Tolima
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La camarada Lilí Ipuz Medina dijo en cierta oportunidad, con su particular forma de hablar, que lo más complejo y difícil que había en el mundo era ser Comunista. “Lo joden acá, allá y en todas partes, tiene que luchar siempre con la adversidad y las más diversas y duras privaciones. Es perseguido, estigmatizado y asesinado”.



Lo interesante es que no lo dice con amargura, a pesar de sus dificultades económicas y su escasa formación académica, lo dice con firmeza y plena conciencia de clase y de lo que implica ser Comunista en el siglo XXI. A veces es acusada de ortodoxa e incluso, pasada de “moda”. Sin embargo, en ningún momento se siente ofendida, porque según afirma, cada quien tiene derecho de pensar como a bien tenga.

No tuvo la fortuna de ir al colegio, menos a la universidad. Esa contingencia propia  del capitalismo no la disminuye en la comprensión de los requisitos mínimos para ostentar la distinción de Comunista. “Hay que ser solidario, honrado, consecuente y leal a la causa noble de los pueblos”, lo dice sin aspaviento, pero sí con la mayor convicción.

Esta sencilla mujer tan golpeada por el capitalismo pues ha perdido familia en esta dura lucha revolucionaria, deja a su paso taciturno una estela de enseñanzas que hay que dimensionar en estos momentos de tanta perplejidad, incertidumbre e indignación.

En esta tormenta apocalíptica surge un interrogante alrededor del cual bien se podría organizar duros y enconados debates con la perspectiva de sacar conclusiones plausibles que nos permitiera enfrentar con más eficacia y decisión el régimen capitalista. El interrogante sería: ¿Cómo prepararnos en el siglo XXI para enfrentar el capitalismo?

¿Será que con nuestra actual formación ideológica, política, académica, ética revolucionaria y praxis (práctica), podemos enfrentar con éxito ese descomunal monstruo o leviatán llamado: Sistema Capitalista?

La ideología capitalista no se derrota ni con ave marías, ni con una formación escolástica, limitada y débil. Tampoco teorizando desde una oficina todo confort con cero o muy poca práctica. El marxismo y el leninismo son ante todo teoría y práctica. Carlos Marx no fue solamente teórico, ni V. I. Lenin solamente práctico. Ambos supieron combinar dialécticamente la teoría y la práctica. Observaron una ética a toda prueba. Fueron intransigentes ante fenómenos tan deplorables como la corrupción y el oportunismo.

La lucha revolucionaria es un apostolado, un riesgo permanente, un sacrificio, un dar todo a cambio de nada. Siempre se está nadando contra la corriente y contra todos esos vicios inherentes del capitalismo como la mentira, la corrupción, el oportunismo, el consumismo, la intriga y el interés personalista. El comunista no está buscando un paraíso fiscal, está buscando una trinchera para enfrentar con más decisión y eficacia al único enemigo de clase real: La burguesía.

Eso es lo que intuye la camarada Lilí llevándola a decir lo complejo y duro que significa ser Comunista en el siglo XXI. Marx y Engels, dicen en el Manifiesto Comunista, escrito en 1848, al referirse a la burguesía, al capitalismo: “Ha hecho de la dignidad personal un simple valor de cambio”. Más adelante, agregan en el mismo documento citado: “La burguesía ha despojado de su aureola a todas las profesiones que hasta entonces se tenían por venerables y dignas de piadoso respeto”.[i]  

Es decir, el capitalismo todo lo infecta, lo prostituye, con fiereza y descomunal fuerza. Luego, no podemos enfrentarlo con flaqueza o actitud blandengue, hay que enfrentarlo también con fiereza y descomunal fuerza y esto lo da la combinación dialéctica entre la teoría y la práctica. ¿De qué me sirve hablar de ética si no soy ético en mis acciones y comportamiento diario? Como decía Platón: “El que lee y lee y no practica, es como el que ara y ara, pero nunca siembra”. Así, hay que leer (estudiar) y practicar (hacer), constantemente. Quien no actúa así, se auto engaña y engaña a los demás con graves repercusiones. El Comunismo no nos convoca a ser dioses, pero sí humanos, demasiado humanos, como diría Federico Nietzsche.

El Comunismo también nos convoca a ser profundamente solidarios y radicalmente intransigentes con los vicios del capitalismo. De eso nos dio cátedra el comandante Fidel Castro cuando el narcotráfico intentó permear la economía cubana. La revolución no dudó en destripar el cáncer de raíz y  no con agüitas tibias. Hay que aprender de la historia para seguir la lucha revolucionaria. El Comunismo nos enseña a ser persona de bien. No entenderlo así es simplemente aceptar una caricatura, una falsa interpretación. La lucha revolucionaria continúa. Adelante.      

[i] MARX, Karl. El manifiesto Comunista. Los grandes pensadores. Ediciones Progreso, Moscú. Página consultada 30.