Tolima
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Las heridas del crudo terrorismo de Estado todavía supuran dolor, sin que el Estado intente siquiera suturar unas cuantas por simple arrepentimiento y espíritu de rectificación o simple cambio de conducta. Se prueba así, que el capitalismo no tiene espíritu humanista, ni capacidad de corregir sus yerros. Por el contrario. En la medida que se hunde en su propia putrefacción, se hace más infame y criminal.



El Estado Colombiano – no es un misterio por el contrario es vox populi – se ha soportado en la política criminal del paramilitarismo. Su proceder sanguinario hace parte de la política contra insurgente y el denominado enemigo interno. Este siniestro invento que se exacerbó en la oscura dictadura del narcotraficante número 82, Álvaro Uribe Vélez, persiste en el tiempo y en el espacio. Sigue siendo el arma criminal del gobierno y la gran oligarquía.

Hoy se encuentra en la cárcel de Picaleña de Ibagué (Tolima), sindicalista prisionero víctima al parecer de un falso positivo. Se trata de Gabriel Ospino, un trabajador de Ecopetrol. Su relato es desgarrador, pone los pelos de punta y en evidencia la política criminal del régimen capitalista y la misma oligarquía colombiana.

Además, una vez más coloca al descubierto la política paramilitar del Estado Colombiano. Su criminalidad y su accionar en todo el territorio nacional con la plena anuencia de las autoridades. Es un testimonio que hay que dimensionar y denunciar públicamente.

La narración concedida en exclusiva a la página web: www.pacocol.org es la siguiente:

“Mi historia es muy triste, bien parece un guión de película “enlatada”. Como trabajador directo de la estatal Ecopetrol, desde el 13 de enero de 1989, trasegué por diferentes plantas de bombeo de la anteriormente llamada: Vicepresidencia de transporte o Distrito de Oleoductos, con operación directa de la empresa Ecopetrol”.

“En nómina convencional o como la llamamos los consecuentes: “La nómina de los lungos u obreros”. Ingresé como estudiante Sena, en un convenio que la empresa tenía para formación de operadores de estaciones de bombeo, que en 1989 formaba a la octava promoción. Éramos casi 28 en total menores de 25 años, bachilleres técnicos o tecnólogos egresados de algún Sena”.

“Yo era egresado del Sena de Sogamoso en 1985, pues estudié allí Mecánica Industrial desde 1983, he hice en Texas Petroleom Company, donde era trabajador mi viejo Manuel Ospino, quien fue soldador y sindicalista. Fue presidente de este sindicato por casi más de 25 años. Fue retirado pensionado por enfermedad (Trombosis), quedó inválido y falleció en 1985 a los  54 años de edad”.

“A los tres meses de haber ingresado como trabajador  fijo en Ecopetrol, después de haber culminado la etapa productiva en enero de 1990, Ecopetrol en mayo me contrata como obrero II y empiezo carrera en operaciones de bombeo. No habiendo culminado el período de prueba, a finales de julio, salí a un paro nacional por el asesinato en Yumbo del compañero sindicalista, Pedro Pablo Ospina y de inmediato me sindicalicé antes de ser despedido. Lo hice porque en mi mente estaban frescas las enseñanzas y ejemplo de mi padre, en no mendigar los derechos, así se ciernan amenazas de que la empresa prescinda de los servicios del reclamante”.

“Desde esa época he sido un luchador de los Derechos de quien brinda su fuerza laboral a cambio de bienestar con dignidad. Llegué desplazado a Barrancabermeja en 1995, pues en Puerto Boyacá, tuve demasiado roces con la administración y fui boleteado por paramilitares”.

En el año de 1998, salí cuando empezó la guerra Paras – Elenos y llegué a Mariquita (Tolima), en junio de 1998. En el año 2002, siendo operador de la planta La Parroquia de ese pueblo y, “coincidencialmente”, cuando Álvaro Uribe Vélez  toma el poder en agosto de ese año, se incrementaron los hurtos de combustibles en un 300 por ciento, por extracciones al tubo que de Puerto Salgar lleva a este poliducto denominado: ODECA (Oleoducto de Caldas), hasta Manizales, siendo Mariquita o la parroquia planta de reimpulso por la topografía”.

“Como operador en los turnos amaneciendo solo podía mandar a para el bombeo, pues al bajar el flujo por las extracciones la bomba se recalentaba y se apegaba cada rato, siempre que pasaba gasolina. (Este poliducto lleva varios combustibles, uno tras del otro: Gasolina, ACPM, Keroseno, Gas Propano, Gasolina Extra; todos estos productos van separados por una cuña de Virginoil para que no se mezclen)”.

“Los paramilitares averiguaron mi identidad, pues siempre que yo estaba de turno paraba el bombeo les impedía llenar los carro tanques que tenían listos en los sitios de extracción ilegal entre Mariquita y el Fresno (Tolima)”.

“Me amenazaron por sapo y me dieron 48 horas para irme del pueblo. No lo hice, estaba cansado de huir de ser boleteado cada rato. Acababa de comprar vivienda en Mariquita, estaba estudiando Administración de Empresas. Decidí denunciarlos”.

“En la Fiscalía de Mariquita no me quisieron recibir la denuncia, la interpuse en Honda (Tolima). Di los motivos claros de las amenazas y quienes eran. Me secuestran el 12 de noviembre de 2002, me sacan de la planta en horario laboral, en complicidad con mi jefe, quien hasta el momento no sabía que trabajaba también para ellos. Este señor Raúl Argüello me entrega y en campero de Ecopetrol soy llevado custodiado por 2 paras: Jairo Reyes y un alias Canario hasta el campamento  de ellos, cerca de Fresno, llamado: El Hatillo, en una finca denominada: Aviluz de propiedad del mayor contratista de Ecopetrol en suministro de autos a la empresa, llamado: Francisco Javier Sandoval, alias Morrongo. (Muy conocido procesado en para – economía)”.

“Allí se me reveló todo. De cuenta del paramilitar  José Julián Lloreda Rentería o alias Lucas. Esto lo hicieron porque pensaban asesinarme. ¿Qué me pasó en este sitio? Me hicieron un juicio “político”, según ellos por sapo, por ser sindicalista guerrillero y por dificultarles las extracciones ilegales”.

“Además de ello, me revelaron los propósitos directos del por qué estaba allí. Alias Lucas me dijo claramente: “Tenemos una copia de la demanda interpuesta por usted en una Fiscalía de Honda, donde pone en conocimiento que lo estamos desplazando por sapo. Como no se quiso ir entonces nos tocó traerlo para que le quede claro que no estamos jugando. Lo vamos a dejar de abono para las matas. Ecopetrol no es suyo, no le estamos robando a usted, ni a su familia. Todas las empresas, almacenes, comercio en general, ganaderos, finqueros, concejales, alcaldes, policía, DAS, ejército, trabajan de la mano con nosotros. Esto ya está instituido en el país. Todos deben tributar para los paramilitares, porque vamos a trabajar en bien del país. Vamos a acabar con toda la lacra social, no quedará vestigio de viciosos, maricas, ladrones, sindicalistas, guerrilleros, vagos, ni embaucadores. Esa es nuestra labor encomendada por el nuevo presidente. Esto ya está hablado y concertado. Todos deben colaborar para hacer una nueva Colombia. Ecopetrol no es la excepción”.

“Del segundo renglón en el senado, salió alguien nombrado para la Junta Directiva de Ecopetrol y de ahí para abajo: Presidente, jefes, cuerpo élite y hasta los directores de planta, trabajan con nosotros; y en los pueblos hasta el director del hospital está de parte nuestra”.

“Ecopetrol, como no tiene cómo justificar una partida contable para nosotros, nos permite los hurtos con materia prima. Son robos consentidos, pero nadie sabe nada; todos a hacerse los de la vista gorda. Haga lo mismo, no sea sapo. Mejor dicho: Ya es tarde, lo hubiera hecho antes, ya nos toca matarlo”.

“De un recoveco apareció mi jefe Raúl Argüello y le dijo: “Usted nos prometió que no lo iba a matar, solo era para asustarlo el traerlo aquí”. La palabra de un bandido no vale, contestó el paramilitar Lucas. Pistola en mano y apuntándome a la cabeza, nuevamente Argüello le recriminó que todo mundo había visto cuando él me sacó de la planta en el campero de Ecopetrol y luego, él llegaba solo a la planta y fuera de eso aparecía muerto, le iban a echar la culpa a él. Por eso no me mataron”.

Pero sí me hicieron prometer a cambio ahora que no sabía la verdad de no volver a denunciar, no parar los bombeos y hacer lo mismo de todos en la empresa. Hacerme el que nada pasa en los turnos y el de la vista gorda. Ese era el trato a cambio de dejarme vivir. Así lo acepté”.

“Cuando me fui a ir, también me pidió 2 millones de pesos como multa pecuniaria. Junté la mitad y se los envié con un taxista conocido de él, quien fue asesinado después por ellos mismos: Wilson Borbón. Me volé para Bogotá, protegido por Derechos Humanos, y a los tres meses la empresa me obligó a devolverme, so pena de ser despedido por abandono del puesto. Regresé obligado a mi base de trabajo en la planta La Parroquia en Mariquita, pues el señor jefe Argüello, dijo a la administración que todo era inventado por mí, para él no perjudicarse. Le creyeron a él y no pude hacer nada”.

“Los paras me contactaron nuevamente y me dicen que la multa asciende a 10 millones de pesos, por haberme volado o que si no la quería pagar, entonces debía colaborar con ellos no parando los bombeos y no denunciándolos, ni hacer reportes ante la empresa”.

“Así lo hice, pues en Mariquita y el norte del Tolima, si uno miraba bien, cuando los Paras estaban en el pueblo parecían mandar más que cualquier autoridad. Todos les tenían miedo, respeto y a donde llegaban pedían y nadie les cobraba. Parecían como los gota a gota en motos, cobrando en todo el comercio. Era tan normal verlos en su rol que todo el mundo pensaba que era verdad que eso estaba instituido”.

“Al cabo de varios años después, yo empecé a faltar al trabajo, a incapacitarme  reiteradamente en los turnos de noche y no les volví a colaborar. Cambiaba los turnos, cuando en la noche había gasolina para no tener que estar allá. Ellos se dieron cuenta y entregaron un vídeo al comandante de la policía y nos hicieron un falso positivo en compañía con la administración y nos mandaron a la cárcel. Así se deshizo la empresa de nosotros”.

“Años después, estando preso, el 18 de mayo de 2012, participé como víctima en una audiencia de Justicia y Paz y denuncié lo ocurrido ante el Fiscal III de Justicia y Paz. Ellos (Los Paras), aceptan la culpabilidad y refieren que lo dicho por mí es cierto. Les imputan cargos, los condenan, realizan la audiencia de reparación de incidente a mí favor y, por sobre todo, confiesan que lo hizo Lucas y Jairo Reyes a espaldas del comandante general y que lo hicieron por orden y orquestado por Ecopetrol para librarse del karma de los sindicalistas de esa planta. Hoy sigo pagando 14 años de prisión y la Corte Suprema de Justicia, alega que para el año y fecha de los hechos, en Colombia ya no existían paramilitares. Esa es la disculpa ridícula que expone la Corte Suprema. Todos sabemos que lo hacen para no manchar el prestigio de la caja menor del Estado, que se vería afectada, si se llega a exonerarme y dejarme libre. Claro, tendrían que condenar a Ecopetrol y eso no lo pueden permitir”.

“En estos momentos favorables  de C.I.D.H. espero mi exoneración total y limpiar mi buen nombre y en la Fiscalía primera especializada de Ibagué, cursa demanda penal, aceptada, investigada y abierta en etapa de instrucción en contra de Ecopetrol y sus administradores que cohonestaron con Paras en nutrido contubernio para exterminio de la clase sindical”.

“Revelación: En el año 2002, para los meses de octubre – noviembre, se suscribieron acuerdos o convenios de parte del frente Omar Isaza (FOI), de las A.U.C. del bloque Magdalena Medio con todos los gremios económicos, civiles, militares, donde se acordaron los tributamientos  a ellos a cambio o so pretexto de salvaguardar sus intereses económicos. Fueron ganaderos, finqueros, comerciantes, empresarios, concejales, alcaldes y muchos civiles que como los jefes de Ecopetrol, participaron de dichos acuerdos que se denominarían: “Acuerdos de la Cabaña”, ubicada en la vereda La Cabaña del municipio de Mariquita, en el norte del Tolima”.

“Al día de hoy, varios de estos financiadores de la llamada: “Para – Economía”, hoy se pasean y recorren pasillos de las oficinas de Acción Social y la Unidad de Víctimas, para disfrazar su responsabilidad constituyéndose socarronamente como víctimas del conflicto armado. Todos los alcaldes del norte del Tolima, fueron presos en algún momento y muchos concejales”.

“Nosotros los sindicalistas, siempre hemos sido vistos como una piedra en el zapato para los intereses del capitalismo y la ultraderecha de gobiernos entreguistas. Mi caso ha sido una de las formas de callar a quienes fueron testigos de aquellos grupos oscuros que en el año 2002, se alzaron con gremios económicos y políticos de derecha para “refundar la patria”, según ellos”.

“Empresas que participaron: Transportes JSHS, Agroindustria del Norte, Piscícola Carolina, Avícolas, Ecopetrol, Molinos, etc”.

“Este caso fue publicado en El Tiempo, por Salud Hernández Mora, en el año 2012. Creo que se llama: “Los Cómplices”, pero no fue relatado como era. También es cierto que no se tenían todas las pruebas”.

“En el año 2008, lo tomó la revista Semana, la periodista Martha Ruiz me entrevistó en la cárcel Modelo, pero no tenía cómo probar todo. Pero, hoy en día ya están las pruebas al aire”.

“En el año 2016, aparece algo parecido en Noticias 1, emisión de las 8:00 p.m. titulado: “Paramilitares piden liberación de un sindicalista”.

Paramilitares piden liberar a sindicalista contra el cual hicieron un montaje