Tolima
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El pasado 29 de julio de 2019, el mandatario de los ibaguereños, Guillermo Alfonso Jaramillo Martínez, presentó su penúltimo balance administrativo. Durante casi cinco horas, enumeró los resultados de su gestión ante una concurrencia que se dio cita en el parque Manuel Murillo Toro. El balance es altamente satisfactorio. Según afirmó lleva el 83 por ciento de lo presupuestado en el plan municipal de desarrollo y su perspectiva es rebasar el 90 por ciento al término de su gestión el 31 de diciembre. De acuerdo con sus cálculos, el mandatario que habrá de sucederlo tendrá bastantes obras para inaugurar.



Por supuesto que el mandatario dimensionó sus aciertos. Poco dijo de los lunares como el alto índice de desempleo o la carestía que se acentúa violentamente en la ciudad musical de Colombia, Ibagué,  y salarios con bajo poder adquisitivo. Su obra es reconocida hasta por la misma oposición. Creo que este gobernante marcó la diferencia en relación con varias administraciones municipales anteriores a él. Sobre todo porque luchó contra la corrupción y la negligencia administrativa, tan característica en el régimen capitalista. Demostró que se puede gobernar con decencia y hacer cosas en medio de las limitaciones económicas.

Desde luego, no es una administración histórica, pero sí admirable porque abrió la brecha de la transparencia y la búsqueda del interés colectivo. Se prodigó a fondo en defensa del erario público, recorriendo día y noche los distintos frentes de trabajo. Demostró en la práctica que sí se puede gobernar con honradez y compromiso social. Renglones como la salud, la educación, la cultura, el medio ambiente, el campo, la infraestructura, marcaron la pauta en su administración municipal. Así lo demuestran las estadísticas presentadas durante su rendición de cuentas y los testimonios de las personas directamente afectadas que asistieron.

Su gestión fue profundamente ignorada por algunos medios masivos de comunicación, por su decisión que tomó desde un principio de suturar las venas rotas de la publicidad para las consideradas “vacas sagradas” del periodismo. Según afirma, la anterior administración entregó 5 mil millones de pesos a tres periodistas para que guardaran silencio en el descalabro de los juegos nacionales. Esa denuncia le costó carísimo al mandatario Jaramillo Martínez, pero se sostuvo y sacó adelante su propuesta de gobierno que prometió en su campaña electoral.

Continuar el proceso administrativo

Guillermo Alfonso llegó a la administración municipal gracias a la confluencia unitaria de las distintas fuerzas que conforman la izquierda, sectores democráticos e incluso, personalidades de renombre nacional. Con discurso izquierdoso y democrático, se derrotó la maquinaria de la derecha y extrema derecha enquistada en las alturas del poder durante largos y azarosos años. El triunfo llenó de esperanza a los 600 mil habitantes que comenzaron a soñar con un cambio y un nuevo modus vivendi. Los hechos no coincidieron con las expectativas. Sin embargo, se abrió una gran alameda por la que hay que continuar de tal manera que esta iniciativa se profundice y se radicalice. La corrupción, la politiquería y el oportunismo ciertamente no se han derrotado ciento por ciento, todavía subyacen en escritorios y pasillos del palacio. Quienes compartimos la dialéctica nos damos cuenta que vamos por el camino correcto. Por eso, el sucesor del médico debe ser fruto de la convergencia de las distintas fuerzas que integran la izquierda en Ibagué, lo mismo que sectores democráticos e incluso, personalidades decentes.

Corregir los errores y fortalecer las fortalezas para que la democracia sea profundizada en un nuevo escenario, mejorando – por ejemplo – la comunicación de doble vía entre gobernantes y gobernados. Hay que entender que el desarrollo es fruto de la contradicción y que nada está dado de una vez y para siempre. Nada es estático. Todo está en movimiento, generalmente de lo inferior a superior con avances y retrocesos. Desde esta perspectiva filosófica hay que analizar esta administración, destacando lo positivo y corrigiendo los yerros, para avanzar en esta dura batalla contra este desalmado modelo neoliberal que cabe vez cobra más y más víctimas en nuestro país.

Tenemos el deber de defender estos logros obtenidos por esta administración municipal, buscando que la comunidad entienda la diferencia entre un estilo de derecha y uno de izquierda. En la medida que entendamos la diferencia vamos teniendo más claro el horizonte y la razón de la lucha revolucionaria, no tanto por nombrar una persona, sino por ganar un proceso colectivo, dinámico y dialéctico. El debate se debe abrir y colocarlo de frente a la comunidad, para que ésta discuta, analice y asuma una posición consecuente con su clase social. ¿Qué hay que mejorar? ¿Qué hay que corregir? ¿Qué hay que profundizar o radicalizar? ¿Cómo superar el culto a la personalidad y dimensionar más el accionar colectivo? Sí, no hay duda, este proceso que inició el médico Jaramillo con el apoyo de toda la izquierda se debe catapultar, teniendo en cuenta la gestión positiva que viene presentando en sus rendiciones de cuentas. No hacerlo así es echar por la borda una gran experiencia.

Foto: Alcaldía de Ibagué