aún quedan algunos miasmas residuales, los señores Salvatore Mancuso, Ramón Isaza y alias Ernesto Báez, cuando se presentaron al Senado a reclamar beneficios para sí y para las criminales AUC.

De seguro que Lizcano y Pinto no actuaron solos, y que detrás de su negativa estuvieron los enemigos solapados de la paz, de cuyos designios evidenciaron no querer apartarse. Eso habla a las claras de lo difícil que es el camino de la reconciliación en Colombia y de lo mucho queda por andar para llegar a tan importante meta.

Por fortuna, los organizadores del evento no se dejaron amilanar por tan aberrante decisión y siguieron el derrotero ya marcado por sus propósitos. No dieron marcha atrás, y lo sacaron adelante con un éxito que muy probablemente no habría sido superior si se hubiera llevado a cabo en el Salón Elíptico. Lo realizaron a cielo abierto, en plena Plaza de Bolívar de Bogotá, sin limitación alguna para la participación de los asistentes, y sin que tal magnanimidad pusiera en riesgo la calidad de las discusiones abordadas y la racionalidad de las decisiones que se tomaron.

En hora buena este logro, que no hubiera sido posible sin la presencia de tantas organizaciones y personalidades como las que estuvieron presentes, incluidos algunos parlamentarios. Lo que sigue ahora es capitalizarlo en bien de la materialización de los objetivos que le dieron origen, los cuales no son otros que los de elevar el compromiso ciudadano hacia la construcción de una Colombia nueva, en paz y con justicia social.

Grafica pie de foto.- El presidente del Senado, Mauricio Lizcano, y de la Cámara, Miguel Ángel Pinto . Foto: El Espectador